![]() |
el país | campañas 2000 | dinero | el mundo |
| columnas | medios | ciberia | gente | |
| ensayos | tianguis | mañana | libros | |
| cultura | espectáculos | etcétera | ||
|
columnas |
||||
|
barandal textos textos el revés de la trama el hombre aproximativo
|
bahías Polarización
Rafael Cordera Campos
Al equipo de Nexos, para que sigan cumpliéndose los sueños...
Con debate y sin él, es evidente que el clima político se ha sobrecargado de impulsos negativos que hacen ver a las campañas, los candidatos, los partidos políticos y coaliciones, como el mejor ejemplo de antipolítica. Eso es así porque, como se había previsto, el grito y el improperio se han impuesto por sobre la idea y la propuesta. Por eso es que en las plumas sensatas, que las hay, se subraya lo peligroso que resulta para el proceso electoral y sus resultados, que casi todos los actores principales anden de la greña, como se dice comúnmente. Es riesgoso precisamente porque ya desde ahora a muchos les resulta fácil poner en cuestión los contenidos básicos de la ley. Y eso más que una ligereza puede ser la puerta de entrada a situaciones más delicadas de las que hemos vivido hasta ahora. Lo menos que deben pensar los candidatos a la Presidencia de la República, es que van a ganar. Eso frente a sí mismos y particularmente ante sus seguidores y todos aquellos que piensan convencer de un voto en su favor. Por eso a nadie sorprende que cada uno de quienes más se ven como ganadores, nos dicen todos los días que ya estuvo el triunfo, por adelantado, aunque el 2 de julio falte por llegar. Aunque ahí, en esos afanes y adelantos del triunfo, no está el problema. La competencia entre ellos y sus organizaciones políticas da para eso y más. Sin embargo, la polarización que se ha logrado, más la falta de sensibilidad y vocación políticas que se han expresado hasta ahora, particularmente a la hora de reconocer al conjunto de las fuerzas políticas, al pluralismo de hoy, no hace más que teñir de dudas la seguridad del proceso. La violencia tiene mil cabezas. En la UNAM, como nadie podrá negarlo, se enquistó un grupo minoritario pero muy activo y violento que persigue a quienes no piensan como sus miembros, que señala y califica a los que disienten, que se niega a aceptar que cualquier candidato asista a establecer diálogos con los miembros de las comunidades de estudiantes, profesores e investigadores. Un grupo "ultra", como le llaman, que ha logrado que por primera vez en muchos años la intolerancia sea lo más distinto de una Universidad que para ser tal, era ejemplo de tolerancia y disidencia, de búsqueda plural de la verdad, de convivencias ideológicas y políticas. En fin, para qué decir más, ese grupo minoritario que agrede, grita, persigue y difama, qué recuerda al fascismo de otros tiempos y que, por estar donde está, se vuelve peligroso y preocupante. En días pasados, en reportajes televisivos, vimos cómo militantes y simpatizantes de dos partidos se enfrentaban entre ellos y con la policía del Estado de México. El registro de las cámaras nos habla de enfrentamientos violentos, con piedras y palos, donde podía haberse llegado hasta a los muertos. Las causas estaban, al parecer, en la distribución de materiales de construcción para conseguir el voto. Si así fuera, los partidos políticos todos saben que hay autoridades electorales a las cuales deben y pueden recurrir para denunciar ilícitos y, por ello mismo, entre otras razones, preocupa que la violencia aparezca en cualquier momento. Haciendo caso omiso de esos productos colectivos que se han logrado gracias a la creación y consolidación de instituciones para organizar y calificar las elecciones. Si el estado de ánimo sigue cultivándose por la vía de la polarización y no por el de la tolerancia, si el grito y la descalificación se imponen al concepto y la discusión de las ideas, si candidatos y organizaciones que los respaldan prefieren buscar el voto por medio del enfrentamiento grosero y peligroso, entonces a esos que son los actores principales, no se les debe olvidar que el inicio de algo peor a lo que estamos viviendo ahora será resultado de todo lo que en conjunto han producido. Sin desearlo ni mucho menos, cultivarán lo que han estado sembrando con esos estilos que agreden a la política, y denigran a los políticos, a ellos mismos. El ambiente logrado hasta ahora, socializado por esos medios que prefieren la nota al trabajo serio de información e investigación, es más que peligroso en una perspectiva democrática, aquella que dicen compartir casi todos los actores políticos del presente. La violencia y la intolerancia son, hoy por hoy, enemigos radicales del proceso democratizador que ha costado mucho tiempo y trabajo a los mexicanos. No deberían ser los partidos políticos y sus candidatos quienes dieran pie para que sentaran sus reales no solamente en el proceso electoral, sino también después de él, esas actitudes del todo o nada o del blanco o negro. Hay que pronunciar un no definitivo a la violencia. Lo contrario, costará más de lo que hoy se puede calcular Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
|||
|
|
![]() |