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El dilema de Bancomer
Maribel Ramírez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una economía muy excitada

Ricardo Becerra

Foto: Bernardo Moncada

La economía mexicana, como el cohetero: si no crece mal, pero si crece, y si crece mucho, también mal. La ciencia económica es siempre lúgubre, sobre todo en México.

Empecemos por el principio: INEGI informó de algo absolutamente inusitado: durante el primer trimestre del 2000 la economía mexicana creció a una increíble tasa de 7.9%, sí, casi 8%, un ritmo que no se veía desde 1981, desde el auge petrolero, hace 20 años. Paradójicamente la noticia no parece haber sido bien recibida, incluso, se diría generó lo contrario: preocupación, miedo, alarma.

Y es que los economistas lúgubres dicen que estamos ante un sobrecalentamiento de la economía, ¿y qué es eso? Si fuera un buen exponente del gremio diría que, en términos estáticos, es la situación donde la demanda agregada supera a la oferta global; en cristiano quiere decir que hay demasiadas necesidades y demasiado poder de compra que es más alto a lo que la economía puede generar.

En términos más llanos: la oferta de productos (sobre todo los principales: tierra, trabajo y capital) no puede responder al cúmulo de necesidades, de demanda de un país. Trate el lector de seguir el mecanismo causal de una economía enferma, propensa a la fiebre como la nuestra.

La economía crece a una tasa alta. Las exigencias de ese crecimiento son más grandes que las capacidades productivas y eso se traduciría inevitablemente en mayor deterioro con el exterior. ¿Por qué? Dado que tenemos dinero y no encontramos aquí lo que demandamos, entonces lo buscaremos en el exterior (carros, computadoras, maquinaria, insumos tecnológicos, ropa, es lo clásico). Entonces necesitaremos dólares para comprar afuera y el billete verde se encarecerá. Si se encarece el dólar, la deuda del país (contratada precisamente en dólares) se incrementa, las tasas de interés también, todos los precios suben y la inflación va para arriba.

Estos son los riesgos de una expansión tan notable como la de 7.9%. Por eso, el Banco de México decidió meter freno: aumentó el "corto" a un nivel de 200 millones para enfriar la demanda (el corto es una medida que ha explicado el vecino de esta columna, don Enrique Contreras en otras ocasiones), para que exista menos dinero líquido en el mercado y las compras no se sigan acelerando.

Lo que importa subrayar es esto: la enorme paradoja de un país que necesita crecer desesperadamente para generar empleos y buenos salarios, pero que no puede hacerlo porque corre el tremendo riesgo de una nueva crisis, de caer en un nuevo ciclo de descontrol macroeconómico.

Para decirlo de otro modo, Zedillo ha llevado el crecimiento de la economía a un nivel como el que promete Fox, incluso más allá. De que se puede crecer al 7%, se puede; el problema es cómo ese crecimiento se hace sostenible, como no arriesgar al país a un nuevo tropezón devaluatorio por un ritmo expansivo tan desaforado. La información, la pertinencia, la coyuntura para discutir este tema crucial están ahí, ante nuestros ojos: faltan candidatos y partidos serios, que dejen de discutir acerca de ellos y sus preciosos egos y pasen a decirnos cómo atajar éste, que es uno de los principales problemas del país

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

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