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Anna Pi i Murugó
El pasado 7 de mayo fue asesinado en la localidad de Andoain (Guipuzcoa, País Vasco, España), cuando regresaba a su casa cargando los ocho periódicos que diariamente leía, José Luis López de Lacalle, un administrativo de 62 años de edad, jubilado, última víctima de la organización terrorista ETA -Euskadi eta Askatasuna en vasco y cuya traducción es Euskadi y libertad-. La más reciente actividad de López de Lacalle era el periodismo; trabajó primero en El Diario Vasco y últimamente en El Mundo del País Vasco. Además fue luchador contra el régimen franquista, militante comunista condenado a prisión cinco años y fundador de la organización sindical Comisiones Obreras (CCOO). Con la llegada y consolidación de la democracia la postura de De Lacalle cambió: abandonó la militancia comunista, participó como independiente en las listas del PSOE y continuó peleando incansablemente por las libertades sindicales y políticas, esta vez contra ETA y sus cómplices. También fue uno de los fundadores del llamado Foro Ermua, que nació a raíz del brutal asesinato de Miguel Angel Blanco, concejal del Partido Popular en la localidad de Ermua el 12 de julio de 1997. El Foro presentó el controvertido Manifiesto por la Democracia de Euskadi, donde se rechaza cualquier tipo de negociación con ETA y niega también cualquier transacción o formalización de acuerdos sobre las exigencias de ETA. ¿Qué mueve a una organización terrorista y nacionalista a seguir en la lucha en un régimen democrático, con una autonomía constitucionalmente delimitada y extensa? ¿Qué sentido tiene que 25 años después de la muerte de Franco ETA siga atentando? ¿Qué patentizan los ciudadanos vascos? ¿Por qué el nacionalismo vasco ha seguido esta línea de acción y qué lo distingue del nacionalismo catalán que también se ubica en la península ibérica? ¿Por qué las demandas nacionalistas vascas ahora adquieren, según sectores no nacionalistas, tintes racistas? ¿Es posible la convivencia en Euskadi? ¿Por qué ETA asumió una tregua de año y medio en 1998 y la revocó? ¿Cómo la historia, la lengua y la Iglesia influyen o han influido en la situación actual del País Vasco? A estas interrogantes se han enfrentado distintos escritores y políticos. Las han intentado responder desde personajes cercanos a ETA como otros totalmente ajenos. No obstante, se puede afirmar que la banda terrorista es un actor colectivo que busca la independencia del País Vasco. También es real y patente que con cada nuevo atentado de ETA se agranda la distancia entre los nacionalistas y los constitucionalistas vascos que conviven en una misma comunidad. Entre las diferencias del nacionalismo vasco y el catalán se pueden mencionar que Catalunya ha sido tradicionalmente una tierra de paso, mientras que Euskadi ha mantenido durante siglos una tendencia al aislacionismo. El concepto de "hidalguía" universal y la pureza de sangre, tan enraizados en los fueros tradicionales, constituyen el mejor ejemplo histórico de este aislacionismo. Y también durante un tiempo las teorías de la antropología física de los años 20 y 30 referidas al grupo sanguíneo O negativo de los vascos y a los cráneos cromañoides. En Catalunya se mantenía gran flexibilidad basada en el "jus soli" a la hora de aceptar la llegada de fuera. El euskera -lengua vasca- supuso un elemento adicional e importante en el ámbito cultural para el desarrollo del aislacionismo. Mientras el catalán es una lengua que no ofrece dificultades importantes para su aprendizaje, el euskera ha constituido siempre una barrera para la gente llegada del conjunto de tierras españolas. Inicialmente, el nacionalismo vasco se configuró como una fuerza representativa de la vieja sociedad precapitalista vasca frente a la industrialización que era la expresión de la destrucción de las esencias tradicionales vascas. La nación vasca o Euskal Herria debe incluir además de las tres provincias vascas -Vitoria, Vizcaya y Guipúzcoa- y la provincia de Navarra, situadas en el marco del Estado español, también la región de Iparralde -formada por tres provincias- que pertenece al Estado francés, lo que implica problemas no sólo fronterizos sino políticos y de Estado difíciles de solventar. También se argumentan tres fases -según el profesor de Ciencia Política Ignacio Sánchez-Cuenca- en la estrategia seguida por ETA desde su fundación. La primera, durante la época franquista, estuvo influida por los textos sobre liberación colonial y en este periodo los etarras creían poder derrotar al Estado. Sus acciones -muchas veces dirigidas a personas reconocidas como torturadores, antidemócratas o miembros de la dictadura- contaban con gran aceptación -tanto en el País Vasco como fuera de él-, y tenían como prioridad movilizar a las capas que cada vez más los apoyaban para conseguir la independencia. ETA se constituye como resultado de la interacción de dos factores íntimamente relacionados: la ideología nacionalista vasca y el franquismo. La segunda fase coincide con la llegada de la democracia en España, cuando ETA reconoce la imposibilidad de vencer militarmente al Estado y establece la tregua, pero con el convencimiento de que cada uno de los actores -Estado y ETA- considerará los costos de las muertes acometidas y se retirará extenuado. La detención de la cúpula dirigente de ETA y también el vil asesinato de Miguel Angel Blanco provocaron el descrédito y la reducción tanto interna como externa -de los partidarios de la organización no afiliados a ella- de ETA. La tercera fase y actual apunta a que ETA olvidó su lucha contra el Estado e intenta conseguir la independencia mediante la alianza secreta con los partidos nacionalistas vascos -concretamente Partido Nacionalista Vasco y Eusko Alkartasuna-. Distintas son las opciones que se avizoran como pertinentes para el fin de esta sangrienta guerra: que los partidos nacionalistas no criminales rompan sus vínculos con ETA y con Euskal Herritarrok -brazo político de ETA-; que el presidente español José María Aznar reconsidere sus opiniones sobre el nacionalismo vasco y su demanda de adelantar las elecciones vascas; que el presidente del PNV -Xabier Arzalluz- no haga declaraciones racistas -especialmete contra los inmigrantes-, y que los ciudadanos de Euskadi reconozcan sus particularidades al tiempo que construyan, dentro del marco constitucional, una nación dentro de un complejo de nacionalidades Anna Pi i Murugó realiza el doctorado en Ciencias Antropológicas en la UAM-Iztapalapa. |
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