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real politik Educación condicionada
María Cristina Rosas
Estados Unidos, Países Bajos, el Banco Mundial y otros organismos internacionales se han apresurado a decir que intentan contribuir al financiamiento de una nueva iniciativa global en favor de la educación acordada en el encuentro celebrado recientemente en Dakar, Senegal, bajo los auspicios de Naciones Unidas. Sin embargo, nunca falta un negrito en el arroz. La ministra británica para el desarrollo, Clare Short, hizo una declaración escandalosamente polémica a los ojos de las delegaciones de 181 países y de cinco organismos especializados de Naciones Unidas, presentes en la cumbre de referencia. Ella dijo que Gran Bretaña se oponía a la idea de desarrollar una iniciativa global y que rechazaba la posibilidad de elevar los recursos disponibles en favor de la educación. Short argumentó que los países deberían mostrar una disposición a la reforma política como precondición para la ayuda, y que debería favorecerse el tratamiento caso por caso (o bien, país por país) en torno a la educación, en vez de desarrollar una nueva iniciativa global. También afirmó que existía suficiente ayuda disponible para apoyar a cualquier país "dispuesto a reformar sus políticas", y que la cifra de cuatro mil millones de dólares que OXFAM y otros organismos no gubernamentales argumentan que serían requeridos, es insignificante si se le compara con un presupuesto de ayuda de 500 mil millones. Esta afirmación fue duramente criticada por la mayor parte de los países más pobres representados en el foro. La declaración de 14 puntos resultante de la conferencia de Senegal, incluyó el pronunciamiento favorable a dar prioridad a la asistencia para la educación en el Africa subshariana y en el sureste de Asia, donde viven la mayor parte de los 125 millones de niños sin acceso a la escuela. Sin embargo, en la reunión se rechazó el establecimiento de una nueva burocracia internacional que monitorée los planes educativos de los países, situación que algunos analistas interpretaron como una dura crítica a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que es, de hecho, la máxima autoridad si de lidiar con el analfabetismo en el mundo se trata. La UNESCO además ha estado en el ojo de la tormenta desde mediados de los 80, cuando Estados Unidos se retiró de sus filas, y de manera más reciente cuando, a unos meses de dejar la jefatura de la institución, el español Federico Mayor Zaragoza fue acusado de tráfico de influencias, facultando que a la burocracia de la institución se incorporaran "recomendados" del gobierno francés. James Wolfensonh, presidente del Banco Mundial, institución que hoy en día encabeza la lista de otorgantes de recursos en favor de la educación en el mundo (se estiman sus aportaciones en dos mil millones de dólares anuales), dijo que intenta incrementar los niveles de asistencia sustancialmente, si bien no mencionó cantidad alguna. El Banco Mundial apoya la moción de que debería canjearse deuda por apoyo a la educación. Por su parte, Estados Unidos señaló que incrementaría "de inmediato" en 50% los fondos en favor de la educación básica en los países en desarrollo y que empujaría al Grupo de los Siete países más industrializados del orbe a que, en su próximo encuentro, hagan de la educación un tópico central, de manera análoga a como se hizo con el endeudamiento externo el año pasado. Los acuerdos alcanzados en Dakar son considerados como una piedra angular en favor del desarrollo, al decir de los expertos. Pero Mark Malloch Brown, quien encabeza al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) discrepó abiertamente con Clare Short, al afirmar que los niños del mundo no pueden ser sacrificados por la falta de un gobierno democrático en sus países, dado que la educación es un derecho tan irreprochable como lo es el alimento María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. |
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