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textos Bana ¿mex?
Juan Eduardo Martínez Leyva
Dos acontecimientos dan pie para reflexionar sobre el tema del nacionalismo económico. Por una parte, la oferta de fusión que hiciera Banamex a Bancomer para crear el banco más grande en Latinoamérica, frustrando eventualmente el acuerdo de asociación que Bancomer había firmado con el grupo español BBV-Argentaria. En algunos sectores de la opinión pública se ha recibido con beneplácito la oferta de fusión entre los dos bancos más grandes de México, resaltando como una ventaja intrínseca para el país que sean los propios inversionistas mexicanos quienes mantengan el control de esa importante y nueva institución financiera. Por otra parte, las declaraciones que Francisco Labastida hizo en contra de Vicente Fox, criticando los frecuentes viajes de este último a Estados Unidos. A decir del candidato Labastida, Vicente Fox asiste regularmente al vecino país para hacer los tratos de la venta de Pemex y le exige que le informe a la nación sobre las empresas interesadas y el precio de venta. El candidato del PRI nos revela, detrás de la crítica a Fox, que él no es un "vende patria". No está claro si esa posición del candidato Labastida se limita únicamente a Pemex o se extiende a las otras empresas y sectores considerados constitucionalmente como estratégicos y prioritarios, dentro de los cuales se encuentran, entre otras, las empresas generadoras y distribuidoras de electricidad. No obstante que en los foros extranjeros Vicente Fox ha declarado lo contrario, internamente ha negado que su programa de gobierno contempla la venta de esa paraestatal. Las contradicciones de Fox nos muestran como hasta para la derecha mexicana el asunto de la venta de Pemex se ha vuelto por principio vergonzante, al menos públicamente. Más allá de las posiciones ideológicas, que suponen que una gran empresa por el simple hecho de estar en manos de mexicanos o del Estado es mejor para el país, habrá que analizar en concreto, con ejemplos y datos, con alternativas en el uso de los escasos recursos y no perdiendo de vista los más importantes rezagos nacionales, qué es lo que más nos conviene a los mexicanos. El reto más importante para el país es abatir los altos niveles de desigualdad y pobreza en que viven millones de mexicanos. El acceso a la educación de calidad, a la salud, a la alimentación, a la vivienda digna, a los servicios elementales de electricidad, drenaje, agua potable, infraestructura urbana y de caminos, el acceso ágil, limpio y transparente a la justicia, el apoyo para desarrollar el potencial productivo de las familias y la disponibilidad de empleos; todas éstas son vías que ayudan a reducir la pobreza de los mexicanos. ¿Cómo ayuda al logro de las prioridades del país el hecho de que el mayor banco latinoamericano esté bajo el control y propiedad de empresarios mexicanos y no de españoles o marcianos? ¿Habría más crédito accesible y barato para el campo, las micro y pequeñas empresas, si el banco es de mexicanos? ¿Sería más complicado para una familia obtener un crédito para una vivienda si la propiedad es de extranjeros? ¿En cuál de las opciones los intereses del crédito al consumo serían más baratos? ¿De qué le sirve a un campesino de la Huasteca hidalguense, a un indígena raramuri, a una mujer mazahua, a un niño de la calle, que Pemex esté en manos del Estado? Tendremos que preguntarnos seriamente si los consumidores mexicanos pagamos menos que los habitantes de otros países por los servicios o productos que nos brindan las empresas telefónicas, de aviación, las eléctricas, de gas o energéticas, actualmente manejadas por mexicanos. El gobierno mexicano no cuenta con los recursos suficientes para hacerle frente al gasto que demanda la atención de las prioridades sociales. Una profunda reforma fiscal ayudaría a obtener esos recursos, pero también ayudaría una revisión de las políticas de inversión pública en las empresas paraestatales para aligerarle la responsabilidad al gobierno de continuar realizando las cuantiosas inversiones que demanda el desarrollo y modernización de estas empresas. Seguramente ganarían los consumidores y los pobres si esos recursos se invierten en ellos. En el mismo sentido se puede decir que el solo ahorro interno, es decir, la capacidad de los empresarios locales, no es suficiente para crear ese millón 300 mil empleos que se adicionan cada año a la demanda laboral. En consecuencia, si no queremos seguir acumulando desempleados deberíamos adoptar una posición inteligentemente amistosa hacia la inversión extranjera directa. Esta debería ser una alta prioridad de gobierno y los candidatos deberían mandar señales claras a este importante sector, alejadas de toda hostilidad. Más allá del renacimiento del nacionalismo económico, que muchas veces exalta inconvenientes sentimientos xenofóbicos, los mexicanos deberíamos estar más preocupados por establecer reglas claras y transparentes para lograr la rentabilidad social y la eficiencia de las inversiones, sean públicas o privadas, nacionales o extranjeras; vigilar que ninguna empresa incursione en prácticas monopólicas que dañen a los consumidores; impedir que las empresas clave en el desarrollo de nuestra economía se rezaguen o se vuelvan tecnológicamente obsoletas; no permitir que grupo alguno obtenga ganancias extraordinarias como resultado de un subsidio, un arancel o una protección injustificada. El Estado postrevolucionario, propietario e interventor, realizó muchos logros en casi todos los ámbitos de la vida nacional pero también, al final del camino, mostró sus propias limitaciones y exhibió sus propios rezagos. El país que ahora tenemos es en muchos sentidos mil veces mejor que aquella sociedad rural, analfabeta, autoritaria, violenta y cerrada de principios de siglo. En otros aspectos la sociedad mexicana actual es profundamente injusta, discriminatoria y se muestra incapaz para resolver en el corto plazo la vergonzante pobreza y desigualdad acumulada. Enfrentemos todos los retos con inteligencia e imaginación, pero por favor, no llamemos en nuestro auxilio a los viejos fantasmas acabados de enterrar Juan Eduardo Martínez Leyva es periodista. |
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