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"Un escritor no puede imponerse temas"
La feria del chivo, 25 años para escribirla

Eve Gil/Mario Vargas Llosa

"Yo no puse un abanico de dictadores para ver cuál era el más pintoresco. El proceso de gestación de una novela es muy misterioso", señala Mario Vargas Llosa, cuando alguien le pregunta por qué eligió la figura del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo para elaborar su más reciente novela, La fiesta del chivo ("la que más trabajo me ha costado escribir"), aquel cuyo régimen duró de 1930 hasta el 30 de mayo de 1961, cuando fue asesinado por un grupo de siete hombres que lo emboscó en la carretera a San Cristóbal. "Me impresionaron profundamente las características que tenía esta dictadura, que cuando yo era estudiante universitario se le consideraba como la base emblemática del fenómeno autoritario que vivían gran parte de los países latinos, fue la que mejor simbolizó el fenómeno del caudillismo, de la violencia; por las extravagancias y la teatralidad de Trujillo que dio a la dictadura características muy espectaculares, de tal manera que la fascinación que ejerció sobre mí tuvo que ver con toda esa mitología que surge en América Latina desde los años 40 y 50. La novela cristaliza luego de 25 años de darle vueltas en la cabeza. En esos años, mientras me embarcaba en otros proyectos, procuré seguir leyendo todo lo que caía en mis manos sobre el trujillismo y el país que lo padeció. Comencé a trabajar de manera sistemática en esta novela hace tres años y medio, haciendo viajes a Dominicana, entrevistando a gente de distintas posiciones sociales y políticas, desde luego muchos adversarios y víctimas de Trujillo".

Foto: Antonio Nava/Ave

Se niega a reconocer que sea una novela histórica.

La fiesta del chivo es una novela de ficción y no un libro de historia, a pesar de que está construido sobre hechos históricos, donde lo esencial ha sido respetado, pero dentro de ese contexto me he tomado por supuesto muchísimas libertades, añadiendo, recortando, combinando, coloreando, con toda la libertad con que un novelista escribe un texto, con personajes reales e inventados, pero todos tratados novelísticamente, con la libertad de la invención. Los personajes inventados muchas veces son híbridos, recogen experiencias de personajes reales, la única imposición que me hice fue no atribuir nada que no hubiera podido ocurrir dentro de lo que fueron las coordenadas culturales y políticas de esos años, y creo haber cumplido este compromiso conmigo mismo, no sucede nada que no hubiera podido ocurrir y, en algunos casos, me vi obligado a rebajar ciertos episodios, atenuarlos, porque su desmesura, su ferocidad, respecto de la violencia política, eran tales que no hubieran merecido la credibilidad de los lectores.

Dice que leyó abundantemente sobre la dictadura de Trujillo, lo mismo que Urania, el personaje central de la novela, que parece ser una metáfora de aquella República Dominicana de Trujillo...

Evito hacer personajes simbólicos, esa clase de personajes nunca terminan por dar una sensación de vida en el lector. Es un personaje inventado pero existe a partir de lo que fue una experiencia no infrecuente en la vida de Trujillo. En este caso, al autoritarismo se sumaba el machismo, y eso hizo de la mujer una víctima peor que el hombre en esa sociedad. La mujer no sólo era un objeto sexual. En el caso de la dictadura de Trujillo se convirtió en un arma de cohesión. Una de las cosas que me impresionó más cuando empecé a estudiar a Trujillo es que haya usado el sexo como arma. Seguramente hay otros casos, pero ninguno que lo haya usado de manera tan sistemática para reafirmar el poder. El se acostaba con las mujeres de sus colaboradores, y tengo la impresión de que lo hacía no tanto porque le gustara, sino porque era una manera de afirmar su autoridad sobre sus subordinados, y muchos de ellos le profesaban una admiración que era casi un culto religioso. También lo hacía para poner a prueba su lealtad y el sacrificio que estaban dispuestos a rendirle sus colaboradores. Por eso quise hacer un personaje que fuera una mujer que hubiera vivido esta experiencia, de ahí nace el personaje de Urania: es inventado, pero hay muchas mujeres de esos años que vivieron experiencias semejantes a la de ella.

¿A qué atribuye la fascinación de los escritores latinoamericanos por la figura de los dictadores?

No me sorprende que haya tantas novelas basadas en experiencias autoritarias, América Latina es un continente que ha padecido, todavía, esas dictaduras que por un lado son extravagantes, grotescas y, por otro, han dejado heridas muy profundas, ellas son las culpables de que seamos un continente subdesarrollado, atrasado, con deficiencias; es una sombra ominosa que aún gravita. Entiendo que las dictaduras de alguna manera me fascinen, aunque también me producen una repugnancia profunda, que no es solamente intelectual sino también visceral, pero es muy difícil que no sea así. Como peruano he vivido más tiempo bajo dictaduras que bajo gobiernos democráticos. Concretamente me marcó la dictadura de Udría, dictadura militar de ocho años (1948-1956), que fueron años decisivos para mi generación; pasamos de la infancia a la universidad bajo un régimen dictatorial y eso desde luego me marcó.

Se dice que cada país tiene el gobierno que merece, ¿qué tan cierto es esto en relación con República Dominicana?

En muchos casos es cierta la sentencia, siempre hay un grado de responsabilidad de un país que acepta una dictadura. En algunos casos esa responsabilidad es pequeña, cuando una dictadura cae como una especie de fuerza de la naturaleza, si no imposible, sí es difícil la resistencia. Cuando Trujillo sube al poder en 1930, la República Dominicana tenía una historia de caos, violencia política, dictaduras que se sucedían una tras otra... en realidad no tenía experiencias democráticas, éstas se habían dado por intervalos muy pequeños, como en la mayor parte de los países latinoamericanos. Esa es la razón por la cual Trujillo sube en esas elecciones fraudulentas. Al principio de la dictadura no es la dictadura del final, es una que va ocupando poco a poco espacios; restringiendo las libertades, hasta prácticamente no dejar un espacio de libertad en el país. Eso es quizá lo que tiene de fascinante: Trujillo no es el mismo al principio, llega a convertirse en esa especie de monstruo por el poder que va acumulando de manera sistemática hasta convertirse en un semidiós, pero luego todo eso va desapareciendo, reemplazado por una mojiganga que llega a lo grotesco, casi surrealista, como aquella elección donde, para demostrar que había oposición, Trujillo se postula como candidato opositor contra sí mismo.

¿Qué le diría a quienes lo han criticado por apartarse de su propia realidad cultural para escribir esta novela?

La literatura y el nacionalismo son absolutamente incompatibles.Un escritor debe escribir sobre lo que le dé la gana y cuando digo esto me refiero a algo muy importante: un escritor no puede imponerse temas por razones ajenas a aquellas que motivan íntimamente su vocación, eso es absolutamente fundamental. La literatura es el ejercicio de la libertad en el campo de la creación

Eve Gil es escritora y periodista.
Correo: botticelli16@yahoo.com

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