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Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El dilema de Bancomer

Maribel Ramírez

Foto: Melina Zurita

Aunque parezca increíble, hoy en día está en manos de un selecto grupo privado la decisión del rumbo que tomará el sistema financiero nacional. En cuestión de días, los accionistas del Grupo Financiero Bancomer (GFB) decidirán si el principal banco del país quedará bajo control de capital mexicano o español. Y es que así de importante será la determinación a la que llegue el segundo principal banco del país en torno a las dos propuestas de matrimonio que tiene.

La relevancia radica no sólo en la importancia del grupo resultante si es que se quedan con BBVA o deciden unirse con sus históricos competidores de Banamex. Su decisión también será relevante porque definirán la proporción de los activos bancarios que quedarán en manos españolas. Si se van por BBVA, el control español de la banca mexicana se eleva a cerca de 40%. Esto porque el otro español, Santander Central Hispano, acaba de ganar la subasta por Serfin, el tercer banco del sistema. Y en general, de ser así, prácticamente la mitad de todo el mercado financiero estaría en manos de capital extranjero.

A los empleados de Bancomer no les preocupa mucho este punto, pues en general hay una inclinación generalizada en favor de BBVA debido a que con éste sería menos grave el recorte de personal. En cambio, la fusión entre Banamex y Bancomer implicaría uno de los adelgazamientos más fuertes de la planta laboral financiera, que de por sí ha implicado un recorte de no menos de 20 mil personas si contamos desde la crisis de 1994.

Sin embargo, esta consideración es relativa si se toma en cuenta que en caso de perder, los de BBVA no se quedarán con los brazos cruzados y seguramente buscarán ampliar su red en México a costa de todo porque no querrán dejarle el camino libre a sus acérrimos contrincantes de Santander. No sólo eso, el reacomodo en la banca continuará al margen del caso Bancomer, y siendo optimistas es de esperarse que aunque haya recortes -sobre todo por parte de los extranjeros- haya contrataciones.

A algunos preocupa una fusión entre los dos grandotes debido al riesgo monopólico o de poder dominante que alcanzarían en el mercado, es decir, que prácticamente no tendrían competencia porque la distancia respecto a todos los demás sería verdaderamente grande. Pero es un temor sin muchos fundamentos. En principio, la autoridad está muy pendiente, y desde que se conoció el dilema de Bancomer se formó un equipo de trabajo entre la Secretaría de Hacienda, Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, coordinados conjuntamente con la Comisión Federal de Competencia.

El paso automático que estas autoridades darían en cuanto supieran que GFB se decidiera por Banamex sería ordenar la venta de innumerables activos de la nueva megainstitución, de tal manera que garantizara que no tenga una proporción demasiado relevante en los distintos ámbitos del mercado financiero (crédito, depósitos, Afores, pensiones, etcétera). Ello, en principio, implicaría una sana redistribución del pastel porque los adquirentes de esos activos serían los otros bancos nacionales y extranjeros que con ello también ganarían mercado.

Lo paradójico es que si BBVA fuera el elegido de los dueños de Bancomer, el gobierno no haría nada porque estaría tranquilo al no haber aparentemente riesgos de demasiado dominio por parte de una única institución. La cuestión es que el riesgo sí estaría en la concentración de dos únicas instituciones controladas económica y administrativamente por capitales foráneos: BBVA y Santander. Es decir, las decisiones de los dos principales grupos intermediarios del sistema de pagos nacional se darían en Europa.

Dicen que hoy es obsoleto hablar de nacionalismos, pero aquí la pregunta es: ¿por qué los países que más impulsan la globalización (tanto en Europa como en Norteamérica) han buscado y logrado conservar en manos nacionales a sus principales instituciones financieras? Es el mismísimo caso de España, Holanda, Suiza, Alemania y, por supuesto, de Estados Unidos. Cada uno de estos países tiene bancos muy grandes que concentran de manera importante su mercado nacional y su fortaleza les permite la opción de competir fuera en medio de la internacionalización. Habría que ver si Banamex y Bancomer juntos logran tener tal fortaleza, que de verdad estén en capacidad de competir internacionalmente, pero, por lo pronto, un intento no debería verse mal

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