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58,789,209
Ciudadanos con derecho a votar

Ciro Murayama

Foto: Jorge Claro/Contraluz

El Registro Federal de Electores completó el padrón electoral para las elecciones del 2000. En total, 59 millones 591mil 683 ciudadanos mexicanos se dieron de alta en el registro y de ellos 58 millones 789 mil 209 (98.65%) también recogieron su credencial para votar, por lo cual aparecerán en las listas nominales y podrán así decidir quién será el nuevo Presidente y la composición del Congreso -la diferencia entre el padrón y la lista la hacen 846 mil 144 credenciales no recogidas, que ahora se encuentran resguardadas en bóvedas bancarias y se entregarán después de los comicios-.

Los presidentes de las 113 mil casillas que se van a instalar el 2 de julio tendrán las listas nominales con fotografía, para contrastarlas con la credencial y el votante, evitando así la suplantación de electores. Una copia de esa lista estará también en manos de cada uno de los cuatro partidos políticos nacionales y de las dos coaliciones: estamos hablando de más de 198 millones de copias de fotografías de ciudadanos para garantizar la transparencia en la elección.

El padrón electoral y la lista nominal de electores constituyen la base de datos más amplia y minuciosa sobre la población en todo el país. Su construcción fue posible gracias a las campañas de actualización del padrón que combinan el despliegue informativo por todos los medios, así como la instalación de módulos o el envío de los mismos a todo el territorio nacional, además, obvio está, de un trabajo que sin un alto profesionalismo sería imposible realizar bien. Pero con ese esfuerzo, que un cronista de futbol llamaría -esta vez sin exageración- colosal, hay también todo un proceso de vigilancia, evaluación y acompañamiento que fundamentalmente realizan los partidos políticos en la Comisión Nacional de Seguimiento y en la Comisión Nacional de Vigilancia, así como en todos y cada uno de los estados y distritos electorales. Con esta combinación de profesionalismo del Registro de Electores, por un lado, y de supervisión de los partidos, por el otro, el padrón es el ancla básica de confiabilidad de nuestros comicios, y dejó de ser chorro en la fuente de desconfianzas que campeaba, con razón, entre la ciudadanía y los actores políticos en el pasado. Baste decir que el padrón ha sido utilizado en 156 elecciones locales desde 1994 y no ha sufrido impugnaciones.

Por supuesto, la elaboración detallada del padrón y de la lista nominal cuesta, y mucho. A diferencia de otros países donde el censo electoral lo proporciona la oficina gubernamental encargada de llevar el registro ciudadano habitualmente, en nuestro caso resultó necesario que una institución estatal pero con autonomía frente al Poder Ejecutivo se hiciera cargo del padrón. Ello en sí mismo eleva los recursos que se destinan a la organización de las elecciones en México, de tal forma que hoy el padrón absorbe 36.4% (un millón, 704 mil 666 pesos) del gasto operativo del IFE.

En comparación con el día siguiente de la elección de 1997, cuando inició la actualización del padrón, para el año 2000 tenemos un incremento de 11%. Ello se debe a que se recibieron ocho millones 477 mil 732 altas y a que se registraron 657 mil 782 defunciones de electores, 59 mil 954 personas fueron suspendidas de sus derechos (se trata de presos), 17 más perdieron la nacionalidad, 212 mil 514 tenían más de una credencial (cambian de casa o extravían la credencial anterior y hacen el alta sin haber dado la baja) y 978 mil 25 credenciales fueron canceladas porque no se recogieron antes del 30 de septiembre del año siguiente a aquel cuando solicitaron su inscripción al padrón.

Cabe decir que los partidos, tras recibir en medio magnético e impreso la lista nominal, procedieron a una exhaustiva revisión sección por sección, y presentaron 28 mil 888 observaciones de hechos y casos concretos individualizados, es decir, 0.05% del padrón. De esas observaciones resultaron procedentes mil 587, esto es, 0.0028% de la lista nominal, y fueron atendidos y corregidos los casos detectados.

La lista nominal está integrada por 30 millones 427 mil 492 (52%) mujeres y 28 millones 361 mil 717 (48%) hombres. Por edades, los jóvenes de entre 18 y 29 años constituyen 34.4% del total, los adultos de 30 a 59 años son poco más de la mitad (53.5%) y los mayores de 60 años son 13.1%. Por entidades, las que más electores potenciales concentran son el Estado de México (siete millones 548 mil 83), el DF (seis millones 257 mil 348), Veracruz (cuatro millones 233 mil 156), Puebla (dos millones 753 mil 422), Nuevo León (dos millones 413 mil 566) y Michoacán (dos millones 409 mil 56); en el otro extremo, con menos de medio millón de electores se ubican Baja California Sur (250 mil 166), Colima (331 mil 704), Campeche (384 mil 555) y Quintana Roo (461 mil 432).

Otros datos interesantes y hasta curiosos del padrón, ilustrativos de nuestro mapa poblacional, indican que 38.6 millones de ciudadanos tienen nombre único, no repetido en otra persona, como supongo que sucede con el que firma este texto -vaya, por una vez con la mayoría-; 21.1 millones comparten un nombre igual con otro u otros ciudadanos (las llamadas homonimias); Juan Hernández Hernández es el nombre más repetido y aparece en dos mil 414 ocasiones; 326 mil 797 ciudadanos no tienen apellido paterno registrado y 239 mil 385 no tienen registrado el apellido materno; además, mil 656 no tienen registrado apellido alguno, ahora sí que "Juan te llamas" a secas, y 7.7 millones de personas viven en "domicilio conocido". Todas estas situaciones fueron revisadas por los partidos y se constató que, por raros que parezcan los casos, son reales y se trata de electores con pleno derecho a ejercer su sufragio.

En ese número, 58 millones 789 mil 209 estamos (casi) todos los mayores de 18 años en México. Como canta Jaime López, a propósito de otro tema, "caben tirios y troyanos... en fin, cabe hasta la suegra..." en el padrón

Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid.

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