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cuentas claras
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cuentas claras Señores candidatos
Ricardo Becerra
De los muchos temas económicos ausentes en esta campaña sobresalen los dos ninguneados de siempre: el empleo y el salario. No porque no hayan sido mencionados por las plataformas, los partidos y los candidatos, sino porque sus alusiones no han pasado de ser generalizaciones piadosas. Pero -ojo opositores- resulta que en estos temas es posible denunciar, sin inventar ni mentir, uno de los fracasos más ostensibles de la administración de Zedillo. Durante el periodo de 1997-1999 se han creado un millón 700 mil empleos formales. Pero la fuerza laboral ha crecido en 4.5 millones de personas (nuevos adultos y desempleados remanentes de años anteriores). Es decir, aproximadamente dos millones 800 mil mexicanos tuvieron que arreglárselas, recurriendo a la emigración hacia Estados Unidos, a engrosar las filas del empleo informal o, de plano, tuvieron que quedarse desempleados. Es un problema social de enormes proporciones. El Presidente tiene razón al presumir el dato: es cierto que durante los primeros meses de este año la tasa de desempleo fue menor que la registrada en 1994: andamos en niveles históricos, entre 2.2 y 2% en relación con el total de la población económicamente activa. El problema es que casi la mitad de los empleos generados son informales, otros son de muy baja productividad y otros en realidad son mendicidad disfrazada. Los datos del INEGI arrojan que más de un millón de empleos al año pueden colocarse en el rubro de "informales", es decir, inciertos, volátiles, vulnerables. El próximo presidente tendrá que lidiar con eso y más: a partir del año 2000 y durante la siguiente década se requiere crear un millón 200 mil empleos anuales para cubrir la demanda de quienes se incorporan al mercado laboral. Según la OIT sólo cuatro países tienen un reto superior al mexicano: China, Indonesia, India y Brasil. Los dos gigantes de Asia van ganando la batalla pero nadie ha descubierto la fórmula para México. Los candidatos menos que nadie. Pongamos por ejemplo a Fox. El cree tener la varita del empleo: ofrece un crecimiento de 7%. Claro que no dice cómo, pero lo peor está en otra parte: apenas nuestra economía empieza a crecer, digamos, por arriba de 4%, empieza a hincharse también nuestra enferma necesidad de importaciones, y se incrementa a un ritmo insostenible, con el paso de dos o tres años. El crecimiento económico es apagado por un déficit externo, por falta de dólares, porque necesitamos comprar más de lo que podemos vender. Así que si nos quieren hablar en serio, la primer tarea de los candidatos debería ser ésta: una fórmula para lograr el crecimiento, pero manteniendo a raya el déficit externo. La primera parte del desafío consiste en generar dólares propios: vender mucho al exterior, consolidar una gran capacidad exportadora. Salinas y Zedillo, parece, nos dejan por buen camino: el año 2000 podemos llegar a exportar más de 150 mil millones de dólares. Pero no es suficiente. Aunque ya exportamos mucho, nuestros productos contienen gran cantidad de insumos importados. Para producir un artículo de 100, necesitamos antes comprar 90 en el extranjero. Por eso el nudo no se desata. Buena parte de esta respuesta se halla en la política industrial (cosa que no gusta a Zedillo). La ecuación que nos hace falta escuchar de nuestros candidatos es ésta: necesitamos evitar a como dé lugar una crisis de fin de sexenio; luego necesitamos sostener el crecimiento económico por toda la administración; para hacerlo es apremiante mantener un déficit externo manejable; lo cual exige que produzcamos por fin la mayoría de los insumos pertinentes para fabricar aquello que exportamos. Si esa cadena de condiciones se cumple, podemos esperar que se sostenga el crecimiento y crear muchos empleos sin que las crisis vengan y los desbaraten. Este es uno de los planteamientos que nos deben... nuestros candidatos Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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