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Las reglas de la vida
Baltazar González Chávez

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En las librerías,
el futuro del cómic

Raúl Criollo/Sergio Aragonés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

el santo oficio

Soledades

José Luis Martínez S.

Yo no conozco la fatiga. No conozco el cansancio. Conozco sin fin el abatimiento. Conozco sin fin la nostalgia y la melancolía... Las palabras de Pita Amor acompañan el desvelo, los recuerdos del entristecido amanuense, quien algunas veces la siguió con miedo y mansedumbre por Génova, Liverpool y otras avenidas de la colonia Juárez; la escuchó insultar a quienes se cruzaban a su paso y, reiteradamente, a dos taqueros de la calle de Milán, quienes detrás del mostrador la veían con ánimo asesino mientras con amenazantes cuchillos y siniestra habilidad transformaban en picadillo la longaniza o el suadero para cumplir los deseos de sus azorados y casi siempre numerosos clientes... Pita no se doblegaba ante la fiera imagen de sus enemigos ni ante las súplicas del monje, el cual adivinaba su fin luego de cada improperio de la poeta. "¡Nunca coma en este lugar... es inmundo! ¡El otro día me dieron carne podrida!", gritaba sin compasión alguna para el fraile ni para quienes en ese momento se llevaban el humeante taco a la boca...
Malena Gracia
Fotos: Interviú
Continuaba así por varios -eternos- minutos, temeraria y ultrajante, detenida frente al negocio donde todos la miraban de soslayo en tanto escuchaban la lacónica e irrebatible advertencia de los taqueros: "Está loca"... Una ocasión llegaron al restaurante de la Casa de Michoacán, el sitio estaba casi vacío y no había ningún mesero a la vista. Después de ocupar un lugar, el monje tuvo la urgencia de ausentarse un momento. Al regresar, Pita discutía con el gerente, quien se empeñaba en echarla a la calle. "¡El señor me invitó, él va a pagar mi cuenta!", gritó con desesperación al descubrir al atónito cartujo... "¿Es cierto eso?", preguntó el tipo con fingida cortesía, y al obtener una respuesta afirmativa explicó: "Perdone, pero la señora causa muchos problemas. Pide y casi nunca tiene dinero para pagar. Además es muy prepotente, muy grosera"... Esa noche Pita bebió con alegría, no despejó ninguna de las dudas del trapense pero en cambio le dejó la certeza de su memoria privilegiada, de su vida poblada de fantasmas, de su enorme soledad, de su sed inmensa... Nada entonces -hace 20 años- hacía pensar en su belleza legendaria, nada remitía al tiempo cuando -afirmaba ella- grandes letreros luminosos con su nombre anunciaban sus libros en la ciudad de México y su cara "de muñeca" adornaba tarjetas postales populares... Triunfaba en México y el extranjero... "Un mediodía ardiente -recordaba quizá con cierta exageración-, después de un recital en que volví loco al auditorio madrileño, los españoles se quitaron sus capas y las arrojaron al suelo para que mis pies mexicanos no pisaran el piso español"... Cuando el cartujo la conoció, Pita ya era una mujer muy vieja y muy fea, cubierta -eso sí- por el hálito de la leyenda... Pero bastaba mirar las fotografías de su juventud para imaginarla en su esplendor y comprender el porqué de la irremediable vanidad con la cual escribió: "Hubo noches. Había noches que la contemplación de mi belleza ante el espejo me hacía sentir dueña del mundo"...Tan hermosa era... LAS MALAS NOTICIAS nunca llegan solas, queridos cinco lectores. El mismo día de la muerte de Pita Amor ocurrió la de Bertha, la eterna cómplice del admirado José Luis Cuevas... Su amor comenzó en los 50, en un manicomio al cual él acudía a pintar y ella como estudiante de psiquiatría. Se hicieron novios, él comenzaba a triunfar y tenía la necesidad de viajar con cierta frecuencia. Llevaban -dice José Luis- una relación sadomasoquista: él la hacía sufrir y ella aceptaba el sufrimiento con cierta satisfacción...

Carre Otis

En 1959 Cuevas se encontraba en Nueva York preparando una exposición y vivía en un modesto hotel en Knickerbocker. "Ahí me sorprendió una llamada de Bertha desde la estación del tren de Nueva York -le confesó a Alaíde Foppa en 1973-. Pocos minutos después Bertha tocaba a mi puerta. Me sentí turbado con su presencia; el cuarto me parecía miserable, la cama estaba deshecha y yo todavía en pijama. Ni ella ni yo sabíamos qué hacer; le pregunté el objeto de su viaje y me contestó que había venido para ser mía. Bien -le dije- pero antes salgamos a caminar... Era invierno y estaba nevando; muy abrigados, nos fuimos a la galería donde yo debía arreglar algo sobre el catálogo; almorzamos en una cafetería y por la tarde regresamos al hotel. Durante dos días permanecimos encerrados sin probar alimento, nutriéndonos sólo de nosotros mismos. El amor tiene mucho de antropofagia"... Ella volvió a México y José Luis la siguió poco después. Se casaron en 1960, tuvieron tres hijas: Mariana, Ximena y María José... Ella lo llamaba Gato y respetaba todas sus decisiones: "Con absoluta seguridad machista, diría que en mi casa mando yo", solía comentar José Luis con su risa de consumado actor, para agregar enseguida: "Aunque dependa de Bertha en muchas cosas... aunque sin Bertha me sienta perdido"... LA TRISTEZA AUMENTA con la muerte del maestro Héctor Azar. Pero la vida continúa y eso lo sabe el amanuense al contemplar a Carre Otis y Malena Gracia, cuya belleza lo anima a proseguir el camino y olvidar las desventuras, los desfalcos acumulados en una semana de infortunio, la cual, sin embargo, trae la promesa de admirar una vez más el arte incomparable de Marcel Marceau, quien fuera del escenario habla hasta por los codos. O de Milton Nascimento, quien lleva el ritmo en la sangre y fuego en el corazón... QUERIDOS CINCO LECTORES, en el tobogán de los obituarios El Santo Oficio los bendice. Que el Señor esté con ustedes. Amén

José Luis Martínez S. es editor de "Tendencias", del periódico Milenio Diario.

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