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campaña en el interior

Renovación territorial del voto

Gustavo Ogarrio

Las campañas electorales de las tres principales fuerzas políticas han dado un giro estratégico hacia el interior del país. Los tres candidatos que puntean la elección presidencial -Labastida, Fox y Cárdenas- ven en la provincia la oportunidad de revitalizar lealtades, cerrar heridas e iniciar avanzadas importantes con miras a terminar las campañas con la mayor capitalización electoral. Con excepción del PRD, que al parecer domina electoralmente en el DF, los otros dos partidos buscarán en sus respectivos centros políticos localizados en el interior del país la posibilidad de revitalizar y hasta recomponer las inclinaciones de los votantes, en lo que se dibuja como la elección presidencial más cerrada de la historia.

Con la controversia de Muñoz Ledo y el PARM en el centro mismo del futuro del discurso de Fox sobre la alternancia, la estructura de campaña del panista y los dos millones y medio de "amigos" que se presume forman a nivel nacional la base de dicha estrategia ponen en evidencia una contradicción importante en el panismo contemporáneo: el foxismo ha echado a andar una nueva entelequia discursiva al replegarse al discurso de la alternancia y asumirse como el candidato viable para un gobierno de transición, sin que su partido pueda hacer algo por detener, al menos discursivamente, sus enlaces con las demás fuerzas políticas. La retórica del ex gobernador de Guanajuato ha resultado seductora para muchos militantes de la oposición e intelectuales, el tema de la alternancia vía Fox es ya una de las orientaciones reflexivas más agudas, y seguramente lo será en lo que resta de las campañas.

Políticamente, el discurso de la alternancia es el sostén de la estrategia en el resto del país, espacio al que los ingenieros políticos de Fox conciben como un gran campo electoral en el cual la cosecha de la tendencia antipriista, la inclinación de la oposición y el electorado aún indeciso por la alternancia podrían definir la elección. Sin embargo, al casi monopolizar Fox el terreno de las contradicciones ideológicas, incluso desplazando al mismo PRI y generando en éste toda una campaña de medios para exhibir al foxismo es muy probable que el requisito de congruencia mínima que se le exija se convierta en un problema a la hora de las declinaciones menos blandas.

En el PRD, el 5 de mayo comenzó una estrategia de movilización nacional que -apoyada en la ventaja creciente de López Obrador en el DF- pretende extender la fuerza de éste a la casi irreversible tendencia desfavorable para Cárdenas en la elección presidencial.

Por ejemplo, en Michoacán el partido sufrió una drástica caída electoral que lo llevó a reducir notoriamente la presencia en más de 60% de los municipios en los cuales gobernaba antes de las elecciones de noviembre de 1998, perdiendo también gran parte del Congreso. Esto aunado a lo que en un momento representó un problema para el perredismo tradicional: la llegada a la dirigencia estatal en Michoacán de un líder de la Sección XVIII del SNTE: Raúl Morón.

Para algunos, la llegada de Morón significaba la apropiación del partido de una tendencia gremial que ponía en peligro la transformación de un partido estigmatizado como violento y subversivo en un partido institucional. Para otros, representaba la recuperación de un PRD combativo y movilizado, que aprovecharía la red tejida por el sindicato para desplegar la recuperación electoral de la región. Sin embargo, los críticos de Morón vieron esta alternativa como una regresión a las políticas corporativas manejadas por el PRI en el estado. La única certeza era la división creciente del partido.

Ahora, ante el desafío de levantar la candidatura de Cárdenas de manera radical y hacer frente a la fractura electoral e ideológica del partido, espacios como Michoacán se ven en la necesidad de asumir una mínima unidad y coherencia proselitista, con el peligro inminente de reeditar prácticas corporativas que hasta hace unos años eran monopolizadas por el tricolor, pero con la oportunidad de hacer del PRD otra vez un partido de presencia y consenso masivo.

En el caso del PRI, la multiseñalada "renovación" dinosáurica, que ha rebasado el lugar común que le ha dado la prensa para demostrar la preocupación creciente del PRI por la elección presidencial, despliega con la llegada del "experimentado" Manuel Bartlett sus temores sobre la operatividad política de la oposición en algunos estados. El ex gobernador de Puebla, que puede adjudicarse el honor de haber desmantelado la credibilidad mayoritaria del PAN en su estado, ahora tendrá que optimizar su estrategia e implementar -entendiendo lo que ambos términos puedan significar- los mecanismos necesarios para enfrentar a la oposición en las entidades en las cuales gobierna. La pregunta es evidente: si Manuel Bartlett no es un político identificado con el nuevo PRI y su fallida estrategia massmediática, ¿cuál será su trabajo en los estados opositores? Lo ocurrido en Nuevo León estos últimos días podría ser un adelanto

Gustavo Ogarrio es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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