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difusiones TV Azteca, de cal y arena
Francisco Báez Rodríguez
Hay ocasiones en las que un medio de comunicación puede servir eficazmente como auténtico intermediario político. Televisión Azteca se apuntó un éxito cuando logró conjuntar a cuatro de los cinco candidatos a la jefatura del gobierno del DF para un debate televisado en vivo. El quinto en discordia, Andrés Manuel López Obrador, adujo el reciente fallecimiento de su madre para no asistir. El horario del debate no fue muy bueno. A las 8 de la mañana en el bocabajeado noticiario matutino de Canal 13. Conducido por la nerviosa e hiperquinética Ana María Lomelí y el nervioso y semicatatónico Ramón Fregoso, el encuentro demostró que es posible alejarse del acartonamiento extremo en los debates entre candidatos y que las inequidades, que las hubo, en todo caso son menores. En particular es agradecible que haya habido diversidad de tomas, que permiten conocer de actitudes y reacciones de quien no está hablando. El formato implicó demasiadas rondas con muy poco tiempo de explicación para cada candidato. La intención evidente es que tuviera un ritmo "entretenido". Sin embargo, la utilización de preguntas "del público" para introducir los "grandes temas" (agua, transporte, inseguridad, ambulantaje) sólo sirvió para atemperar ánimos que nunca estuvieron lo suficientemente calmados. Otro problema fueron las interrupciones de Lomelí, a menudo inoportunas y en alguna ocasión francamente fuera de lugar, como cuando le preguntó a Creel si estaba nervioso. Para finalizar los bemoles, durante las intervenciones de Silva Herzog y de Creel aparecía el logo de sus partidos, cosa que no sucedió con los otros dos candidatos. En lo referente al debate propiamente dicho, ninguno de los candidatos presentes descolló. El mejor librado, a mi parecer, fue Creel, el único en subrayar los defectos de las pasadas administraciones; Vale -la única que parecía a gusto frente a las cámaras- fue capaz de insistir en lo que hace diferente a Democracia Social, el partido del que es candidata, pero no tuvo la contundencia de Rincón; Ordorica, del PARM, traía ganas, pero carece de carisma; Silva Herzog repitió frases de campaña, no demostró su conocimiento y experiencia en temas como agua o finanzas y reaccionó tarde a los cuestionamientos de Creel. Todos tocaron poco y superficialmente las fallas de la administración perredista. Esto permite decir que la ausencia de López Obrador no le costó nada en términos políticos. De conductores de tv y escoltas Si Azteca tuvo éxito con el debate entre candidatos capitalinos, los días anteriores se metió en un sonoro problema. Sucede que su conductora Lily Téllez había solicitado en numerosas ocasiones una entrevista con el procurador capitalino Samuel del Villar. Este se la había negado, directamente y a través de colaboradores. Era previsible, dada la pelea frontal que hay entre Azteca y la PGJDF. No obstante, Téllez esperó al procurador, con luces, cámaras y micrófonos, la noche de un domingo, en las puertas de su domicilio particular (no de su oficina ni a la salida de un acto), supuestamente para que le dijera personalmente por qué no quería darle la entrevista. Todos sabemos que el procurador vive rodeado de guaruras y que no son precisamente gente amable. Lo que no sabíamos es que Lily Téllez también. El enfrentamiento era inevitable y terminó con la detención de los escoltas de la conductora (personal de la PGR asignado para protegerla a causa de un reportaje que aún no sale al aire o que si salió, pasó totalmente inadvertido) y con la "oportuna" publicación de fotografías de la Suburban con placas sonorenses en la que iba la conductora y resultó propiedad del gobierno de ese estado. Para más inri, en la siguiente emisión de su noticiero, Téllez fue incapaz de dar una explicación coherente acerca de ese vehículo. Lo menos que puede decirse es que se ve muy mal que un reportero de la capital ande con una Suburban con placas de Sonora; que el vehículo sea gubernamental; que se haga acompañar por tres escoltas; que acose a un funcionario frente a su casa cuando ya le negaron explícitamente la entrevista; que luego no pueda explicar los cabos sueltos. Tan negativo le ha resultado el asunto a Azteca, que la PGJDF ya pudo darse el lujo de informar que, antes del incidente de Téllez, había citado a comparecer al presidente, directivos y trabajadores de la empresa por el caso Stanley. El equipo de Del Villar pudo así minimizar su actitud persecutoria y dejar la idea de que el acoso al procurador capitalino con cámaras, micrófonos y guaruras de PGR era en venganza por los citatorios. En resumen, Azteca metió tremendo autogol Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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