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La sombra de gobernación

Francisco A. Eissa Barrosos

Porfirio Muñoz Ledo y Carlos Guzmán
Foto: Contraluz

Esta semana el proceso electoral para la Presidencia sufrió un drástico entorpecimiento. Muchos culparon a la Secretaría de Gobernación, otros sólo a los involucrados en el escándalo del PARMy Porfirio Muñoz Ledo. Lo cierto es queel gobierno federal intervino en asuntos internos de un partido; más aún, lo hizo públicamente y proyectó una sombra inesperada sobre las campañas.

Después de que la oposición en su conjunto rechazara la oferta de Gobernación de crear un pacto de civilidad entre los candidatos, Muñoz Ledo exigió al presidente Zedillo que garantizara la transparencia y legalidad de las elecciones. Un día antes la Alianza por el Cambio había asegurado que quien debía convocar a un pacto era únicamente el IFE, y que el papel del gobierno debía limitarse a ser imparcial y garantizar la transición pacífica y en orden si la oposición ganaba las elecciones.

El miércoles 17 por la tarde, supuestamente, se reunieron el candidato del PARM y Vicente Fox en el rancho de este último. Más tarde, en una conferencia de prensa, Muñoz Ledo reafirmó su postura respecto de una alianza, dijo que era urgente que se juntaran los candidatos de oposición y crearan un programa común para enfrentar las elecciones. Sin embargo, dijo que no habría declinaciones, que lo que se busca -al igual que había propuesto Camacho una semana antes- es crear una alianza posterior al 2 de julio; es decir, que el nuevo gobierno sea de oposición y no de un partido opositor. Pero esa misma noche, unas horas más tarde, la Secretaría de Gobernación -en una carta suscrita por del subsecretario de Desarrollo Político, Armando Labra- acusó a Muñoz Ledo de haber ofrecido al gobierno federal no entablar una alianza con Fox a cambio de que lo ayudaran a obtener el control del PARM.

Al día siguiente el candidato negó los hechos, y el presidente de su partido, Carlos Guzmán, dijo que a Muñoz Ledo se le había subido el deseo de poder a la cabeza y ya era imposible trabajar con él. Poco tiempo después exigiría la renuncia del candidato y en una sesión extraordinaria del comité ejecutivo del partido buscarían nombrar a otro candidato. Muñoz Ledo dijo que no renunciaría y por todos lados se hizo mención de las cuatro formas como el candidato podría ser sustituido: por muerte, por inhabilitación -es decir, que le fueran suspendidos sus derechos políticos-, por incapacidad -física o mental-, o por voluntad propia. Todo hacía suponer que el PARM tendría que aguantar la candidatura de Porfirio hasta el final.

La oposición en su conjunto no se hizo esperar, las críticas a Gobernación y la defensa del ex perredista llovieron inmediatamente. Vicente Fox dijo que apoyaría incondicionalmente a Muñoz Ledo y que aprovecharía toda su experiencia en su gobierno. Acusó a Gobernación de querer bloquear a la oposición y calificó las acusaciones de ser una medida desesperada justo cuando se hablaba de una "convergencia opositora". La dirigencia del PAN expresó que reducirá al mínimo sus contactos con la secretaría.

Gilberto Rincón Gallardo, candidato de Democracia Social, lamentó el curso que tomaron las cosas. Aseguró queGobernación pudo haber encontrado otra salida y que es una lástima que Porfirio Muñoz Ledo vaya a terminar su carrera en la derecha; es decir, el PAN. Por su parte, Cuauhtémoc Cárdenas comentó que si el candidato del PARM se va a apoyar a Fox no lo estará ayudando en nada, pues es -dijo- un cero. Labastida opinó que incluso restaría fuerza a la campaña del panista. Y Manuel Camacho dijo que debía reconocerse la trayectoria de Porfirio y no buscarle defectos. En lo que todos los opositores estuvieron de acuerdo fue que la intervención de la Secretaría de Gobernación en el proceso electoral es reprochable y la descalifica como interlocutora.

Más allá de si las declaraciones que hizo el funcionario de Gobernación son ciertas o no, y de si Guzmán tiene nexos con el narcotráfico o Muñoz Ledo pretende morir sin afiliarse a otro partido y que ello demuestra que no le interesa la presidencia del PARM, lo cierto es que la democracia mexicana enfrenta graves problemas. Para que una nación llegue a ser efectivamente democrática es necesario que tenga instituciones sólidas y una clara separación entre gobierno y Estado. Más aún entre gobierno y partido en el poder. Sin duda alguna, el gobierno debe seguir las políticas y propuestas de su partido, pues fueron éstas las que, en teoría, convencieron a los electores y lo llevaron al poder. Pero debe diferenciarse entre aplicar los planes del partido y utilizar las atribuciones de las instituciones -que forman parte del Estado- para beneficio del propio partido. En esta misma línea cabe recalcar que el anuncio del viernes 12 por parte del PRI de reactivar la maquinaria burocrática para buscar votos entre los funcionarios públicos para fortalecer la candidatura de Labastida es reprobable. No constituye un delito, pues no se les obligará a votar, pero sí un abuso de recursos que no pertenecen al partido y que no están al alcance de todos los contendientes.

A lo largo de este proceso electoral, Fox puso en duda la legitimidad de las decisiones del Tribunal Federal Electoral, sentando un precedente para desconocer la decisión de este tribunal si fallara en favor de otro candidato en el caso de que las elecciones fueran muy cerradas. Incluso ha habido candidatos que llegaron a cuestionar la imparcialidad del IFE. Pero esta última intromisión por parte de la Secretaría de Gobernación de manera abierta y pública en los asuntos internos de un partido pone más en riesgo la transición a la democracia. Hace algunos meses, Seymour Martin Lipset dijo en el CIDE que lo único que le falta a México para poder ser considerado una democracia, según los cánones de su libro, El hombre político, es la alternancia en el poder. ¿Quieren estos actos darnos a entender que el PRI no está dispuesto a perder la Presidencia, cueste lo que cueste?

Para muchos analistas la democracia mexicana morirá si no gana la Presidencia este 2 de julio un partido de oposición. Más aún ahora que Camacho, Muñoz Ledo, Rincón Gallardo y Fox han mostrado voluntad para formar una alianza posterior a las elecciones para gobernar en conjunto. Lo cierto es que nuestras jóvenes instituciones y nuestra incipiente democracia perderán la confianza deun pueblo que no tiene cultura democrática y que apenas comienza a experimentar la libertad de elección, pero que en más de 60% se manifiesta en favor deun cambio -hacia distintos partidos, pero cambio al fin-. Si el actual gobierno interfiere más en las elecciones terminará por llevarnos a otro "magnicidio", el de la democracia que comenzó su carrera durante el sexenio salinista y pareció haber dado su primer gran paso en 1997, con el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en la ciudad de México.

Resultaría difícil tachar como malévolas todas las acciones del PRI, o alabar todas las propuestas y logros de la oposición como gobierno, sin embargo, parece ser que por el bien de la democracia sólo podríamos aceptar dos resultados: un triunfo avasallador del PRI, con más de 15 puntos sobre su rival más cercano, o una victoria de la oposición y una entrega pacífica, en orden y legal del gobierno a sus manos

Francisco A. Eissa Barroso estudia la licenciatura en Ciencia Política/Relaciones Internacionales en el Centro de Investigación y Docencia Económicas.

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