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textos Los límites de la democracia
Beatriz Carolina Crisorio
1. El derecho a huelga Hace seis meses que asumió el gobierno Fernando de la Rúa. Quien haya votado por él podía sospechar que no estaba apostando por un programa económico profundamente alternativo del aplicado por su predecesor. En efecto, Carlos Saúl Menem llevó a cabo una política de abierta inspiración neoliberal. Con gran habilidad logró debilitar la capacidad de protesta del sector sindical y postergó los reclamos sociales durante buena parte de la década que se mantuvo al frente de Argentina. Cualquiera sabe que la situación económica heredada por De la Rúa es de recesión, con fuerte impacto en el sector laboral y con un importante sector de la población destinado a la marginación. Lo que sorprende es cómo de pronto los sindicalistas recuperaron los reflejos y descubrieron que era hora de reclamar lo perdido y lo que aún queda por perder. Miles de vidas fueron ofrecidas en los años 70 para recuperar los derechos fundamentales, entre ellos, el derecho a manifestarse y el derecho a huelga. Siempre me he plegado a todos los reclamos de los trabajadores. Pero, sin duda, el paro del pasado 5 de mayo, previo a las elecciones del 7 de mayo, tenía el tono de un puño levantado frente al gobierno. Y no es que no sea justo reclamar. Cómo no iban a estar dispuestos a reclamar si pocos días antes fueron duramente reprimidos frente al Congreso, cuando los legisladores pretendían aprobar una nueva legislación laboral, que significaba un retroceso en los derechos de los trabajadores: ¿Pero por qué no lucharon con esa garra para resistir los embates del gobierno menemista?, ¿por qué recuperaron la memoria a partir de diciembre de 1999, mientras que la gran mayoría del movimiento sindical permaneció anestesiado desde hacía una década? 2. La segunda vuelta Hace pocos días el gobierno estadounidense se vio frente a la paradójica situación de entregar a Elián González a su padre y despertar las iras del exilio cubano. Está de más decir que el objetivo de lograr el mayor bienestar del niño cubano hubiera llegado al límite de violar el derecho internacional si en lugar de ser devuelto a su padre, el pequeño hubiera permanecido en Miami. De este modo, el gobierno de William Clinton apeló a la fuerza para restablecer el Estado de derecho. Porque la gran pregunta que todos nos hacemos es: ¿cuáles son los límites de la democracia? ¿Tenía derecho su familia de privar al niño a su principal vínculo en aras de una contienda política con Fidel Castro? Hoy, en Argentina se vive la misma situación paradójica. La Constitución establece que si ninguno de los candidatos obtiene 50% más un voto se debe ir a una segunda vuelta. Es verdad, entonces, que podemos reclamar que esa segunda vuelta se realice. En un país donde se perdieron tantas vidas, donde tanto se luchó, y donde se sobrevivió como se pudo durante los años de la dictadura, anhelando el retorno democrático, es razonable que se piense en la necesidad de poner en vigencia puntillosamente la Constitución. Pero en la desastrosa situación económica en la que nos encontramos, me pregunto: si uno de los candidatos tiene un poco más de 49% de los votos (24 representantes), y siendo tan contundente la diferencia entre el primero y segundo candidato, con más de 15 puntos, ¿es lícito tomar los exiguos recursos y convocar a una nueva elección para el 21 de mayo? Realmente fue conmocionante la alocución de Domingo Cavallo -quien obtuvo 30% de los sufragios y logró 20 representantes- exigiendo la segunda vuelta aunque sólo fuera por un voto. ¡Cuánta pasión! ¡Cuánta vehemencia! Me pregunto: ¿dónde estaban las lágrimas que el ex ministro de Economía de Carlos Saúl Menem vertió frente a los jubilados, y a las cámaras de televisión, porque decía no tener recursos para pagarles lo adeudado? ¿Dónde estaba su voz y su fuego cuando bajo la última dictadura militar (1976-1983) fue ministro de Economía y el Estado se hizo cargo de las cuentas no pagadas por el gobierno de facto, acrecentándose la deuda externa? Este es el mismo ministro que dijo que no le alcanzaba el sueldo de dos mil dólares para mantener su nivel de vida y que necesitaba otros aportes. ¿Cuántos argentinos tienen la fortuna del ex ministro y actual legislador de encontrar financiadores de un oportuno nivel de vida? ¿Por qué Cavallo no tiene un gesto de grandeza y renuncia postergando sus ambiciones de poder, a la vez que reconoce que primero están las necesidades del pueblo? ¿Cuáles son los intereses que el legislador desea defender? ¿Por qué está tan enojado Cavallo? Es la primera vez que en las elecciones de los últimos años se quita el piso de 3% y esto hace que los partidos minoritarios hayan logrado una representación que nunca conseguían. Con todas las limitaciones que pueda tener el sistema representativo y a pesar de todas las injustas postergaciones a las que nos someten los sucesivos gobiernos que intentan cumplir con los designios del FMI, se puede decir que la ciudadanía porteña puede estar satisfecha pues ha logrado reflejar en sus instituciones mayor pluralismo. ¿A qué apuesta Cavallo? A mí no me parece que sea a la consolidación democrática. Como en el reciente caso que hemos visto en Estados Unidos nos encontramos frente a la paradoja que el respeto a la Constitución y a los derechos humanos debería hacer prevalecer la razón y al reconocimiento por parte del doctor Cavallo que ha perdido en buena ley. 3. Un llamado de atención Toda experiencia es positiva aun cuando los acontecimientos sean adversos. La situación nos permite avizorar que quizá aquel sector del actual gobierno radical tentado a desembarazarse de sus aliados -el Frepaso de donde proviene el actual candidato a jefe de gobierno porteño Anibal Ibarra- comprenda que debe cumplir sus compromisos políticos. Es conveniente también que el gobierno de De la Rúa recuerde que las postergaciones y privaciones a las cuales se ve sometida una gran parte de la población deben ser escuchadas y se debe intentar dar las mejores soluciones; éste es el mejor modo de consolidar su propia posición frente a los embates de los sectores más conservadores, admiradores del modelo neoliberal, alineados detrás de personajes como Cavallo Beatriz Carolina Crisorio es docente e investigadora del IIHES. Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina. |
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