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letras personal de Robert Arlt
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imágenes Cineasta después de la batalla
Jorge Carrasco V.
Cuando el pasado 26 de marzo la reaparecida Jane Fonda le entregó un Oscar especial por su carrera en conjunto, la Academia de Ciencias y Artes no hizo más que honrar a un cineasta de la talla de Federico Fellini, Satyajit Ray y Akira Kurosawa. Y es que aunque no sea tan famoso como Roman Polanski, ni tan meticuloso como Jerzy Kawalerowicz y carezca de la imaginación de Jerzy Skolimovski, o de las relaciones de Kristoff Zanussi o de los premios de Kristoff Kieslowski, Andrzej Wajda debe considerarse como el mejor director polaco de todos los tiempos. Cerrajero y estudioso de Einsenstein Wajda nació el 6 de marzo de 1926 en Suwatki. Su padre era oficial de carreray su madre, maestra de escuela. La guerra estalló cuando tenía 13 años, lo que le impidió asistir a la escuela en condiciones normales. Desempeñó diversos oficios, entre los que se cuentan peón, tonelero y cerrajero. Sin embargo, mostró aptitudes para el arte, en especial para la pintura, ayudando a decorar iglesias. A los 16 años colabora con la resistencia dirigida por las autoridades polacas refugiadas en Londres. Esta experiencia lo marcaría en la primera etapa de su carrera. Al término de la conflagración se matriculó en la Academia de Bellas Artes de Cracovia, donde estudió con el pintor postimpresionista Jozef Pankiewics, aunque él se confesaba partidario del nuevo realismo. Casi por accidente ingresó en la Escuela de Cine de Lodz, pues el mal tiempo le impidió abandonar la ciudad. En 1952 obtuvo su diploma después de haber escrito un estudio sobre las películas del genio soviético Serguei Einsenstein. Realizó tres cortometrajes antes de convertirse en ayudante del director Aleksander Ford en Los cinco de la calle Barska en 1954. Es entonces cuando se siente capaz de asumir la dirección. Una trilogía de guerra Generación, su primera película, está basada en una novela de Bohdan Czeszko que narra la historia de Stach (Tadeus Lomnicki), un joven descarriado que al entrar a trabajar como obrero descubre la manera de unirse a la resistencia y luchar contra la ocupación alemana. Como uno de los actores secundarios destaca un joven de pantalón corto, que con el tiempo devendría en uno de los más famosos directores de la cinematografía polaca: Roman Polanski. Wajda confesó en una entrevista con Jean-Luc Douin que "tuvo que cortar dos secuencias por las que tenía especial debilidad" y se le reprochó "falta de rigor en la construcción". Esta mala recepción lo desanimó y se dedicó a pintar. Tres años después emprendió Kanal o La patrulla de la muerte. Basada en un episodio de la sublevación de septiembre de 1944 en el gueto de Varsovia, la cinta muestra a un grupo de combatientes que huyen por el alcantarillado. Pese a la reticencia de las autoridades polacas, la película triunfó en el extranjero y coloca a Wajda como uno de los más grandes poetas líricos que surgieron en el cine después de la guerra. Sin embargo, su verdadera consagración se produce con Cenizas y diamantes, que lanza al estrellato a Zbigniew Cybulski, considerado el James Dean polaco, en el papel de Macieck Chelmicki, un joven resistente que tras ser héroe de guerra termina por cometer un crimen gratuito. Wajda señala que fueron necesarias tres tentativas de adaptación de la novela de Jerzy Andrzejewski "porque era necesario no humillar, pero tampoco no rehabilitar a aquellos que en la confusión que siguió a la liberación, con toda buena fe eligieron el partido equivocado. Tampoco era necesario disgustar a aquellos que encontraron de forma instintiva el buen camino". Lotna, su siguiente película y primera en color, describe una Polonia heroica e inerme que en 1939 es derrotada al lanzar su caballería contra los vehículos blindados hitlerianos. Un periodo de búsqueda
Al inicio de los 60, el cineasta deja de lado los filmes históricos y se mezcla con la inquieta juventud en Ingenuos y perversos también conocida como Brujos inocentes, que narra las inquietudes de una joven pareja que pasa la noche en una habitación de hotel. De acuerdo con Francoise Jeancolas-Audi, "se trata del testimonio de una generación sin ilusiones y sin convicciones". Sansón narra la historia de Jakob Gold, un judío encarcelado injustamente en 1939, que no sabe qué hacer con su libertad. La cinta es considerada por la crítica como "un largo viaje subterráneo, un paseo por las tinieblas". Aunque Lady Macbeth en Siberia está basada en una novela del soviético Nicolás Leskov, Wajda trató de retomar el espíritu shakesperiano, lo que en opinión de la crítica dio como resultado "un filme impersonal". Participó en la ambiciosa coproducción franco-japonesa-italiana, El amor a los 20 años, cuyo episodio es mejor recibido que los de Francois Truffaut, Renzo Rosellini, Marcel Ophuls y Shintaro Ishihara. Sería la última colaboración con Cybulski, quien perecería trágicamente cinco años después bajo las ruedas de un tren. Con Cenizas retorna al cine histórico, retomando una novela de Stefan Zeromski que exalta el pasado caballeresco. Sería su primera colaboración con Daniel Olbrichski, que se transformaría en uno de sus actores favoritos. Prosigue en ese tenor con una producción británica filmada en Yugoslavia, Las puertas del paraíso, con Lionel Stander. Sin embargo, estas películas no lo dejan satisfecho, además de que resultan fracasos públicos, y decide regresar a inquietudes más actuales. Con Todo en venta hace una elegía de Cybulski, "un personaje rico, estimulante, fascinante", mientras que en La caza de las moscas muestra a un joven escritor fracasado que encuentra a una joven ambiciosa que se compromete a convertirse en su musa y llevarlo con la flor y nata de Varsovia. Camino hacia La gran promesa
Avido lector y amante de los clásicos, Wajda recurrió a ellos en la década de los 70, cuando logró verdaderas obras maestras. Primeramente retomó la experiencia que le habían dado sus primeras cintas bélicas, y filmó Paisajes después de la batalla sobre las narraciones de Tadeusz Borowski. Dio un giro total ese mismo año al adaptar Los abedules, de Jaroslaw Iwaszkiewicz, un bello relato intimista. Jean Louis Boury de Le nouvel observateur señala que "este poema, fue filmado por Wajda como poeta". Ocho años después filmaría otra obra de Iwaszkiewicz, Las señoritas de Wilko, considerada como un paréntesis lírico de su obra política. Realizó una adaptación de Pilato y los otros, de Mijail Boulgakov, pero obtendría mayor reconocimiento por La boda. Basada en una pieza teatral de Stanislaw Wispianski, la cinta fue considerada como "una obra maestra del patrimonio cultural polaco". La película, un fresco histórico de principios de siglo, fue considerada por Dominique Jamet, de Le Quotidien Parisien, "como un acto de fe, un acto de afirmación nacional, un himno a la Polonia mártir, desmembrada, humillada, inmortal". En pleno dominio de su arte cinematográfico, poseedor de una técnica sin par, Wajda emprendió La tierra de la gran promesa, para quien esto escribe, su obra maestra. Basada en una obra del Premio Nobel Wladislaw Stanislaw Remont, la cinta obtuvo el Premio de Oro del Festival de Moscú en 1975. En una entrevista con Alberto Isaac, Wajda confesó que no le gustaba hacer "filmes históricos" y que "el libro era algo aburrido, pero su tema no". "Es la historia del nacimiento del capitalismo en Polonia. El tema central es el dinero, los negocios y las pasiones. Un tema así no puede ser aburrido. Yo quise hacer una película popular, para los grandes públicos. No sé si lo conseguí. De tiempo en tiempo uno tiene que asomarse al pasado. Es, dicen, la forma de aprender sobre el presente", concluyó. Max Tessier, de Ecran 75, destaca que el realizador "animó su cámara de un frenesí que estuvo a veces muy cerca de la histeria en travellings vertiginosos. La panorámica que da Wajda de la ciudad, de las fábricas sucias y amenazantes, de los suburbios lamentables donde se mueve una muchedumbre miserable y embrutecida, de sus residencias destruidas por una riqueza ostentosa, pero sin gusto ni cultura, es impresionante". Daniel Olbrychski (Karol Borowiecki), Wojciech Pszoniak (Moryc Welt) y Andrzej Sewerin (Maks Baum) ofrecieron la interpretación de sus vidas como estos ambiciosos magnates del capitalismo a los que molestaba más ver metros de tela "echada a perder", que la obrera que había perdido el brazo. Después de este fresco histórico de más de tres horas de duración, Wajda emprendió una fiel adaptación de Línea de sombra, de Teodor Josef Konrad Nalecz Korsenlowski, mejor conocido en Occidente como Joseph Conrad. El mismo realizador la califica como "una película ascética, seca y monotemática" y explica que pese a su experiencia, "la materia de la obra de Conrad me obligó a renunciar a lo que me había propuesto inicialmente. El cuento de Conrad es tan cristalino, tan compacto, tan perfecto en sí, que no admite ningún arreglo adicional". En una entrevista realizada al término de la filmación en Bangkok, el realizador consideró que "se trataba de su última película basada en una obra literaria". Todos sus proyectos ulteriores estarían vinculados a lo que sucedía a su alrededor... y ese camino lo llevaría inevitablemente a la política que vivía su país. Contra la historia marmórea
El primer resultado de esta nueva visión fue El hombre de mármol. Agnieska (Krystina Janda), una joven cineasta, emprende una investigación sobre la vida de Tadeuz Birkut (Jerzy Radziwilowics), un trabajador ejemplar que caería en la desgracia posteriormente, arrastrando en su camino a la propia realizadora. El crítico Francois Forrestier destaca que "jamás en la historia del cine del Este se había tocado ese tema". "Cztowiek marmuru borra 30 años de la historia oficial de Polonia de un tirón rabioso". En Sin anestesia describe la brusca desgracia del célebre periodista Jerzy Michalowski (Zbigniew Zapasiewicz). El 31 de agosto de 1980 se firmó el histórico acuerdo de Gdansk en los astilleros Lenin, mediante el cual el gobierno polaco reconocía el derecho de los obreros a organizar libremente sus sindicatos para defenderse del poder económico del Estado. Fascinado por el hecho, Wajda emprende El hombre de hierro, que debe considerarse como la continuación de El hombre de mármol. En el momento en que estalla la huelga en los astilleros de Gdansk, el periodista Winkel (Marian Opania) es comisionado por el gobierno para investigar al líder del movimiento, Maciek Tomczyk (Jerzy Radziwilowicz), que se ha casado con la cineasta censurada Agnieska (Krystina Janda), con el fin de desprestigiarlo. Para conseguir mayor verosimilitud, Wajda filmó varias manifestaciones del sindicato independiente Solidaridad e incluso el líder de éste, Lech Walesa, aceptó aparecer en varias secuencias en compañía de su esposa Danuta. Michel Perez, de Le matin de París, destaca que Cztowiek zelaza "marcará un hito en la historia del cine, ya que es la primera vez que una película de ficción totalmente lograda se entremezcla tan estrechamente con los acontecimientos recientes, tomando lo esencial de su sustancia y pudiendo en recompensa ejercer sobre ellos una influencia nada despreciable".
Sin embargo, el sueño democrático terminó el 13 de diciembre de 1981, cuando el general Wojciech Jaruzelski, investido con todos los poderes, fracasó en su intento de negociar con la Iglesia católica y con el sindicato independiente Solidaridad, y efectúa un golpe militar y decreta el Estado de excepción, encarcelando a los líderes de Solidaridad. Wajda parte al exilio a Francia. Aunque su siguiente filme, Danton, es en rigor un retorno al cine histórico, muchos críticos lo consideraron como una parábola de lo que ocurría en Polonia. El realizador lo consideraba como una película que "muestra cómo la libertad opera como motor de la historia y los sacrificios que deben hacerse para protegerla". Muchos vieron al carismático Gerard Depardieu (Danton) como una especie de variante de Walesa, mientras que Robespierre (interpretado por Wojciech Pszoniak) fue considerado el alter ego del astuto Jaruzelski. Ambos actores están excelentes y obtuvieron varios premios en diversos festivales. Exilio forzado Ya en el exilio, Wajda comenzó a espaciar sus filmes cada vez más. En Un amor en Alemania muestra cómo la fassbinderiana Hanna Schygulla se enamora de un refugiado polaco, Piotr Lisak, poniendo en peligro su posición privilegiada. En Crónica de amores accidentados narra otra historia de amor, esta vez la de Alina (Paulina Mlynarska) y Witek (Piotr Wawrzynczak), "dos personajes que se aman y el mundo entero está en contra de ellos, por lo que los amantes van creando su propio mundo, que cada vez tiene menos contacto con la realidad", explica el realizador.
Y aunque había dicho que había abandonado el mundo de las adaptaciones literarias, en 1988 realiza Poseídos, sobre la obra de Dostoievski, con Isabelle Huppert y Bernard Blier. Wajda volvió a las primeras planas con su siguiente filme: Korczak, basado en la vida de Janusz Korczak, pedagogo y teórico de la educación, médico y periodista muerto en agosto de 1942 en el campo de exterminio en Treblinka. Ciertos sectores de la crítica lo acusaron de antisemita y de "socavar los hechos históricos". El realizador admite que "la primera buena señal que recibió, fue cuando la cinta se exhibió en Jerusalén, teniendo buena aceptación". Ese problema no parece existir para Pan Tadeusz, su más reciente filme, capaz de hacer llorar al propio papa Juan Pablo II en una exhibición privada. Profesión de fe En una entrevista con la periodista Barbara Hollender, Wajda declaró que "cuando se inició como director, creía que el cine podía ser algo más que un simple placer, diversión o arte. Creía que el cine podría hacer cambiar al mundo, transformar la conciencia humana. Hoy, en 1997, ya no es así. Sin embargo, para mí el cine sigue siendo aún lo más importante. Hice muchas películas -44 en total- pero también esas películas me hicieron a mí". Wajda destaca que una de sus inquietudes constantes "fue la de charlar con el público". "Yo no me ponía a pensar si mi película le iba a gustar a mi colega Andrzei Zulawski, o a mis compañeros de la Escuela de Lodz. Yo lo que hacía, simplemente, era conversar con el público polaco. Hasta la fecha conservo las cartas que recibí de gente de pequeñas ciudades y provincias polacas". Recuerda que en 1989 se presentó como candidato y fue electo senador, por lo que los siguientes cuatro años los pasó en el Parlamento y no detrás de una cámara. "Quizá habría sido mejor si en ese tiempo hubiera hecho dos películas, pero aún así, no me arrepiento. Lamento en cambio la ley marcial, que fue la que me hizo perder el equilibrio en los momentos en los que me encontraba en la mejor forma." A su regreso a Varsovia, el director de 74 años declaró: "Yo quiero seguir haciendo películas muy polacas, con actores polacos y sobre nuestra realidad". Su profesión de fe queda completada con su frase: "Lo más importante es que la gente piense", y el mejor director polaco de todos los tiempos lo ha logrado en sus 44 cintas, y el Oscar es un reconocimiento a ello Jorge Carrasco V. es periodista. |
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