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El pecado del rey Midas
Subrayados a Paul Krugman

Ciro Murayama

Foto: Hermes León

Krugman es hoy en día uno de esos raros economistas con la cualidad de dedicarse a la "economía en griego" -como él define a los escritos que, llenos de ecuaciones matemáticas, desarrollan las formulaciones teóricas de la disciplina- al tiempo que es capaz de redactar textos amenos donde polemiza con los argumentos más convencionales sobre el funcionamiento y el rumbo de la economía que son moneda corriente en la prensa.

Famoso en el gremio desde que muy joven publicó nuevas aportaciones a la comprensión del comercio internacional, el profesor del IMT insiste en que los políticos no encontrarán en los economistas el optimismo que requieren para sus frases de campaña. Con divisas de ese tipo, recopiló recientemente una serie de artículos aparecidos en revistas estadounidenses, que ya circula en español bajo el título El teórico accidental (Barcelona, Crítica, 1999).

Van, en las líneas que siguen, mis subrayados a esta entrega de Krugman.

° Se supone que los economistas son aburridos. Y la reputación está justificada: muchos de nosotros somos realmente muy aburridos, por lo menos cuando hablamos de nuestro trabajo. Pero también lo son muchas otras personas, desde los científicos a las supermodelos. ¿Por qué íbamos a ser distintos los economistas?

Respecto de la idea, muy extendida sobre todo entre los sociólogos del trabajo, como J. Rifkin, cuyo libro El fin del trabajo es un best-seller, de que debido al avance tecnológico estamos condenados a una trágica reducción del empleo:

° La idea tiene una verosimilitud superficial a partir de la experiencia de industrias concretas: es muy cierto, por ejemplo, que los ferrocarriles norteamericanos transportan más carga ahora que en 1980, pero emplean apenas un tercio de los trabajadores que empleaban en aquella época. ¿No se deduce de ello que el mismo destino puede aguardar a todos los empleos? ¿Que a medida que los trabajadores se hacen más productivos la economía necesita un número cada vez menor de ellos? Es difícil explicar que esto implica una falacia de composición, que el efecto de un aumento de la productividad en una industria dada, sobre el número de empleos en esa industria, es muy diferente de un aumento en la productividad en el conjunto de la economía, sobre el número total de empleos.

Refutando la tesis de que los tipos de interés son independientes del nivel de empleo y de la producción:

° Si se quiere un modelo sencillo para predecir la tasa de desempleo en Estados Unidos durante los próximos años, aquí está: será la que Greenspan quiera que sea, más o menos un error aleatorio que refleja el hecho de que no es Dios (...) En lugar de una mano invisible impulsando la economía hacia el pleno empleo en el largo plazo sin especificar, tenemos la mano visible del FED empujándonos hacia su estimación de la tasa de desempleo no inflacionista a lo largo de dos o tres años. Para conseguir esto, el Consejo debe aumentar o disminuir los tipos de interés para que el ahorro y la inversión se igualen a la tasa de desempleo prevista.

En lo que hace al contenido de la economía de la oferta, que fue bandera en la época de Reagan y Thatcher y que una y otra vez reaparece, aunque en países como el nuestro haya quien ni se inmute de sus errores, Krugman dice:

° Lo que define a la economía de la oferta no es lo que incluye, sino lo que excluye. Sus partidarios creen que sólo importa el lado de la oferta. (...) No sólo creen que los impuestos afectan al crecimiento, sino que prácticamente todo lo malo que afecta a la economía es consecuencia del aumento de impuestos, y todo lo bueno es resultado de la reducción de impuestos. La implicación de estas opiniones, por supuesto, es que los partidarios de la oferta creen que la reducción de impuestos es siempre una buena idea, cualquiera que sea el estado de la economía o de las perspectivas presupuestarias del gobierno.

Para explicar la tozudez de ciertos economistas para reconocer los errores a los que conducen políticas incorrectas:

° Es difícil que un hombre comprenda algo cuando su ingreso depende de que no lo comprenda.

Criticando la obsesión de algunos economistas de derecha por recuperar el patrón oro (el oro se ha encarecido en 700% en 30 años en EU y los bienes de consumo 250% y, por tanto, al utilizar el oro se disimulan las ganancias acumuladas):

° La leyenda del rey Midas ha sido generalmente mal comprendida. Mucha gente cree que la maldición de que transformaba en oro todo lo que tocaba el viejo avaro, impidiéndole comer o beber, era una lección sobre los peligros de la avaricia. Pero el verdadero pecado de Midas era su incapacidad de comprender la economía monetaria. Lo que los dioses le estaban diciendo realmente es que el oro no es más que un metal. Si a veces parece ser algo más, es solamente porque a la sociedad le ha parecido conveniente utilizar el oro como medio de cambio: un puente entre otros objetos, que son los que verdaderamente se desean.

Por último, dedicatoria en tiempos donde las tradicionales formas de organización de la sociedad se diluyen y gana un amplio terreno la influencia de los medios electrónicos:

° Ahora nos hemos convertido en una sociedad atomizada de individuos que toman sus noticias -si es que lo hacen- de la televisión. Si alguien tiene una buena idea sobre la manera de recuperar los líderes de opinión de antaño, soy todo oídos

Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid.

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