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textos Lo social
Carlos Garza Falla
Para cuando aparezcan publicadas estas letras habrá muchos kilómetros de líneas ágata escritas en relación con el debate de los seis candidatos a la Presidencia de la República del pasado 25 de abril, ya van a sumar muchas horas radio-televisión dedicadas a su análisis; ya van a existir muchos mb. ocupados en las computadoras con encuestas, chats y foros que lo convirtieron en su objeto de estudio. ¿Por qué entonces insistir en volver al tema?, ¿por qué revivir polvos de viejos lodos? Mi respuesta es muy simple y pretendo desarrollarla aquí: porque lo social en sentido integral y amplio estuvo ausente, fue una vez más sólo telón de fondo, referencia tangencial, horizonte marginal. Su ausencia no fue total, hay que decirlo. En la propuesta de Gilberto Rincón Gallardo, candidato del Partido Democracia Social, hubo expresiones muy afortunadas en aquello de "somos mucho más que dos", "el derecho de las minorías", "la diversidad", etcétera, y en el segmento destinado para que los participantes hablaran de política social, todos, excepción hecha de Francisco Labastida, candidato del PRI, que lo empleó para desahogar parte de su agenda personal de agravios, lo hicieron. Sin embargo, lo hicieron de la manera más ortodoxa para hablar de cosas relacionadas con lo social, y que desde siempre se han considerado los "qué" de la política social como lo son la educación, la nutrición, la salud y la tan de moda en el discurso, pobreza, y lo hicieron también de la manera más clásica para hablar de lo social: fragmentariamente. Lo social es lo complejo por excelencia y en cuanto tal, reclama ser abordado. Edgar Morin -pensador francés de gran actualidad y vigencia, con una muy amplia producción intelectual, mucha de ella traducida al español para fortuna nuestra, considerado un típico representante de lo que se ha dado en llamar "pensamiento complejo"- recuerda con frecuencia en sus textos que complejo viene de "complexus": lo que está tejido junto, característica que precisamente el pensamiento que denomine antes "ortodoxo" y "clásico" se ocupa de negar al simplificar, parcializar, fragmentar aquello de lo que habla. En este sentido, la ausencia de lo social en el debate es evidente cuando caemos en la cuenta que lo que en el mundo real, en el universo de los hechos, en la vida cotidiana, está tejido junto, los candidatos lo presentan como piezas de un rompecabezas cuyos contornos son tan difusos que resulta imposible aspirar a unirlas. Un caso particular Ese todo complejo que se denomina sociedad, ese todo tejido junto que da cuenta de la trama de significados, expectativas y direcciones que resultan de la orientación recíproca de las acciones de los individuos (Weber dixit) se expresa en la cultura entendida como algo vital, no como algo accesorio, como algo sustantivo, no como algo accidental, como algo que vincula a la historia, la tradición, a la vez que proyecta a nuevos horizontes y permite explorar nuevas formas de ser y estar en el espacio y en el tiempo. El tema de la cultura, ya sea que lo consideremos como un todo, que sería lo fecundo, o que lo consideremos en algunos de sus ámbitos específicos como podría ser el de la legalidad, el de la civilidad, el de la paz, el de la ciencia, el de la creación, o el que usted amigo lector guste y mande, no fue traído a colación de manera explícita y directa por los seis candidatos participantes en el debate. Y ello es grave, pues como lo expresará de manera contundente Guillermo Bonfil Batalla hace 14 años (en su colaboración en el número 100 de nexos precisamente en abril de 1986 bajo el título "La querella por la cultura") lo que está en juego "es nuestro ser y nuestra manera de ser". "La querella por la cultura -dice Bonfil- no puede ser más la preocupación onanista y desvelada de unos cuantos, ni el tema tan inevitable como intrascendente de la charla de salón. En la opción del proyecto cultura que modele el México de mañana se decide nuestro ser y nuestra manera de ser. Es asunto vital, vamos tomándolo en serio." El debate ya es historia, sin embargo, aún queda un tramo de tiempo por recorrer previo a la elección, ¿no valdría la pena que como sociedad les exigiéramos a quienes anhelan el poder, bien porque se sienten iluminados; bien porque lo necesitan para preservar intereses y privilegios; o bien porque los mueve un auténtico afán de servir a México, que nos dijeran cómo unen los que fragmentan, cómo arman el rompecabezas? O bien, ¿cuál es el proyecto cultural que se comprometen a impulsar? Usted amigo lector tiene la palabra Carlos Garza Falla es sociólogo. Conductor del programa rediofónico Deslinde, que transmite Radio UNAM. |
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