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personal Camacho Solís
Adriana Curiel
Cada vez más carente de carisma, de ideas y propuestas, Manuel Camacho Solís no se resigna y, aun siendo el último lugar en las encuestas, continúa irremediablemente escupiendo hacia arriba. A seis años de habérsele negado la candidatura a la Presidencia, insiste en vociferar que fue él quien decidió separarse del entonces presidente Carlos Salinas; sin embargo, en ese tiempo no tuvo las agallas que hoy reclama a Labastida para hablar de los supuestos contubernios cobijados en las cloacas del poder y que, encima, él se jacta de conocer. Con la distancia que marca el tiempo y el clima en su favor no ha tenido pruebas contundentes sobre las acusaciones que ha hecho en contra de la familia Salinas y sus allegados. Se limita a nombrar a los personajes que la prensa mitificó durante el presente sexenio como "el doctor Córdoba que ya anda por ahí". Su campaña antisalinista lejos de servirle le ha incrementado su falta de seriedad. Hay que reconocerle que ni la guerra de encuestas ni la frialdad de imágenes lo han alcanzado. El 24 de abril, un día antes del debate, Camacho argumentaba que él no había requerido de servicios de asesoría de imagen, "ni nada de eso"; pues actuaba de forma natural. Pero en su naturalidad demostró únicamente que los fundamentos de su partido están basados en el encono atesorado por seis años dentro de un avejentado hígado que, lejos de producir sorpresas, produce risas. Lo cierto es que el mito del salinismo lo ha alcanzado a él también, aunque tristemente para este candidato es sólo una leyenda urbana, pues al menos ese acercamiento le serviría para levantar una campaña que nunca despegó Adriana Curiel estudió Comunicación en la UIC. |
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