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la granja


Raúl Trejo Delarbre

1 Perder es posible

Francisco Labastida
Foto: Antonio Nava/Ave

En otras circunstancias, en otro país y viniendo de otro actor político, la aceptación de su posible derrota que hizo Francisco Labastida el jueves pasado en el ITAM podría entenderse como un gesto de racionalidad y civilidad.

Admitir que se puede perder, es una actitud de reconocimiento a la competitividad del contrario, de atención a las eventualidades que puedan surgir e incluso, de confianza en sí mismo. Sólo quien tiene los pies bien puestos sobre el piso, sabe que se puede ganar o perder.

Todo eso es muy civilizado. Pero viniendo del candidato presidencial de un partido cuya imagen y autoconfianza han estado cimentadas en la jactancia incluso desmedida sobre sus propias posibilidades, esa declaración de Francisco Labastida Ochoa implica una distancia muy significativa respecto de la actitud a la que el PRI nos ha tenido acostumbrados durante muy largo tiempo.

Y, además, esa declaración resulta insólita cuando la dice un candidato presidencial cuya autoafirmación parece haber dependido de la descalificación de sus rivales, pertrechado tras una muralla de soberbia retórica que quizá no se corresponda con su verdadera personalidad, pero que ha dejado la impresión de que es un político poco tolerante y algo agresivo.

 

2 Realista Labastida

Foto: Jorge Claro/Contraluz

Una estudiante de Derecho le preguntó a Labastida qué pasaría con su partido si pierde las elecciones y no le queda más remedio que pasar a la oposición.

El candidato presidencial del PRI pudo haber esgrimido una respuesta de manual, con lo que no habría obtenido muchos aplausos pero tampoco hubiera incurrido en una actitud de desconfianza sobre sus propias posibilidades y las de su partido en la actual competencia electoral. Pudo haber dicho que el PRI jamás pierde, o que no hay motivos para imaginar escenarios fantásticos -si es que es cierto, como decían él mismo y sus asesores, que su campaña gana cada vez más arraigo entre los ciudadanos-. Pudo haber recordado que la palabra derrota no está en su vocabulario, como al parecer dijo hace varios meses. Las opciones de evasión retórica eran numerosas.

Pero Labastida eligió una respuesta franca. Quizá lo hizo por sinceridad y para mostrarse abierto en un auditorio exigente, aunque no del todo adverso, como era el que conformaban los alumnos del ITAM. Quizá aún lo abrumaba el saldo del debate que había tenido dos días antes y que, para la mayoría de quienes lo han comentado, fue ganado por Vicente Fox.

El caso es que Labastida tomó aire, reflexionó en silencio unos cuantos segundos, miró de frente al auditorio y dijo: "Me preguntan qué pasaría con el PRI si perdiéramos las elecciones. Obviamente ese escenario yo no lo deseo y estoy trabajando para que no se presente. Pero si llegara a ocurrir, yo creo que el PRI tendría un proceso de examen, de revaluación, de evaluación; de qué hizo bien y qué hizo mal. Y como toda institución que desea cambiar y superarse, de ahí nacerían cambios en el partido que le imprimirían una nueva cara, una nueva vitalidad".

 

3 El PRI se renovaría

Sede del PRI
Foto: Raúl Ramírez Martínez

Eso dijo el candidato presidencial del PRI. Nunca rechazó la posibilidad de la derrota. Y ya que le preguntaron qué ocurriría con su partido -no con el país, ni con el gobierno, ni con él mismo- respondió dibujando un escenario lógico en caso de ese desenlace electoral.

Lógico, e incluso deseable. Durante mucho tiempo, uno de los faltantes en la reforma política mexicana ha sido la escasa o nula renovación en el PRI. Los dirigentes de ese partido han advertido la necesidad de ese cambio, e incluso han querido simularlo o reducirlo a episodios coyunturales -si bien de gran importancia simbólica, como fue la designación del candidato a la Presidencia de la República en noviembre pasado-.

En aquella ocasión, diez millones de miembros y simpatizantes del PRI se movilizaron para protagonizar un episodio histórico, pero que no cambia en lo fundamental la circunstancia autoritaria ni los padecimientos antidemocráticos de ese partido.

Para renovar al PRI, no basta que algunas decisiones que antes se tomaban solamente en las oficinas de la presidencia nacional de ese partido, o en Bucareli o en Los Pinos, sean definidas ahora en votaciones abiertas.

La elección de candidatos en urnas abiertas a todos los que quieran acudir a ellas, superficialmente puede ser considerada como un avance en el camino de la democracia partidaria. Sin embargo, en ocasiones esos comicios pueden llegar a ser mancillados con los recursos clientelares, de chantaje y autoritarismo más tradicionales. Varias de las elecciones del PRI han desembocado en nuevos desmembramientos y en una mayor erosión política de ese partido cuando los consensos internos no bastan para crear confianza en el voto de miembros y simpatizantes de ese partido.

 

4 Tiempos que cambian

Foto: Carlos Villavicencio

Así que cuando el candidato presidencial del PRI, que actualmente es el personaje más importante de ese partido, reconoce que no quisiera un escenario de derrota pero no niega que pueda ocurrir es claro que -como dijera el maestro Dylan- los tiempos están cambiando.

Vaya que cambian. Por primera vez en la historia mexicana, el PRI puede perder una elección presidencial. Eso no significa que el PAN y su pragmático candidato vayan a ganar el próximo 2 de julio.

Nadie sabe hoy, a ciencia cierta, si la mayoría de los electores hará ganar a Labastida, o a Vicente Fox. Esa incertidumbre es parte de los cambios mexicanos en los tiempos actuales. Y también, es reflejo de algunas de las cosas que no cambian.

El hecho de que asegure que una derrota suya llevaría al PRI a un proceso de examen y restructuración interna, pudiera ser un elemento más para querer que Francisco Labastida no gane los próximos comicios. Si de ello depende la eternamente postergada reforma del PRI, y si a partir de ese escenario los priistas pudieran tener un auténtico partido político, quizá entonces la derrota priista es más que deseable

Claro, eso si uno piensa solamente en la necesidad de que en México tengamos un verdadero sistema de partidos. Además hay que pensar en la nación, y en sus opciones de acuerdo con las posibilidades de que la gobierne uno u otro de los candidatos actualmente más competitivos.

El panorama, en tal sentido, no es halagüeño

Correo: rtrejo@etcetera.com.mx

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