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bahías Debate que sorprendió
Rafael Cordera Campos
Todo en los últimos días se ha referido al debate entre los candidatos a la Presidencia de la República. Casi todo, como algunos han corregido, porque en el país otros problemas, como el de la UNAM, están reclamando una atención que desgraciadamente no han merecido. Ahora, después del martes 25, también casi todo estará relacionado con lo que pasó en ese debate. Unos comentarios se referirán a las encuestas que en el momento se realizaron para conocer la percepción de diferentes sectores de la sociedad. Otros, tratarán de escudriñar en el impacto que los debatientes causaron entre la opinión pública. Cada cual expondrá sus puntos de vista dependiendo de cómo le fue en la feria, es decir, de acuerdo con el tipo de compromisos que ha ido adquiriendo con los candidatos de las coaliciones y partidos políticos. Si bien ese es un nivel del debate acerca del debate, legítimo por lo demás, ello no obsta para agregar algunas consideraciones que más que pretender vincularse con la búsqueda del voto, intenta abundar en lo que algunos han calificado como lo sustantivo, es decir, con el diagnóstico que existe de los problemas del país, con las propuestas que frente a ellos se hacen con el compromiso de resolverlos y, finalmente, con lo que se podría considerar como la base de un programa de gobierno para los siguientes seis años en México. El debate, pues, sorprendió. Aparecieron unos contendientes que demostraron tener ideas y propuestas acerca de varios temas y eso, sin lugar a dudas hay que reconocerlo y, por qué no, también agradecerlo. En ese sentido, dicho suceso fue una inyección de oxígeno a nuestra maltratada política. Que se hayan hecho consideraciones y proposiciones alternativas en materia de política económica y social, en lo que se refiere a la educación, el empleo y el salario, entre otros temas, nos dice que los candidatos y sus partidos y coaliciones políticas sí tienen que decir en cuanto a su manera de ver los problemas y pretender resolverlos. Otra cosa será lo que después del debate hagan los candidatos. Eso, con seguridad, dependerá de las lecturas que del mismo haga cada equipo. Por supuesto que no se trata de aquellas que dieron los voceros -sobre todo de los tres principales- apenas terminó el encuentro en donde cada candidato, según ellos, ganó sin lugar a dudas. No, lo que hay que esperar es el inicio de la nueva etapa, la que tratará de poner en acto las líneas de acción derivadas del balance que cada cual hace rumbo al 2 de julio. Entonces habrá que intentar la evaluación de las nuevas estrategias. Lo que está en juego es mucho y los actores lo han sabido siempre. Por eso hay que esperar que la parte sustantiva, la que se refiere a los planteamientos programáticos, sea correspondida con una dedicación mayor por parte de todos los candidatos. Con seguridad, lo que hemos vivido respecto de los dimes y diretes, las agresiones personales y demás, nos seguirá acompañando todo el tiempo. Pero hay que reconocer y subrayar que el conjunto que se presentó en el debate contribuyó de manera evidente a elevar la calidad democrática de la contienda. Entre todos hicieron de ese acto televisivo y mercadotécnico algo que superó las expectativas derivadas de un formato rígido que, se decía antes de que sucediera, "encamisaba" su desarrollo. Así, quienes lo vimos el día 25 pudimos constatar que hay competencia cerrada por el primer lugar y que continuará hasta el final. Que desde la pequeña dimensión y el corto tiempo de registro de partidos como el que encabeza Rincón Gallardo se puede avanzar. Como lo dijo Crónica el día 26: "... Rincón Gallardo, la sorpresa". En esas estamos, no hay nada definitivo por ahora. Lo único seguro es que las campañas van a volverse más intensas a pesar de que aún faltan dos meses. Lo que tampoco está asegurado es que los candidatos mantengan la calidad del debate público. Si los expertos en mercadotecnia se imponen en el sentido de que más gana votos el grito y el sombrerazo que el concepto y el programa, lo único que veremos será "más de lo mismo". Si por el contrario, la consideración principal es que, como creemos desde aquí, la sociedad reclama una calidad superior y que los aspirantes y suspirantes por los cargos de elección popular lo asuman, dedicando más tiempo a convencer de que son portadores de soluciones y compromisos claros, entonces se prestará la atención que se merece al proceso electoral. Si esto sucede, entonces estaremos aproximándonos a una elección realmente concurrida. Entonces sí, la jornada electoral del 2 de julio estará venciendo al abstencionismo. Y de eso precisamente se trata, entre otras cosas Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. Correo: rcc140@servidor.unam.mx |
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