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campañas en el interior El nuevo/viejo PRI
Gustavo Ogarrio
Después del debate y de su impacto massmediático, los ingenieros políticos del PRI midieron el trastocamiento de su partido en el imaginario político y la tendencia de algo que parece ser más que antipriismo puro, así como la posibilidad inminente de una derrota en las elecciones del 2 de julio. Tal situación ha generado una estrategia de emergencia que pone al descubierto las contradicciones más acabadas del priismo contemporáneo. En esta operación de salvación de la candidatura de Francisco Labastida, los principales convocados han sido los gobiernos estatales priistas y los grupos de alto poder y alcance económico y político en eso de obtener una victoria a como dé lugar, identificados con el viejo PRI. Labastida ahora se ve obligado a cerrar filas con lo más preciado del partido: una provincia priista atada aún a los cacicazgos y al uso indiscriminado de la mitología tricolor: acarreo multitudinario y tribal, condicionamiento en entrega de recursos de programas sociales a cambio de votos, embutes y chayotes generosos a los medios de comunicación o en su defecto coacción del lenguaje de la amenaza velada e incomprobable -como retiro de publicidad estatal de los medios, por ejemplo-. La sobrevivencia del nuevo PRI, paradójicamente, recaerá en el despliegue de la cultura política del jurásico PRI. A fin de cuentas, ésta parece ser una abstracción en la que se purifican las aguas de la corrupción interna y gubernamental, además de convertirse en una extraordinaria estrategia argumental con la cual se identifica a lo que históricamente va resultando incómodo para las corrientes hegemónicas del partido. Los síntomas de alarma se sumaron al cierre de filas en los medios electrónicos alrededor del PRI; según reporta el IFE se observan en el último mes inequidades de consideración en el espacio dado a las campañas, favoreciendo a Labastida, y cuya culminación escenográfica llega a su máximo punto cuando Martha Sahagún, coordinadora de la campaña de Fox, reclama abiertamente por vía telefónica, el lunes 1 de mayo, al conductor del noticiario nocturno de TV Azteca no haber invitado a algún foxista, además de recordarle los supuestos votos de imparcialidad sustentados por la televisora. El 29 de abril Francisco Labastida se reunió con gobernadores priistas en lo que puede ser considerada como la mayor de las amenazas simbólicas para la oposición, especial dedicatoria para Fox: si era lugar común señalar que el sistema echaría a andar toda su fuerza en favor del PRI, que Labastida defienda los derechos políticos de los funcionarios públicos del tricolor es en verdad una declaración de estado de sitio de su partido. Sin embargo, la operación rescate no se fundó únicamente en la verticalidad partidista ejercida con los gobernadores, sino que se empalmó en dos frentes harto incómodos para Labastida y la entelequia del nuevo PRI: el Tabasco de Madrazo y el Atlacomulco de los llamados dinosaurios priistas. Justamente un día después del debate, Labastida visitó el Estado de México, donde tuvo un acercamiento con lo que llamó "la clase política mexiquense", entre la que se encontraba Carlos Hank González. Del otro lado de los saldos labastidistas se encontraba el hoyo negro madracista, que había devenido desafío a la uniformidad vertical del PRI y causó incomodidad de mayor grado al partido: en la elección interna para el gobierno de Tabasco, ganó el favorito de Madrazo, Manuel Andrade, y logró derrotar al priismo del centro y su candidato, Arturo Núñez. Tal agravio sólo pudo ser olvidado vía la necesidad de cerrar filas ante el embate de Fox. Labastida disolvió, con un reconocimiento al cacicazgo madracista en Tabasco, la memoria de uno de los pasajes más oscuros en el lenguaje priista contra sí mismo. El PRI se reagrupa, reordena y defiende su tradición jurásica en el manejo y manipulación de lo imborrable, eclipsa los lances personales en público de su candidato para dar lugar al juego de espejos entre lo nuevo y lo viejo. El neopriismo es una máquina bien aceitada de simulaciones discursivas y prácticas verticales: la eterna promesa de cambiar para seguir igual y conservarlo todo Gustavo Ogarrio es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. |
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