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el navegante

El chat de los famosos

Julieta García González

Desde que los chats nos alcanzaron y la gente conoció, a través de ellos, una nueva forma de relacionarse en el terreno poco definido del ciberespacio, las empresas Web y los portales han querido explotarlos para llevar a las casas (u oficinas) de todos los interesados (u ociosos) lo que dice "en vivo y en directo" la gente famosa. Así, en breve, podremos charlar desde nuestras computadoras con toda la gente de Televisa vía www.esmas.com. En esmas.com podremos "chatear" con Adal, con la Tesorito, con los sobrevivientes de los noticieros. En los portales y en las empresas se anuncia siempre con bombo y platillo que ahora "platicaremos" con algún héroe popular o político. Pero, ¿qué nos aporta a nosotros este chateo? ¿Es un "chat" como los que vemos en los cuartos de Yahoo!, en los que aparentemente nada se filtra, todo aparece tal cual fue escrito, tan sólo dilatado por el tiempo que tarda en "caer" al ciberespacio? No, desde luego.

En estos chats con famosos hay una distancia todavía más grande entre el cibernauta y el "chateador". Usualmente, un moderador filtra las preguntas que entran a la charla. Hay instalado un sistema que permite que el moderador reciba todo lo que entra a la "sala" y que elija a cuál de los cibernautas quiere correr para siempre de esa conversación o cuál de las preguntas le pasará al invitado. Así, si una persona manda saludos muy personales o insultos, el invitado posiblemente nunca lo sabrá. Y tampoco será muy libre de decir lo que quiere, siente y piensa. Muchos usuarios utilizarán el nombre del invitado (en distintas versiones) como "user name"; otros, el de sus enemigos; unos más tratarán de encarnar (a través del espacio intangible de la red) posibles alter egos de la personalidad que está del otro lado de la pantalla.

El problema principal es que el invitado no podrá ocultarse en el anonimato. Es decir, perderá una de las características que permiten que los chats tengan el éxito que tienen. El invitado es él. De hecho, es más su propia persona que nunca, porque, a pesar del filtro y de la posible falta de visión del moderador, recibirá preguntas de no profesionales, de gente que no se dedica al periodismo y que preguntará (con saña o candidez) lo que realmente quiere saber del invitado: cuándo irá de gira a Tapachula, cuándo se volverá a teñir el pelo de rubio, cuándo escribirá un libro para niños, cuándo cantará con A o B, por qué lo corrieron de una empresa o por qué no se ha salido de su trabajo después de 30 años. Le preguntarán si es cierto que le gustan los menores o le dirán que qué fea salió en tal telenovela. E, incluso así, sometido a ese cibertribunal, el invitado también dejará de ser él.

Tales cuestionamientos no surgen entre los chateadores comunes y corrientes si su interlocutor es otro común de los mortales tan anónimo y vulnerable como ellos. No importa, entonces, qué tan verdaderas sean las frases que se apuntan en la Web, porque parte del encanto de la charla radica en la fantasía misma de conversar con alguien de quien no sabemos nada. Si dentro de un chat nos mienten y nos aseguran talento, riqueza, belleza, o nos impactan con sórdidas y lamentables historias familiares o personales, nosotros (los cibernautas), tendremos la libertad de elegir esa fantasía por las características que presenta o, precisamente por ellas, no elegirla. Este juego lúdico, un poco desquiciado, que se ampara en el anonimato y en la necesaria distancia, no funciona cuando el invitado a la charla es famoso. Su fama, su figura pública y conocida, modifica la naturaleza secretiva del chat. Además, la "entrevista" vía chat carece, también, de los atractivos que ofrece una entrevista televisada o radiotransmitida. En este sentido, el problema principal de estas charlas es que enfrentan nuevas tecnologías y métodos de comunicación con esquemas viejos. La gente preferirá buscar las revistas que revelen los secretos inconfesados de las estrellas o leer los últimos párrafos escritos por algún autor admirado, que entrar a una charla de dudosa calidad y posiblemente poco iluminadora

Julieta García González estudió Letras Hispánicas en la UNAM.Correo: julietaga@yahoo.com

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