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nostalgia Las momias del nuevo PRI
Julián Andrade Jardí
A unas horas del debate, en la patria política del grupo Atlacomulco, reapareció Carlos Hank González. El PRI histórico, aquel que vivió del privilegio autoritario, se reunió alrededor del candidato del cambio. Los mastodontes del Estado de México le rindieron pleitesía a quien puede ser su jefe, una hipótesis que se debilita con las encuestas y el paso de los días. De que habrá un cambio no me queda ni la menor duda, pero será hacia el Estado corporativo, a las ligas criminales dentro de las estructuras del poder público. Es el regreso de los duros, de los que hicieron de la política un patrimonio de clanes. Labastida, quizá aconsejado por Esteban Moctezuma, intentó un deslinde con la familia Hank. No le duró mucho el empeño y el profesor aportará "toda su experiencia" a la maltrecha campaña del aspirante tricolor. Lo que no queda claro es cómo llamarán a la transformación del país y a la lucha contra la corrupción con tamaños acompañantes. No deja de ser una desgracia que los afanes renovadores siempre topen con la necesidad de apuntalarse en los viejos priistas. Pasó con Salinas y con Zedillo y ahora vemos lo mismo. Salinas llamó al gabinete a Fernando Gutiérrez Barrios y se requirió de Ignacio Pichardo para que la campaña de Zedillo no naufragara. ¿Eran realmente necesarios? Quién sabe, pero lo cierto es que se requirieron sus servicios como en una especie de maldición bíblica. Se hacen los indispensables por los errores políticos y económicos. Pero no sólo ahí impera ese tufillo, basta ver la lista de aspirantes al Senado para intuir cómo será nuestro futuro si triunfa Francisco Labastida. Quizá son los saldos de un debate donde las cosas no les salieron del todo bien, o es un anuncio sobre la fuerza que tiene la campaña de Vicente Fox. Es probable que en las grandes ciudades exista una gran votación por la oposición y de ahí que el PRI tenga que recurrir a los operadores políticos de viejo cuño, esos que saben ganar elecciones en las comunidades más alejadas, donde no existe un debate adecuado y en el que la oposición sólo es un rumor. Es evidente que el nuevo PRI se extravió en un momento indeterminado después de su elección interna. El salto para atrás, hablando generacionalmente, ya era un mal anuncio, pero así lo determinaron quienes eligieron, en las urnas, al candidato. No sé quién ganó el debate, entre los dos punteros, porque es evidente que el mejor fue Rincón Gallardo, pero sí sospecho que la celebración priista será con personajes que fueron desterrados de la política con un gran esfuerzo. La lucha entre los modernizadores y los grupos conservadores no ha concluido. En los hechos inició desde diciembre de 1994, cuando vieron la oportunidad del retorno. No me hago muchas esperanzas, por ello mismo, sobre la civilidad en el próximo sexenio. Los desplazaron desde la época salinista y ahora están en su mejor forma, después de un sexenio de venganzas y de un grupo en el poder que se devoró a sí mismo Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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