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Para leer a López-Dóriga
Las formas de manipulación han cambiado

Irving Berlín Villafaña

Joaquín López-Dóriga
Foto: Jorge Claro/Contraluz

Hace algunos años, en 1988 para ser precisos, escribí un artículo en el Diario de Yucatán donde destejía algunos hilos de lenguaje utilizados por Jacobo Zabludovsky para generar formas desvirtuadas de la realidad, cuya enunciación tenía claves implícitas para lecturas preferentes. El noticiario, los modos de presentar los hechos y los apoyos corporales como actitudes, gestos y sonrisas eran parte del capital utilizado por Zabludovsky en su tarea de construir tendencias en la opinión pública o desvirtuar los hechos declarados. Una década después, la técnica de la desinformación televisiva está combinando tanto la centralidad del presentador como un nuevo diseño estructural del discurso noticioso. Joaquín López-Dóriga tiene ahora la estafeta.

El noticiero nocturno de Televisa que -a la entrada de López-Dóriga subió cinco puntos de rating respecto del transmitido por Guillermo Ortega- presenta un formato diferente del que ha prevalecido en la televisión mexicana y está más cercano al trabajo radiofónico. Se trata, en lo relacionado con la voz conductora, de la presentación de hechos con un rostro serio, adusto; con voz seca, agria y hasta con problemas de dicción, combinando enunciados largos con remates coloquiales al pie de la información central, misma que es recreada estructuralmente con un seguimiento argumental que da espacios a tirios y a troyanos; a protagonistas y antagonistas de los conflictos sociales. A diferencia de épocas pasadas cuando la técnica manipulatoria pasaba por el aislamiento de las declaraciones y la descontextualización de las noticias, hoy presenciamos hechos noticiosos presentados como secuencias dramáticas donde la tensión teatral no está exenta: el hecho detonante se cuenta por los propios actores en vivo y los acusados, antagonistas, coadyuvantes o actores paralelos tienen también espacios oportunamente fijados mediante entrevistas telefónicas e imágenes directas. El debate está siempre presente en el cuento. Se oyen las voces de diversas instancias simulando una gran pieza teatral donde la democratización y pluralidad de las lecturas sobre la realidad está presente. ¿No era eso lo que exigía la sociedad mexicana en la década de los 80? ¿Mayor participación de voces emergentes, crítica, debate y pluralidad del hecho informativo?

Respecto de las técnicas de Zabludovsky hay, evidentemente, un avance. Los espacios se nutren con opiniones contrarias y los actores que se oponen a la verdad hegemónica tienen la posibilidad de expresarse. Algunas veces ganan importantes sectores de la opinión pública si tienen las habilidades del discurso, la presencia y la oratoria. La noticia se ha convertido en historia cotidiana. No obstante, las críticas que vienen haciéndose al nuevo estilo del telediario de Televisa se relacionan con la paciencia de la audiencia y con la distribución narrativa del conflicto. En el primer caso, se anticipa que los niveles de rating pueden descender en la medida en que la historia central requiere de mayor tiempo para conocer su desenlace y que oyentes ansiosos pueden no percibir la tensión dramática y cambiar de canal antes de terminar la secuencia informativa. El segundo tema es más importante: se editorializa mediante la distribución de los oponentes en el discurso. Es decir, la noticia se presenta como un cuento, donde la posición y la defensa del protagonista -previamente fijado en las mesas de redacción, que al decir de columnistas como Granados Chapa, están llenos de conexiones estructurales con el sistema político- puede ser más importante que los que asumen la posición de ataque. El modo, pues, como se hilan las secuencias permite comprobar hipótesis, descartar premisas y acercarse a una conclusión lógica una vez escuchados todos los puntos de vista.

Las formas de la manipulación han cambiado. No se trata de aislar las declaraciones, de sustituir las voces de los contrincantes por la voz de un locutor o de plano de negar sus puntos de vista sobre la realidad. Se trata de seguir las recomendaciones que todo estudiante de periodismo sabe cuando elabora un reportaje de tesis: encontrar las declaraciones útiles y las posiciones débiles de ataque, de modo que al final se pueda demostrar la validez de una idea central.

Esta técnica resuelve la necesidad de mayor pluralismo y presencia opositora en los programas informativos y la dicotomía, nunca respetada en el periodismo nacional, de mantener separados los hechos informativos de la expresión de las opiniones. Inaugura una época más sutil, donde habrá que saber leer estructuralmente la construcción de los relatos. La opinión está mezclada con el diseño del conflicto y no se explicita sino como una conclusión lógica de los antecedentes. En ese remate es donde es más importante el conductor y su omnipresencia. El nuevo formato requiere audiencias más hábiles y críticas que deben poner la atención en los criterios de la agenda periodística, los intereses que ocultan o exhiben; las razones de la presencia noticiosa y la construcción de las conclusiones de los nuevos cuentos televisados en que se ha convertido la realidad nacional

Irving Berlín Villafaña es periodista.

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