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teatro

La casa del incesto

Gabriel S. Rovirosa

Anaïs Nin

"No hay nada más doloroso que el desprendimiento", es una de las inevitables y contundentes conclusiones a las que nos lleva en su conjunto el discurso cruzado de los amores incestuosos de seis personajes arquetípicos, modelos surgidos del mundo literario, social y cultural de Anaïs Nin. Terrible realidad, paradoja insalvable que resume una vida como la de una mujer que se negó a vivir encasillada, y sobre la cual -a partir de su novela La casa del incesto, publicada en 1936- Georgina Tabora traduce y adapta en este montaje.

Escenario encuadrado en un espacio sonoro y visual de reminiscencias oníricas, los fantasmas de Anaïs Nin deambulan recitando sus miedos y deseos, actuando su propia vida, valga la expresión. Obra eminentemente discursiva, la propuesta de Tabora sucede distanciada de cualquier referente inmediato reconocible. Es como un eco lejano, repetido en sí y por sí mismo. Y así, en este entorno de sonoridades y superficies traslúcidas suspendidas en el tiempo que es el escenario físico, el incesto como una forma de amor posesivo en lugar de ser una pasión liberadora se convierte en prisión a pesar de surgir en el contexto del vitalismo que animaba la vida de la artista estadounidense, en comunión con otros autores cuya literatura y vida misma estaba hecha de desesperación y de transgresión permanente.

Como se señala en el programa de mano de la obra: "El incesto, a veces físico, a veces psíquico, se presenta como un fenómeno de posesividad y dominio producido en la prisión del narcisismo y cuya única salida es posible gracias al desprendimiento de las almas. Para ello es necesario renunciar a las murallas que, por pánico, construye el egoísmo". No basta romper con las barreras que la sociedad impone al individuo, es necesario también traspasar las barreras que uno mismo construye a su alrededor, parece ser el axioma al cual La casa del incesto nos remite a fin de cuentas.

A la indudable calidad de los actores y de la dirección se suma un escenario no convencional y un movimiento escénico muy atractivo y sugerente. No obstante, la obra peca de discursividad excesiva aplastando todo en un solemne recitamiento, y los personajes quedan reducidos a meros dibujos, rasgos que funcionan como ejercicios actorales de aproximación

La casa del incesto. Dir. Hilda Valencia. Con Georgina Tabora y Emma Dibb, entre otros. Teatro El Granero.

Gabriel S. Rovirosa es narrador y ensayista, investigador en el CITRU.

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