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Territorio de modernidad

Gustavo Ogarrio

Vista como un conglomerado más o menos identificado de ideas, creencias, instituciones, preceptos culturales, formas de socialización, imperativos políticos y tradiciones, el concepto de modernidad parece encontrar desde hace algunas décadas su límite como noción aglutinadora y como estructura de significado. Según esta versión, asistimos a la profunda inflexión de una de las ideas más poderosas de Occidente, la cual ha cohesionado y regulado sus prácticas culturales, la crisis no sólo de un concepto sino de toda una experiencia civilizatoria.

En este mar de planteamientos, Era publicó la segunda edición del sugerente y vertiginoso libro La modernidad de lo barroco, de Bolívar Echeverría.

Profesor e investigador de las facultades de Filosofía y Economía de la UNAM, Bolívar Echeverría ha perseguido obsesivamente los relieves del concepto de modernidad desde la perspectiva de una teoría crítica del capitalismo. Ante los argumentos que sitúan a la experiencia cultural de la modernidad como un bloque de creencias y actitudes más o menos homogéneas, aun considerando sus contradicciones fundamentales, el autor plantea la posibilidad de modernidades alternativas, es decir, postula la inexistencia de una sola modernidad, unívoca, y sugiere una apertura del concepto fundada en el rastreo histórico de modernidades o tipos de racionalidad silenciadas por la ilusión de una modernidad única, esta última identificada como realista-capitalista.

En este planteamiento, el barroco aparece como experiencia que desborda el horizonte de la historia del arte para convertirse en una condición fundamental de la historia de la cultura moderna: un ethos barroco.

La obra del filósofo ecuatoriano se distingue por la convicción de diversificar la memoria del edificio vivencial y conceptual de lo moderno, realizando una labor de vital importancia: reorganizar la tradición y conceptualización del pensamiento crítico en América Latina sobre el fenómeno del capitalismo. Echeverría argumenta que han existido al menos cuatro tipos de modernidad, o de ethos (maneras de construir el mundo de la vida): el romántico, el clásico, el barroco y el realista. Todos ellos conviven complejamente y no se suceden históricamente de manera lineal sino que se contradicen, modifican e incluso se incuban culturalmente para manifestar en épocas posteriores.

Uno de ellos, plenamente identificado por Echeverría, es el ethos barroco, y que lejos de definirse como un fenómeno artístico de "estetización exagerada" es posible visualizarlo históricamente como un territorio de la modernidad que se contrapone al capitalismo: "Consiste en una estrategia para hacer `vivible` algo que básicamente no lo es: la actualización capitalista de las posibilidades abiertas por la modernidad".

Para Bolívar Echeverría, el valor de una modernidad barroca es su actualización como relato crítico de la condición moderna; un tipo de racionalidad donde lo moderno pluraliza su definición al tiempo de abrir espacios y territorios donde la "sabiduría barroca" enfrenta los límites y agravios de la nueva quimera del realismo economicista: una estrategia cultural ante la noche del neoliberalismo, por definición unívoco, acrítico y autoritario

Bolívar Echeverría, La modernidad de lo barroco, México, Era, 231 pp.

Gustavo Ogarrio es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

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