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Debate
La intolerancia y el micrófono

Rafael Cordera Campos

Sala de Prensa
Foto: Arturo Fuentes

Algunos de nuestros políticos con proyección nacional, no pocos por desgracia, apenas están frente a un micrófono y no dejan pasar un solo minuto para mostrarse como partidarios radicales de la intolerancia. Eso representa un enorme contraste con la vocación y el compromiso que dicen tener con la democracia.

Unos han puesto en cuestión a alguna o varias autoridades electorales. Lo hacen para llamar la atención, por indicaciones mercadotécnicas o por afanes políticos. En otros casos, la intolerancia aparece cuando se refieren a los adversarios con quienes compiten para ganarles, sea en el plano local o federal. Solamente expresan calificativos para denigrar al contrario. Las reglas de la democracia, las leyes que deberían ser la principal referencia compartida, en ocasiones son ignoradas y en otras señaladas como negativas. No menos les ha pasado ya a las autoridades en materia electoral.

Si eso es el prolegómeno principal del próximo debate entre candidatos a la Presidencia de la República, difícilmente saldrá algo bueno de ahí. Si no hay ideas y proyectos alternativos en ese encuentro, si no son capaces los personajes centrales de exponer lo que representan y los proyectos que pretenden convertir en actos de gobierno en los próximos seis años; si no convencen a la ciudadanía de que conocen los principales problemas del país y tienen propuestas de solución de los mismos, entonces sí que sus políticas, sus actos e ideas, podrán tener mucho de lo que quieran, pero no podrán considerarse como acciones pedagógicas que sirvan para educar y difundir una cultura democrática.

Y es que a la política, en particular la democrática, solamente se le puede entender en la perspectiva pedagógica, en la que también se incluye la tolerancia. Si va a haber debate, como estamos casi seguros, éste debería ser un acto de enseñanza donde se hable de problemas nacionales y se presenten con claridad las alternativas de solución. Si todo va a ser mercadotécnico, entonces difícilmente los candidatos en su conjunto podrán convencer a los ciudadanos que vale la pena votar por ellos.

En ocasiones el conjunto de nuestros políticos y las organizaciones a las cuales pertenecen dan la impresión de no formar un conjunto o, como se ha dicho siempre, un sistema. Si alguien quiere aparecer como de oposición habla y señala de manera negativa al "sistema". Uno no sabe si se refieren al sistema de partidos ni mucho menos si se toma en cuenta la pluralidad política realmente existente. Esa que nos habla de composiciones plurales en los ejecutivos y legislativos estatales, en el Congreso de la Unión, etcétera.

Y junto con esa impresión uno se pregunta también cuánto tiempo nos hará falta para que nuestros políticos asuman la pluralidad y, por lo tanto, se puedan volver tolerantes. El otro, para ellos, es el enemigo que no el adversario y hay que anularlo y, si se puede, aplastarlo. La diferencia no se entiende y menos se asume. La exclusión es la regla. El consenso se identifica solamente con la mayoría y el "mayoriteo". Los derechos de la minoría ni se piensan en las perspectivas particulares. La imposición se ve como fruto legítimo de la negociación. "Negociamos", parecen decir, si de entrada estás de acuerdo conmigo.

Todos han declarado y subrayado que son partidarios del Estado de derecho y, en diversas ocasiones, algunos han cuestionado a alguna autoridad electoral o, en otros casos, han querido disminuir la importancia de alguna ley o precepto legal.

¿Qué de pedagógica tiene cualquiera de esas actitudes? ¿Qué se le puede aprender a quien habla y actúa así? Nada, definitivamente nada. Hasta nuestros días poco dejan ver nuestros políticos en una perspectiva democratizadora y, por lo tanto, pedagógica y tolerante. Y esto sí que debería preocuparnos a todos, a quienes hacen la política y quieren imprimirle cierta dirección al país y a quienes estamos interesados en el desarrollo político y democrático de la nación.

Cuando el lector tenga en sus manos este ejemplar de etcétera, el debate ya se habrá realizado y se podrá concluir acerca de sus servicios para inyectarle otras formas al desarrollo político de México. Sabremos también de las capacidades de cada uno para sobreponerse al atractivo del calificativo fácil y del señalamiento sin fundamento. Sobre todo, estaremos en posibilidades de acercarnos a una valoración que nos permita por lo menos suponer si hay hombres de Estado en la perspectiva. Si se va a poder enfrentar la problemática que se nos está anunciando desde ahora... o si no

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.
Correo: rcc140@servidor.unam.mx

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