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cuentas claras
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El lugar más peligroso del planeta
Ricardo Becerra
Una de las ilusiones más caras y difundidas -luego de la caída del Muro de Berlín- fue ésta: el mundo se ha librado del mayor peligro. Con una de las superpotencias hecha añicos, ya no puede haber una guerra nuclear. Pero resulta que es completamente falso: han crecido las posibilidades de que una bomba estalle. No es una especulación hollywoodense. Lo informó John Carlin, en El País (23/IV/2000): en septiembre de 1999 el Consejo Nacional de Información presentó ante el Congreso de Estados Unidos un informe dramático sobre la situación política, geoestratégica y militar de las armas nucleares. La conclusión es ésta: "La probabilidad del uso de misiles balísticos contra fuerzas, intereses o aliados norteamericanos ha aumentado en un nivel, incluso superior, al experimentado durante la mayor parte de la guerra fría". Pero hay más: "...la amenaza nuclear no es exclusiva para Estados Unidos...los casos de `fugas nucleares` en Rusia se han multiplicado, el Ministerio del Interior ha admitido 14 casos, pero la mafia y los gobiernos de Irán, Irak, Pakistán e India están dispuestos a pagar grandes sumas por la tecnología y los insumos nucleares". Incluso, dice el informe: "Los objetivos ya no tienen por que provenir del aire; los `maletines nucleares` fácilmente introducidos por tierra a través de la ancha frontera con Canadá o México se han vuelto un problema central de la seguridad estadounidense". Da escalofrío sólo pensar que las poderosas y locas mafias o grupos terroristas anden circulando por aquí con carros bomba nucleares, pero eso es justamente lo que subraya el informe: "las fugas nucleares", las bombas de maletín, son un problema de alta prioridad en los próximos 15 años. Pero lo peor de todo es que la carrera nuclear continúa: India y Pakistán son los últimos países que en mayo de 1998 han hecho su prueba atómica: uno en respuesta al otro, ¿la razón? el conflicto territorial por la región de Cachemira y su histórica división religiosa. Pakistán ya tiene 15 bombas, India 80, las suficientes para destruirse mutuamente cuatro ciudades importantes por bando. Ambos países han gastado en esta carrera 15 mil millones de dólares, y gracias a ello, han vuelto a su región "la más peligrosa del planeta", como lo admitió hace unos días el propio Bill Clinton. Y es que su disputa no tiene nada de "local". China, la otra superpotencia nuclear, tiene compromisos defensivos con Pakistán, además de una larga lista de agravios contra India debido a sus propios conflictos fronterizos. Irán, otro país limítrofe en la zona, presume estar muy cerca de tener la bomba, y las naciones musulmanas Uzbekistán y Tayikistán -hermanas de Pakistán- cuentan con sus propios arsenales heredados de su época soviética. India no está sola: Rusia es su principal aliado político y comercial, tiene la capacidad destructora suficiente para hacer volar a Pakistán y sus vecinos -Alá los proteja- en pocos días. El FMI calculaba en 1998 que el mundo en desarrollo (incluida China, excluida Rusia) gastaba más de 30 mil millones de dólares al año en su atómica puesta al día. Otro expediente de irracionalidad económica y política con consecuencias funestas: cada vez son más los países que abandonan la esperanza de la no proliferación y se ven impulsados a armarse, con tecnología nuclear, por la amenaza de que otros, sus peligrosos vecinos, lo hagan antes. Eso lo repetirá Rolf Ekeus, el sueco, enviado por la ONU, que inspeccionó los arsenales nucleares en Irak y abrirá la Conferencia para el Desarme, en Nueva York, esta misma semana. Los embajadores ante la Conferencia acuden con cara sombría a un encuentro lúgubre: la más pequeña de las bombas que posee Pakistán pueda incinerar, en un instante, a cien mil personas, y en esa ruta destructora va Irak, Irán, Corea del Norte: la carrera nuclear no ha sido detenida, se fugó hacia el Tercer Mundo Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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