etcétera el país el mundo dinero columnas
ciberia gente medios ensayos
mañana libros cultura espectáculos
etcétera

el mundo

real politik
Teremato.com
María Cristina Rosas

personal
Elián González
María Cristina Rosas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

textos

Fidel Castro y los réditos internos

Oscar Raúl Criollo

Elián González
Foto: El País

No hay más remedio que darle a Fidel Castro el crédito que merece: denle un conflicto externo con la potencia hostil que tiene apenas a 140 kilómetros de las costas cubanas y -antes que después- le sacará un rédito interno y le causará un dolor de cabeza, casi siempre también doméstico, a Washington. El del balserito Elián González es apenas el último de los casos que justifican esa observación, que han hecho muchos de los que estudiaron la política exterior de la revolución.

Es interesante destacar cómo esa tradición política cubana se expresa en este caso. Dos artículos publicados en la edición del 23 de abril por The New York Times tienen elementos reveladores: en uno de ellos, un portavoz del Servicio Nacional de Inmigración -la agencia policial que sacó al niño a punta de pistola de la casa de los familiares que lo retenían hace cinco meses- se lamentó de que cumplir con la ley reuniendo a Elián con su padre vaya a suponer "un rédito publicitario para Castro". Este resultado no es gratuito u ocasional; es exactamente el que buscaron durante la larga puja Castro y su principal negociador en el caso, el histórico Ricardo Alarcón, que tiene experiencia en torcer la suerte de Estados Unidos en la diplomacia bilateral. El segundo es un largo artículo de Tim Golden, prestigioso periodista investigador, sobre la "saga" de los González, publicado en la revista dominical del diario, para el que trabajó en Cuba y Miami. El texto de Golden revela que "Castro les dijo a sus visitantes, en fecha tan temprana como diciembre pasado, que esperaba que el caso se arrastrara (sin solución) durante varios meses", lo que llevó a Golden a concluir que "(Castro) lo manejó de acuerdo con esa estimación". "Apenas semanas después de su rescate en el mar, Elián se había convertido en el mayor símbolo revolucionario desde el Che", señala el autor.

Lo del niño toca, por sobre toda otra, una cuerda emocional. Pero esto no debería hacer perder de vista el encuadre político y lo que representa como continuidad para Cuba: promoviendo la insurgencia en América Latina en los 60 y 70, o bien abriendo las puertas de la emigración irregular (crisis de los balseros de 1979) o negociando el aporte de capital europeo, canadiense y mexicano más allá del embargo de cuatro décadas, ninguna decisión externa de La Habana ha sido puntada dada sin hilo interno. La crisis de los misiles de los años 60 -que colocó al mundo muy cerca de una guerra nuclear- fue el momento más intenso de esas arriesgadas apuestas cubanas. Lo que hoy se conoce sobre aquel momento en que se enfrentaron, en el juego de la gallina, John Kennedy y Nikita Jruschov, es asombroso: Castro, parece, hizo parpadear primero a los dos líderes de la guerra fría con unos misiles soviéticos en su territorio que ni siquiera habían sido montados en sus lanzaderas. A cambio logró un pacto soviético-estadounidense que garantizó la supervivencia del Estado socialista cubano.

Es siempre la misma metáfora la que busca Castro: la del pequeño David caribeño contra el Goliath anglosajón y, en esta misma medida, el anciano revolucionario está acostumbrado a recoger simpatías en las regiones más alejadas de Cuba. Hoy, porque en una época en que casi todo el mundo parece haber sido domesticado con éxito por Estados Unidos, La Habana sigue mostrando cierta independencia funcionalmente exitosa. En cuanto al dolor de cabeza doméstico para los estadounidenses, el de Elián no será menor. Después del dramático operativo policial de rescate del niño en Miami queda una pregunta por responder, se relaciona con la vigencia de las garantías individuales y colectivas que los estadounidenses guardan como los rasgos más preciados de su sistema democrático. Aunque haya sido jurídicamente incuestionable, ¿puede la fuerza del Estado irrumpir en un domicilio privado a punta de armas sin orden de allanamiento de un juez? Este debate es otro de los "obsequios" de Castro a sus adversarios estadounidenses que, convengamos, a la hora de "recibir" siempre se las ingenian para estar en el lugar menos cómodo

Artículo tomado de El Clarín digital, Buenos Aires, publicado el 24 de abril de 2000.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores