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Francisco Báez Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

primera plana

El imperio de los sentidos

Marco Levario Turcott

Francisco Labastida
Foto: Salvador Castellanos/Silva

Situémonos en este hecho (el autor de esta columna lo conoció a través de La tiranía de la comunicación, escrito por Ignacio Ramonet):

El 5 de febrero de 1998, en Italia, un programa televisivo llamado Mixer marcó un momento importante en la historia de la pantalla. El conductor Gianni Minoli anunció la difusión de un "documento de primer orden". Lo narra así el director del mensual Le Monde Diplomatique:

"La confesión del juez Sansovino, que reconoció haber falseado, con la complicidad de otros miembros del tribunal electoral, los resultados del referéndum de 1946, que permitió a Italia abolir la monarquía y constituirse como una república.

"Al final de la emisión, y cuando el país entero se hallaba conmocionado, Minoli develó la superchería: el juez era un actor, los `documentos antiguos` en blanco y negro habían sido rodados en un estudio con figurantes. En resumen, todo era falso, salvo la profunda emoción experimentada por millones de telespectadores. `Quisimos mostrar`, concluía Gianni Minoli, `cómo puede manipularse la información televisada. Hay que aprender a desconfiar de la televisión y de las imágenes que se nos ofrecen`."(1)

Miro y luego siento, ¿cuándo comprendo?

Impactante y dramático, el episodio es también ejemplar de la influencia que tiene la televisión. Hay otro hecho, ocurrido en México hace poco menos de diez años, cuando sucedía la guerra del Golfo Pérsico. La diferencia es que éste no fue premeditado, sino expresión viva del poder de la pantalla y los riesgos que hay si a través de ella está una persona que no sabe lo que dice y sólo dice lo que siente. Y que, además, no puede contener sus impulsos.

La transmisión fue en el telenoticiero 24 Horas, entonces el programa de mayor audiencia en el país, conducido por Jacobo Zabludovsky. La reportera Erika Vexler estaba en Jerusalén, justamente cuando las fuerzas iraquíes comenzaban una ofensiva. De pronto dijo frente al micrófono: "¡Es un ataque nuclear, Jacobo, nuclear!".

Como sabemos, esto no fue verdad, para fortuna y tranquilidad del mundo y, particularmente, de los millones de ciudadanos mexicanos que, aunque haya sido por instantes, tuvieron el alma en un hilo gracias a la lección involuntaria de la influencia de la televisión ofrecida por la señora Vexler.

La certeza de la imagen

Si los media dicen que algo es cierto, es cierto, aunque no sea verídico. El reportero en el lugar de los hechos da la sensación de que estamos ahí, en el centro de la historia, la imagen lo demuestra, no miente, seduce, obsesiona, indigna o entusiasma, atrapa y seduce. Todo eso y más se extiende cual brazos electrónicos que invaden la comunicación y la convierten en un estado de ánimo. Esto no es privativo de la televisión, lo dijimos la semana pasada, ocurre cada vez más en el cuadrante y la prensa escrita. ¿Cuántos se quedaron atónitos cuando a través de esos medios se informó de un (supuesto) nombramiento en favor de Ramón Aguirre? Pocos fueron los periodistas que, antes de ofrecer el parte informativo, verificaron la autenticidad del mismo.

Pero los sentimientos tampoco son exclusivos de la gran audiencia, porque los constructores -políticos y periodistas- son también beneficiarios y víctimas. Ganan cuando montan un espectáculo dantesco, la televisora, el rotativo o la estación de radio que más imaginación hubieran tenido para eso; gana el candidato que más y mejores trampolines verbales haga (en tal escenario, pierde la sobriedad y la mesura). El éxito, sin embargo, es efímero. Pierden todos a la larga cuando en la cruda después del jolgorio los vasos rotos tienen la forma del descrédito. En este escenario, el ciclo se completa con más sentimientos que deambulan en el territorio devastado del desencanto y la frustración.

Veo, escucho y callo

"Yo sí te veo, yo sí te escucho", dice uno de los candidatos a la Presidencia. Es el eslogan de campaña, el impacto publicitario más que el argumento razonado. Mientras tanto, la pregunta queda en el aire: ¿el político entiende, sabe y puede atender las demandas sociales? Los cómo están en otro plano, la intención es suscitar el entusiasmo. Igual ocurre con el personaje pisa tepocatas, alacranes y víboras negras. El estilo se extiende y sólo tiene éxito lo que impacta, como adujera Gabriel Zaid en la edición de este mes de Letras Libres, sin que se tome en cuenta la calidad del producto (cultural, político o de cualquier otra índole); importa sobre todo que la cosa vuelta imagen se traduzca en votos, audiencia o venta de ejemplares. En el contexto electoral, sufragios contantes y sonantes, resultado ora de la advertencia -yo no represento riesgos, estén tranquilos- ora de la epopeya -acabar con los malos que durante 71 años han sido la dictadura en México-. Así, la "V" de la victoria es también la del video

Nota

En este excelente libro, Ignacio Ramonet recuerda que este pasaje, "una lección moral", era necesario después de la revelación de fines de enero de 1990, sobre las imágenes atroces de las fosas de Timisoara en Rumania, que resultaron ser un montaje, "en el que los cadáveres alineados bajo los sudarios no eran víctimas de las masacres del 17 de diciembre, sino cuerpos desenterrados del cementerio de los pobres y ofrecidos de forma complaciente a la necrofilia de la televisión".

El periodista francés comenta otros casos para documentar la presencia del drama como sustituto de la información. Durante la crisis de Irán, comenzando 1980, "con motivo del secuestro de unos rehenes norteamericanos por parte de los estudiantes islámicos en el edificio de la embajada de Estados Unidos de Teherán, una multitud de curiosos adquirió la costumbre de congregarse ante las rejas de la embajada (...) El ambiente era relajado y pacífico. Pero bastaba la aproximación de una cámara de televisión para que la atmósfera cambiara completamente: los rostros se inmovilizaban y alzaban los puños. Como habrían hecho los extras profesionales de superproducción cinematográfica, después de una pausa para tomar el café...".

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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