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Estrellas fugaces
Marco Levario Turcott
La sobriedad y la exposición analítica a menudo es víctima de los medios, por eso hay políticos que pueden salir beneficiados cuando acceden a formar parte de los patrones del espectáculo. Las reglas del encuentro y el formato televisivo escamotearon la utilidad de lo que hubiera sido un auténtico intercambio de ideas. En vez de eso, la rigidez, los desplantes y la precariedad analítica reflejaron bien la principal inopia de esta campaña electoral que es el menosprecio de las propuestas y el relieve de las emociones. Por eso, en el llamado "debate" los candidatos presidenciales apostaron a las cámaras su buena o mala estrella, con el objeto de suscitar emociones más que reflexión en el potencial votante. El cambio que por arte de magia -y no de la política- modificará las cosas (Vicente Fox); la continuidad para hacer los cambios con certidumbre (Francisco Labastida); el dúo dinámico que busca las mismas patrañas en contra del país (Cuauhtémoc Cárdenas); los rencores de Camacho y la impostura de Muñoz Ledo. Tales fueron las coordenadas de los abanderados presidenciales que predominaron de un modo tal que los llamados a la sensatez y el buen juicio de Rincón Gallardo lo hicieron destacar por excepción a los otros. Por eso, aunque malo como espectáculo, al final el encuentro fue sólo eso y su saldo: un espacio para momentos de exaltación más que para la reflexión. Si los hemos conocido por sus deseos e imprecaciones más que por las propuestas, la exposición mediática puede ayudar a conocer el carácter y la claridad expositiva de quienes aspiran al máximo cargo del país. En modo alguno, empero, servirán para determinar un viraje en las preferencias electorales que hasta ahora han logrado concitar los candidatos Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. |
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