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la hidra

En campaña
Tras la consigna correcta

Jaime Ramírez Garrido

Gilberto Rincón Gallardo
Foto: Luis humberto González/Silva

"No hay días laborables ni festivos. Se duerme, pero se descansa poco. A veces, y siempre en los momentos más insospechados, queda uno libre: una película por la tarde, una cena a medianoche. Y hay otros instantes, meramente transitorios, en los que la mente se aleja del podio y se fija en el padre y el hijo que juegan a la pelota de espaldas a la multitud en medio del parque. De repente cae uno en la cuenta: ¡caramba, es sábado! O mira por la ventana de un hotel y ve a una pareja de ancianos que pasean cogidos de la mano, vivos aún el uno en la mente del otro en lugar de compartir simplemente el espacio y el tiempo, de aguantar el tirón. La campaña, con todas sus proclamas sobre el destino, la crisis, la misión encomendada, se desvanece y uno recuerda que hay otra gente que se limita, simplemente, a vivir la vida. Su normalidad llega a parecer un reproche, hace daño a la vista, como salir de una sesión matinal de cine y encontrarse en pleno día y con un sol radiante. Luego se pasa". El autor anónimo -aunque ya sabemos que se trata de Joe Klein- de Colores primarios describe así la vida desde una campaña electoral.

Coincido en todo con este autor. Pero además del ritmo demencial que impone la planeación exhaustiva de cada día y la valoración cotidiana de la estrategia general existe una angustia permanente.

Un compañero de partido me dice que desde que comenzó la campaña duerme como un bebé; ¿cómo un bebé?, le pregunto, pensando que el agotamiento de cada día hacía que en las noches se alejara de toda preocupación. Sí, como un bebé, me contestó, me despierto cada tres horas llorando.

Esta angustia proviene, en la mayoría de los casos, de la incertidumbre; de pensar que con el mejor candidato, la mejor plataforma, el mejor equipo y la mejor estrategia siempre faltarán recursos para llegar a los electores.

La conclusión a la que llegó Adolfo Aguilar Zinser cuando participó en la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994 explica muy bien ese temor: "No obtuvimos los votos que necesitábamos, pero no los obtuvimos porque era imposible lograrlos, sino porque lo que debimos hacer para obtenerlos no lo hicimos o lo hicimos mal y parcialmente". Y más adelante en Vamos a ganar, escribió: "La dimensión concreta de nuestra derrota se deriva de este razonamiento: no perdió nuestra causa, perdió la estrategia que adoptamos; no perdieron nuestros ideales por ser menos sólidos y consistentes, perdió nuestra manera de procurarlos". Esa angustia se vive con una intensidad proporcional al vértigo que producen las subidas y bajadas de los indicadores de la recepción de nuestro mensaje y de la intención de voto en nuestro favor.

Sin embargo, nada es comparable a ver a un auditorio de pie, realmente emocionado, aplaudiendo a Gilberto, a la emoción al resolver una alianza local, al encontrar la consigna correcta para el lugar indicado.

Y, sobre todo, uno saborea con esperanza el momento en el cual la angustia cese ante el resultado oficial

Jaime Ramírez Garrido es subcoordinador general de la campaña de Gilberto Rincón Gallardo y candidato suplente al Senado por el Partido Democracia Social.

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