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nostalgia Ignorancia e ilegalidad
Julián Andrade Jardí
Silva Herzog no es Silva Herzog. Para el PRD, amante de la legalidad y las buenas costumbres, el candidato del PRI es Jesús Silva Flores. Supongo que cuando le pedían ser su candidato presidencial eran igual de maniáticos. -Señor embajador Silva Flores, ¿quiere ser nuestro abanderado a la Presidencia? Silva Herzog se confundía. ¿Quién será ese señor Flores? El equipo de Silva Herzog preveía que algo así podía suceder, por lo que iniciaron un juicio en el registro civil para cambiar el apellido. No contaban con los funcionarios del sol, abnegados defensores de la justicia, que por primera vez en la historia apelaron la decisión de un juez. Silva Herzog cambió su nombre hace años, pero nunca lo formalizó. No creyó necesario probar su abolengo y tenía razón, pero no contó con el PRD. Ahora el candidato priista está impugnado. La respuesta, a todas luces desproporcionada, no es sino una venganza por los alegatos panistas y priistas sobre la residencia de Andrés Manuel López Obrador. En el caso de Jesús Silva Herzog las cosas no prosperarán, pues es absurdo señalar que no es quien dice y estos juicios, en otras instancias, ajenas al gobierno del DF, son un simple trámite. La residencia de Andrés Manuel, en cambio, es un asunto más delicado. Compañeros de su partido fueron quienes iniciaron el mitote hace unos meses. Pablo Gómez decía que era un error postularlo, porque se podía caer su candidatura. Nadie lo escuchó y la aplanadora cardenista hizo lo propio. Ahora la impugnación está en el Tribunal Electoral del DF. La composición de dicha institución garantiza, al menos, que se tenga que dar una discusión profunda sobre el asunto. Hace unos meses el PRD intentó que los magistrados suplentes de esa instancia se convirtieran en miembros de pleno derecho, con lo que el PRD tendría una mayoría indiscutible en ese órgano de justicia. Las cosas no prosperaron. Varios magistrados se opusieron e iniciaron una defensa del tribunal en los medios. El presidente del TEDF dio marcha atrás y los asambleístas, encabezados por Javier Hidalgo, hicieron lo propio. Por eso es que López Obrador chantajea a los magistrados y los acusa de ser cómplices del gobierno. Es obvio que se trata de presionar, de hacerles saber que la furia se puede desatar contra ellos, como ya sucedió con otros funcionarios que no han aceptado la línea. Pero lo anterior también indica el menosprecio del perredista por las autoridades electorales, por lo que ya podemos esperar su reacción si las cosas no le salen como quiere. López, como en tantas cosas, no tiene una idea muy clara de la legalidad ni de los nombramientos hechos por su propio partido, para él, la sumisión absoluta es la única forma de la legitimidad política. Cárdenas se lo enseñó y muy bien. El problema es que no puede acreditar cinco años de residencia en el DF. Votó en Tabasco e informó a la opinión pública que ahí viviría en tanto estuviera en el gobierno Roberto Madrazo. Confiaba, supongo, en que sus pactos con el centro acortarían el mandato de Roberto Madrazo pero se equivocó y cambió de planes. A la gran mayoría de los capitalinos les importa un comino el estado de origen de sus autoridades. Sin embargo, la ley debe respetarse. Los perredistas lo sabían y la dejaron como estaba, quizá cegados por su propia ignorancia Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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