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música Una noche de virtuosismo
Héctor González Jordán
El maestro innovador del hiper bass -que consiste en aumentar los trastes del bajo- Michael Manring estuvo en la ciudad de México con la finalidad de impartir una clínica de bajo, así como de ofrecer un concierto, donde el músico californiano mostró su calidad y virtuosismo ante un público dispuesto a escuchar algo diferente a las propuestas convencionales de la música comercial. Decenas de personas -la mayoría a la expectativa, pues desconocían a Manring- acudieron a la cita en La Victoria. Si bien no se llenó el lugar, sí se puede decir que las expectativas de audiencia fueron rebasadas. Después de deslindarse de su banda Artension Deficit, la música de Manring ha discurrido por los terrenos del jazz, mismos que ha sabido aterrizar en una fusión cercana al rock -no en balde sus colaboraciones con bandas como Testament-; de hecho, la primera parte del concierto fue más energética y más prendida, donde los sonidos fuertes y distorsionados predominan. Acróbata incansable Manring reta: la mano más rápida que la vista. Seguir atentamente el movimiento de sus dedos resulta casi imposible, tal pareciera que el instrumento se vuelve una extensión del hombre. Tras saludar a un público entregado que le aplaude prácticamente todo, el músico ataviado con una playera gris y un pantalón casi negro se disculpa por su poco español, apenas alcanza a articular alguna que otra pequeña frase, no importa. Las manos continúan a cien por hora, Manring poco a poco nos va introduciendo en atmósferas púrpuras, azules, montados en piezas de siete u ocho minutos que nos van introduciendo en los pulcros y virtuosos terrenos del jazz. Del Tonk su mejor disco -desafortunadamente casi inconseguible en nuestro país-, Manring nos deja escuchar partes, todas ellas obras seductoras que nos transportan a distintos escenarios. En los intervalos el bajista se comunica con su público: agradece la asistencia, la acogida, nos habla de cómo los sueños lo inspiran para componer, la gente le responde: "Michael this is your country".
Acompañado durante todo el concierto por tres bajos, a los que exprime a más no poder, alternándolos con perfecto conocimiento de lo que puede interpretar con cada uno, el músico toca "Sugar", su primer composición de jazz y, sin duda, uno de los mejores momentos del concierto; apenas minutos más tarde nos deleita con "La sagrada familia", composición monumental inspirada en la obra de Gaudi y que da nombre a la Catedral de Barcelona. Para entonces, poco más de una hora, ya todo es virtuosismo y Manring presenta lo que anuncia como la última de la noche: "Three months", obra que nos lleva al clímax pues es interpretada con ¡tres bajos simultáneamente!, sus dedos se mueven y navegan entre los trastes y las cuerdas de cada uno de los instrumentos. El público ya volcado completamente con el músico lo invita a que regrese. La ovación es tal que es imposible negarse. Manring aparece nuevamente y toca "Boureé", de Jethro Tull, ligada a "Purple Haze", el clásico de Hendrix, para después agradecer y despedirse; sin embargo, la gente otra vez lo invita a salir. Manring da el cerrojazo final con una melancólica pieza dedicada a su amigo Michael Hutchance, el finado ex vocalista de INXS. Así termina hora y media de un concierto íntimo, sorprendente y tal vez irrepetible Héctor González Jordán estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. |
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