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homenaje

ANTONIETA
Intenso periplo contra el desaliento

Alejandra Salazar Salazar

Antonieta Rivas Mercado

A pesar de que Antonieta logró penetrar en las raíces culturales donde emergieron grupos que realzaron el nivel artístico, literario, político y filosófico de México, su vida se puede definir como una serie de altibajos que en ocasiones se torna difícil de entender.

El nombre de Antonieta Rivas Mercado, hija del reconocido arquitecto Antonio Rivas Mercado, se ha escrito y recordado a través de la historia como la mujer que luchó incansablemente contra el México conflictivo y desmesurado en busca de una deseada libertad que quizá jamás conoció. Nacida junto con el siglo XX en un país que gracias al paternalismo del gobierno porfirista parecía estar bajo orden hasta la víspera de la revolución con la cual sobrevinieron los grandes cambios económicos, políticos y sociales.

Antonieta vivió su infancia bajo el amor e indudable protección de su padre, no tanto así de su madre, quien abandonó a la familia en 1912 cuando Antonieta contaba con 12 años, haciéndose cargo de la casa y de sus hermanos menores: Amelia y Mario. Alicia, su hermana mayor, corrió con mejor suerte hasta cierto punto; acompañó a su madre a ese sorpresivo viaje a Europa, donde le tocó vivir en los más altos niveles sociales, conocer y disfrutar sin premuras, pero también le tocaría vivir la incertidumbre y los estragos de la gran guerra, justificando así la prolongación de su abandono.

De tal forma, mientras la imagen materna fue olvidada con gran recelo, Antonieta encontró el amor de su padre, quien fue llamado desde su adolescencia "El Oso", por su corpulenta imagen y su inapelable seriedad.

Bajo la enorme influencia de Francia -que va desde la invasión y sus aspectos políticos y sociales, que dejaron honda huella en un México que intentaba despertar de los conflictos internos que dejó el siglo anterior, hasta influencias arquitectónicas, modas, costumbres, educación y cultura- las familias adineradas o de buena posición en el gobierno gozaban de los privilegios que le permitía dicha posición para acrecentar su nivel cultural y educativo y, por qué no decirlo, las visitas frecuentes y prolongadas a aquel país y lo que resta del territorio europeo: éste es el caso de la familia Rivas Mercado.

Aun y con este gran influjo de ideas extranjeras en todos los ámbitos del ser humano en aquella época, las raíces y el amor hacia el territorio, la gente, las virtudes y bondades de este país cuando apenas nacía el siglo, formaron parte esencial de la educación y entendimiento de aquella familia, pero sobre todo en Antonieta, quien años más tarde se constataría al financiar y animar grupos culturales de gran relevancia, hasta consumarse como mecenas de la cultura en México del siglo XX. Se decía que quien quisiera abrir una puerta cultural en México debía conocer a Antonieta Rivas Mercado.

De su iniciativa surgieron salones literarios, teatro experimental, la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México y el estímulo de una importante corriente plástica. Colaboró en la revista Ulises, que dirigían Xavier Villaurrutia y Salvador Novo, donde debutó como escritora con una reseña bibliográfica del libro En torno a nosotras, de la española radicada en México Margarita Nelken. En este artículo aflora su teoría feminista: "La mujer es distinta del varón y debe afirmar su diferencia en vez de aspirar a igualarse".

También colaboró en la revista Contemporáneos y en El Sol, de Madrid; patrocinó el Teatro Ulises, el Teatro de Orientación de la Secretaría de Educación Pública, ediciones y exposiciones. Luis Mario Schneider dice: "Aunque la propia obra de Antonieta se ha ido recuperando en los últimos diez años, su papel como impulsora de los artistas más reconocidos del momento como Novo, Villaurrutia, Owen, Gorostiza, Lazo, Castellanos, Henestrosa, Carlos Chávez, Isabela Corona, Montenegro, Lupe Medina de Ortega, entre otros, fue siempre bien conocido" y más aún, reconocido a través del tiempo, hasta nuestros días.

Mientras voy conociendo y gozando a esta magnífica dama y me adentro a lo más profundo de su ser, un remolino de incertidumbre me asalta y me lleva por el laberinto de sus ideales feministas, políticos y sociales hasta topar con sus relaciones amorosas, aquellas relaciones que quizá marcaron el fin de su vida bajo la máscara de desesperación e inestabilidad; me doy cuenta que existe un factor común en todas ellas: la frustración, el desencanto y al final la traición.

Empecemos por nombrar la frustrada relación con su esposo Albert Blair: Antonieta toma la responsabilidad de ser, a los 18 años, esposa de este joven ingeniero estadounidense que vive de cerca la revolución al seguir los ideales de sus amigos Raúl y Julio, hermanos de Francisco I. Madero, que se sumaron a sus planes de reforma política. De este matrimonio nació el único hijo de Antonieta, Donald Antonio Blair Rivas Mercado, el 19 de septiembre de 1919. Y de la incomprensión al desaliento surgió el caos que los orilló a la separación. Con el afán de mantener a su hijo bajo su protección, Antonieta se vio en la terrible necesidad de enfrentar a las autoridades tras una demanda por abandono de hogar, lo que le costó años tramitar su divorcio.

Más tarde, en 1927, tras la irreparable pérdida de su padre de 73 años, Antonieta, heredera de todos los bienes de los Rivas Mercado, tomó el control completo de sus hermanos y de su casa, si antes lo había asumido bajo el apoyo de su padre, ahora tendría que hacerlo sola y su conciencia sería la que dictara su actitud.

"Bajo la influencia de Francia,
las familias adineradas gozaban
los privilegios de dicha posición"

Es el momento culminante de su vida. Se introduce de lleno al medio cultural; ya no sólo se abocó a leer a Remy de Gourmont, Baudelaire, Verlaine y otros autores más, sino que plasmó su inquietud cultural al conocer y entender la obra de muralistas como Diega Rivera, José Clemente Orozco; pintores como Frida Kahlo y Manuel Rodríguez Lozano, entre otros; este último, convertido en su obsesionado amor una vez más no correspondido. En esta ocasión, en términos angustiosos, la inclinación sexual de Rodríguez Lozano no le permitía ver en Antonieta a la mujer, sino sólo a la amiga cautelosa e inteligente, a la compañera de reunión para ubicarse en una misma afinidad tanto filosófica como literaria.

Es así como de esta frustrada relación "amistosa" nacieron más de 80 cartas de amor hacia el pintor en las cuales expresa sus más profundos y sinceros sentimientos, lo que la hace una mujer entregada y nunca correspondida.

Este es un fragmento de una carta que Antonieta escribe a Manuel como una de tantas maneras de demostrarle el profundo amor que sentía por él:

Monterrey No. 107

Miércoles 25 de abril de 1928

"Manuel: Comienzo a sentir la vida como el camino de perfección, y usted lo es para mí. Si ayer fue ante la interrogación, usted es uno de los pocos seres a quien se debe querer, por el valor tan profundo que sabe usted dar; uno de los pocos a quienes se puede querer abundante, generosamente, por sí. Una vez antes se lo dije, no le quiero para mí, sino para usted mismo por la gracia de comprender y amar... Sólo padeciendo por amor se sabe cuánto se ama. Hoy pido menos que nunca y también espero menos porque tengo lo esencial. Por todo lo que no le han sabido querer tengo que quererle. Quererle por el contacto íntimo con un mundo silencioso y sagrado. Cerca de usted la vida se convierte en el camino estrecho que lleva al cielo... cuanto equilibrio y madurez espiritual haya en mí, le corresponde por derecho. Sin usted me hubiera perdido. A usted le debo mi realización sea lo que sea mañana, sin usted no hubiera sido... Está usted tan solo, tan lleno de pudor, tan harto de dolor, que naturalmente hace el gesto del que todo tiene y nada necesita."

Suya, Antonieta.

José Vascocelos, el amante.

Más adelante, José Vasconcelos marca un parteaguas en la vida de Antonieta, no sólo como la protagonista de su desgastante campaña por la Presidencia en 1929, sino como eje central de lo que sería su trágico final: su suicidio. Donándole todo su recurso económico y humano, traspasando el límite de la quiebra y el límite de su salud; Antonieta, además de su fiel compañera, es quien realiza los discursos, lleva a cabo el diario de actividades y, sobre todo, los gastos. Lo acompañó hasta los lugares más solitarios para realizar proselitismo y, finalmente, al ver la inexorable respuesta de José al enterarse de su fracaso como candidato es ahí cuando se convence de que, una vez más "... nadie necesita de nadie, sólo de Dios...", como se lo dijo Vasconcelos una noche antes de que ella tomara la decisión de despojarse de la razón, el entendimiento y el cuerpo.

Este es otro ejemplo, un fragmento de otra carta que Antonieta le escribe a Manuel acerca de Vasconcelos durante su campaña, que a pesar de su arduo trabajo al lado del candidato, nunca dejó de mantener comunicación con el pintor hasta sus últimos días:

Miércoles 28 de septiembre 1929

"Manuel: Casi me parece imposible haber tenido un rato para escribirle, pero esta fatigosa vida que lleva Vasconcelos envuelve en su agitación superficial, con comidas, cenas y paseos y (único grato) natación dos veces al día. Es gente que sin cesar, sin cesar, viene a buscarlo, a verle, a traerle dinero, a ofrecerle armas, apoyo o (ríase) pedirle puestos... Anoche en la conferencia que dio en el Teatro Obrero debe haber habido más de 2000 personas: ferrocarrileros, obreros de la fundición y de la cervecería y ¡qué público! como oleaje y ¡qué atención! Cuando habló Vasconcelos bebían sus palabras, retrataban sus gestos, eran el desierto ávido de agua, escuchaban atentos. Querían indicaciones precisas y Vasconcelos les enseñó el camino... seguiré con Vasconcelos... mañana salimos para Montemorelos. Dormiremos en Linares, el sábado iremos a Ciudad Victoria, el domingo en Tampico, quizá regrese por aeroplano."

Suya, Antonieta.

Finalmente, el Cristo Crucificado de la Catedral de Notre Dame en París, Francia, fue mudo testigo de la desesperación que desembocó en el ruido ensordecedor del arma que puso fin a su vida el 11 de febrero de 1931.

A 70 años de su muerte, Antonieta ha inspirado una película de Carlos Saura, con guión de Andrés Henestrosa, varias biografías como la escrita por su nuera A la sombra del ángel; de Fabienne Bradu, Antonieta; la obra teatral El destierro, de Juan Tovar; Obras completas de Antonieta Rivas Mercado, compilado por Luis Mario Schneider que incluye el diario de la escritora, y 87 cartas de amor y otros papeles, de Isaac Rojas Rosillo

Alejandra Salazar Salazar es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autonóma de Coahuila.

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