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intermedios difusiones
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primera plana El fin de los medios
Marco Levario Turcott
Es inevitable: los medios de comunicación son protagonistas de la trama política, actores destacados que acotan, modulan o determinan la agenda de la discusión. No son ni actúan como un monolito desde luego, con su versatilidad editorial y sus énfasis periodísticos, también según sus propias limitaciones, esas empresas conforman el crisol de las expectativas, las frustraciones y las obsesiones de una sociedad plural como la mexicana. Naturalmente, los dueños de esas empresas de información tienen predilecciones y animadversiones que se traducen cotidianamente en el formato noticioso y en su definición editorial. Atienden un mercado, sin duda, dirigiéndose al público más proclive a esas, sus preferencias. Por eso también conforman un nicho que les representa ganancias económicas y presencia política. En consecuencia, además de hacer negocio, los medios de comunicación inciden en el debate público, y al revés también: en tanto actores que influyen pueden convocar una mayor audiencia o cantidad de lectores. La búsqueda de credibilidad, entonces, no sólo es un imperativo ético, sino también político y financiero. El asunto es más complejo aún porque, a pesar de lo antes dicho, en algunas ocasiones la apuesta por la credibilidad llega a ser socavada por los vericuetos de la política. Así puede explicarse, por ejemplo, que algunos medios de comunicación hayan decidido no incorporar en sus partes informativos la alusión aquella de Francisco Labastida Ochoa en contra de las personas que con su mano hacían la "V" de la victoria. También de este modo puede entenderse que algunos otros se abstuvieran de informar sobre los petardos aquellos que apuntaban al edificio de la Policía Federal Preventiva. En demérito de la credibilidad, tanto los dueños de los medios como sus editores determinan qué puede o no saber su público. Cuando la óptica política es más poderosa que la búsqueda de credibilidad, sucede la difusión de versiones, aunque inverosímiles, donde se afirma de un acuerdo entre los candidatos opositores para que dimita quien más abajo esté en las preferencias electorales captadas por las encuestas. También ocurre que un medio afín a un candidato omita o relegue información que le sea contraria, ya sea porque éste hubiera cometido una pifia discursiva o algunos otros dislates, o porque esté siendo cuestionado su registro al no reunir los requisitos de residencia establecidos en la ley. Este es el quid del asunto: el entendible protagonismo de los medios desvirtúa su propia función cuando en lugar de hacer periodismo hacen política y cuando en aras de hacer política pervierten los valores fundamentales de aquel oficio. La perversión es mayor cuando entran las expectativas del negocio. También son negocio En el principio de una empresa está el lucro y, particularmente en los medios de comunicación, el esfuerzo de la independencia económica para decidir su estructura editorial. Nada más entendible. Ocurre, sin embargo, que en esa expectativa no pocos profesionales de la noticia hipotecan el valor de las noticias. Si en el mercado hay una amplia cauda de lectores que no asumen la información como un esfuerzo que les implica análisis, comparación y verificación, con otros medios, hay empresas que determinan la nota como una mercancía, haciéndola de tan fácil acceso que la trivializan. Más aún, ofrecen un abrumador abanico de notas sin establecer jerarquía entre ellas, de tal manera que junto a una información puesta en primera plana donde se refieren las actividades del cantante Luis Miguel, se ponga a un lado, cuando no en interiores, un hecho tal como las recientes elecciones en Perú. Hay recursos más cuestionables aún. Ocurren de un tiempo a la fecha en la prensa escrita. La búsqueda del negocio determina que los tabloides intenten trasladar en sus páginas el impacto de la imagen, que le es inherente a la televisión. Hablamos de pequeñas ventanas, frases breves y fotos grandes, puestas en color; es un recurso que desestima el valor testimonial que, tradicionalmente, han tenido los periódicos. Que deplora también la información que contextualiza un hecho y contribuye no sólo a explicarlo, sino además a entender sus consecuencias probables. Así, el recurso invita más a ver y a sentir, que a reflexionar y comprender. El asunto es aún más claro y patético cuando el ansia política y la perspectiva de la ganancia lleva a los periodistas a difundir infundios o calumnias como vía para la construcción del espectáculo político donde, además, ellos estarán echando porras o denostaciones al candidato de su preferencia. La proclividad política y la expectativa de la ganancia está haciendo que el protagonismo de los medios de comunicación se vea y oiga con una magnitud tal que puede distorsionar el trabajo de la consolidación democrática Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx |
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