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Sueños de poder
Fedro Carlos Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fedro Carlos Guillén

Alteraciones biológicas

Foto: National Geographic

La naturaleza tiene su propio ritmo. Es por ello que una sequoia tarda cientos de años en alcanzar su tamaño o un ser humano tiene una vida media de 70 años. Estos parámetros han sido moldeados por fuerzas evolutivas y parecen incontrovertibles, a menos que uno sea científico y esté tratando de meter mano en los procesos naturales con el fin de obtener beneficios económicos. Es el caso de la firma estadounidense AF, que a través de procesos de ingeniería genética ha inducido peces modificados que pueden crecer diez veces más rápido que su congéneres en estado silvestre. La razón es obvia; los acuacultores pueden, de esta manera, reducir sus costos de crianza. Sin embargo, voces de alerta entre la comunidad ambientalista se han alzado, advirtiendo que no es posible saber si esto puede tener un efecto desastroso. La empresa argumenta que todos sus ejemplares modificados son estériles y, en consecuencia, no hay riesgo, ¿será?

 

Profesiones riesgosas

Foto: National Geographic

Hace poco me sometí a una intervención quirúrgica y el anestesista -un señor muy amable- se presentó conmigo. Desde luego lo que menos se me ocurrió fue preguntarle los motivos que había tenido para abrigar tan noble profesión. Sin embargo, debí haberlo hecho, pues un estudio que acaba de ver la luz pública en Gran Bretaña sostiene que existen diez veces más probabilidades que un anestesista cometa suicidio que cualquier otro profesional. El estudio se realizó analizando 500 certificados de defunción de anestesistas y la sorpresa consistió en hallar que 50 de ellos se habían suicidado, es decir, 10% contra 1% del total de las muertes nacionales.

Lo que aún no se sabe es si el ser anestesista y pedirle a alguien que cuente hasta 100 es lo que produce el suicidio o si las personas con vocación suicida se deciden por la anestesia como destino profesional. Habrá que esperar.

 

¿Por sus dedos los conocereis?

Foto: National Geographic

La prestigiada revista Nature acaba de publicar un estudio que, sin duda, atizará el fuego de la polémica. De acuerdo con la investigación, el dedo índice de la mano derecha es una indicador de homosexualidad o heterosexualidad en ambos sexos. El trabajo, conducido por investigadores de la también prestigiosa Universidad de California en Berkeley, afirma que la diferencia de longitud entre el índice y el anular de la mano es un indicador de la sexualidad, pues esta longitud está determinada por la exposición a hormonas sexuales en el vientre materno. El estudio concluye, después de analizar una muestra de 720 personas a las que se les midieron los dedos y se les preguntó su orientación sexual, que había menos diferencia en longitud entre homosexuales y lesbianas que en personas heterosexuales. La polémica derivable es obvia, ya que hay un grupo nada despreciable que pide no se ignoren las causas sociales de la homosexualidad y advierte que trabajos como este podrían desencadenar reacciones homofóbicas como la de pasar por el requisito de la medida para encontrar trabajo. Qué mundo

Fedro Carlos Guillén es biólogo, con doctorado en Ciencias por la UNAM y Fellow del Programa LEAD-México.

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