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Las nuevas viejas izquierdas
En su milenarismo, se quedaron en el siglo pasado

Jaime Ramírez Garrido

Foto: Jorge Claro/Contraluz

En una semana irrumpieron dos presuntos ejércitos guerrilleros. El Ejército Villista Revolucionario del Pueblo y el Frente Armado Revolucionario del Pueblo siguen los pasos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Ejército Revolucionario del Pueblo y el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. En sus acciones y en su discurso, estos grupos destilan lo más decantado del simplismo teórico y reivindican la práctica revolucionaria como vía para la transformación de la sociedad.

La aparición de estos grupos demuestra que el mito revolucionario sigue funcionando para secuestrar causas dignas en favor de la práctica de un rito mesiánico y, ahora, milenarista.

Las "condiciones objetivas" ahí están: miseria, marginación y falta de expectativas a corto plazo. Pero éstas no justifican por sí mismas la aparición de un grupo armado. Es necesario el ingrediente ideológico que predica la lucha armada como solución a esos problemas y termina por convertirse en un culto a la violencia en sí misma.

Las experiencias revolucionarias durante todo el siglo, en todo el planeta, no han cumplido con las promesas de un nuevo hombre y un nuevo sistema social, a menos que consideremos al cultor de la violencia como el hombre nuevo y a las dictaduras militaristas como nuevas sociedades.

El desprecio a la vía reformista e institucional, sobre todo cuando hay un incesante avance democrático en las instituciones mexicanas, es una irresponsabilidad que tiene, a la larga, consecuencias funestas para la vida pública nacional.

La simpleza de los diagnósticos que culpan de todo a la burguesía o al imperialismo o a los neoliberales no aporta nada nuevo, no propone nada, no suma nada, y nos aleja tanto de la complejidad de las situaciones como de la responsabilidad en su solución.

La toma de las instalaciones universitarias por un Consejo General de Huelga radicalizado, admirador de Marcos, que pretende arrogarse la representación de la comunidad universitaria, los bloqueos de la Unión Campesina Democrática para que les permitan importar automóviles baratos son muestras, también, de esa tendencia al maximalismo y a la renuncia a la institucionalidad en favor de la fuerza para pretender atender demandas y resolver conflictos.

La izquierda que reivindica esas actitudes es la izquierda del siglo pasado (ante el debate sobre el cambio de siglo en el año 2000 o en el año 2001 me atengo a la explicación de Stephen Jay Gould: la primera década sólo tuvo nueve años, por tanto, comenzamos los siglos en 00) que, a fuerza de perseverar en su milenarismo, se quedó en la raya

Jaime Ramírez Garrido es candidato suplente al Senado por el Partido Democracia Social.

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