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cine

Entrañable Cuba
Buena Vista Social Club, de Wenders

José Antonio Gurrea C.

Duermen en mi jardín/ las blancas azucenas, los nardos y las rosas/ mi alma muy triste y pesarosa/ a las flores quiere ocultar su amargo dolor/ Silencio que están durmiendo los nardos y las azucenas./ No quiero que sepan mis penas/ porque si me ven llorando/ morirán.

Ibrahím y Wim Wenders

Teatro Carre de Amsterdam, 1998; la cámara del maestro Wim Wenders registra a Ibrahím Ferrer y a Omara Portuondo interpretando con hondo sentimiento "Silencio", ese prodigio de bolero surgido del talento de Rafael Hernández. Al terminar el rolón aparece, en primer plano, el rostro de la llamada primera dama del Buena Vista Social Club: las lágrimas inundan sus ojos; sus mejillas se encuentran totalmente humedecidas. ¿Alguien en sus cabales podría dudar de la existencia del filin cubano?

Mirada documental en torno a los integrantes del Buena Vista Social Club -ese acoplado de ahora célebres soneros cubanos formado en 1996 por iniciativa de Nick Gold y Ry Cooder-, el filme del mismo nombre captura de forma vital, sentida, las andanzas de estos mágicos músicos, centrándose en la gira mundial del 98 (no en balde, las primeras imágenes nos remiten al concierto inaugural en Holanda; las últimas, al cierre en el majestuoso Carnegie Hall neoyorquino), en las sesiones de grabación del disco solista de Ibrahím y en las anécdotas, algunas reveladoras, otras ampliamente conocidas, pero todas igualmente disfrutables: la santería de Ibrahím, ese cantante de perenne rostro pícaro; Omara y sus recuerdos de una infancia familiar y musical; los hilarantes alardes sexuales de Compay; la infancia con privaciones de Eliades Ochoa en el campo cubano de los 50; el talento de Barbarito Torres, Cachaíto y Puntillita, entre otros; y Rubén González con esa mirada profundamente nostálgica en el mirador del Empire State, tal vez tratando de rescatar en su memoria el Nueva York de hace 50 años, cuando con Arsenio Rodríguez, con Enrique Jorrín, llegó a visitar la Gran Manzana. Conmovedora escena.

Ry Cooder y su hijo Joaquím
por las calles habaneras

Y como telón de fondo, las calles de una Habana que pese al deterioro conserva su belleza (en una de las primeras tomas aparecen Ry Cooder y su hijo Joaquím a bordo de una moto de dos plazas en camino a los estudios Egrem); los viejos carros estadounidenses, muchos en mejor estado que los Lada y Volga soviéticos de dos, tres, décadas después, y la vida cotidiana -dura, indudablemente- de los habaneros.

Buena Vista Social Club es, pues, un documento fílmico hiperrecomendable, donde la espontaneidad musical, la naturalidad artística y esa riqueza musical (que tanto contrasta con la austeridad de los hogares de los protagonistas) es magistralmente captada por el talento de Win Wenders.

Quizá para muchos de los nacidos en los 60 y más adelante, estos músicos no convoquen a la nostalgia remota, pero, quién lo podría negar: de un par de años para acá conforman de manera destacada la banda sonora de nuestras horas más felices

Buena Vista Social Club. Dir. Wim Wenders. Con: Ry Cooder, Compay Segundo, Ibrahím Ferrer, Omara Portuondo, et al. Distribuida por Latina.

José A. Gurrea C. es secretario de la Redacción de etcétera.

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