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Alteraciones biológicas
Fedro Carlos Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sueños de poder

Fedro Carlos Guillén

Foto: Newsweek

La fisiología humana es una cosa traicionera y no distingue género; mientras que las mujeres deben al cumplir cierta edad checarse los senos en busca de tumores, los hombres tenemos la consigna de hacer lo mismo con nuestra bendita próstata. Mientras algunos estudios demuestran que los hombres somos más orientados, otros demuestran mayor capacidad de respuesta a situaciones depresivas en el sexo femenino. Evidentemente sólo un idiota -que no soy yo- trataría comparativamente estos resultados para demostrar cierta superioridad. Sin embargo, hay un punto final en el cual es difícil no señalar una diferencia que muchos consideran desventaja: las funciones sexuales. Por razones que no sé si son obvias o no, se ha considerado siempre que los hombres juegan un rol, si no protagónico, por lo menos de indispensable importancia durante el acto sexual, pues el tejido esponjoso en el interior del pene necesita irrigarse con sangre para lograr una erección. Todo se viene abajo (si se me perdona un burdo juego de palabras) en el momento en que ocurre la disfunción eréctil, es decir, que por algún problema fisiológico, psicológico o una conjunción de ambos, no se puede mantener esta erección. Es muy probable que nuestras taras hayan sobredimensionado el problema y que en realidad el asunto, en lugar de sugerir vías alternativas de placer, haya ocasionado una enorme obsesión masculina por el cabal cumplimiento que en la semántica moderna es indisoluble a la imagen del pene en erección.

Es por ello que las respuestas a tan acuciante problema han sido muchas y variadas y prácticamente todas han explorado la restitución de la capacidad viril (entendida como ya explicamos que se entiende). El 27 de marzo de 1998 se presentó en sociedad una especie de milagro azul: el Viagra, que desde entonces ha ocupado un primerísimo lugar en el hit parade de las ilusiones masculinas, pues con una pastillita que uno se tome, aparentemente recupera vigores de la juventud perdida y todos tan contentos. Este avance médico prefiguraba un monopolio propio de Bill Gates. Sin embargo, un nuevo medicamento acaba de salir al mercado para entrar en las luchas de mercado y un comité consultor de la administración de drogas y alimentos estadounidense ha recomendado su aprobación.

El Uprima -que así se llama- fue probado en dosis de cuatro miligramos (la cual se espera se presente comercialmente) y 60% de los usuarios en una prueba experimental pudo lograr exitosamente una relación sexual, comparados con 35% que fueron sometidos a un tratamiento control, es decir, con un medicamento inocuo de igual presentación. Lo mismo que en el caso del Viagra las noticias no son del todo buenas, pues este fármaco puede tener efectos fatales si se combina con algunos medicamentos cardiacos o con alcohol ya que inducen una baja presión sanguínea que en algunos casos puede ser mortal. En el experimento de prueba realizado con tres mil voluntarios, solamente 40 tomaban medicamentos de este tipo por lo cual algunos críticos no consideran ésta una muestra significativa y urgen sobre la necesidad de que las advertencias y contraindicaciones en las etiquetas que se presenten a los usuarios sean lo suficientemente específicas para evitar decesos. Otros efectos colaterales surgidos durante la prueba deben ser tomados en cuenta: 20% de los voluntarios sufrió náusea y 14% mareos.

Yo no lo sé de cierto pero supongo que es un avance, aunque mejor me parecería que dejáramos para otra vida la obsesión de medir nuestra capacidad de relacionarnos con las mujeres en función de un solo aspecto y avanzáramos por la ruta de la integralidad, que siempre es una ruta mejor

Fedro Carlos Guillén es biólogo, con doctorado en Ciencias por la UNAM y Fellow del Programa LEAD-México.

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