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Inestabilidad en La Laguna
La ley debería hacer justicia a secas

Rubén Mújica Vélez

Foto: Mario Palacios Luna

-Resulta increíble, Lic., simplemente increíble.

-¿Crees que se haya llegado a tanto, abogado?

-Se llegó, pero verlo para creerlo. Necesitamos ir por la Cruz de Jimulco.

Así se decidió esa visita al ejido La Rosita. En una camioneta y con el chofer, se trasladaron sin previo aviso a los ejidatarios, para no levantar polvo ni despertar falsas expectativas. Después de tres horas de terracería, atravesaron un ralo caserío y contempló varios tejabanes donde, como en toda La Comarca Lagunera, se criaban pollos o se producía huevo para el consumo. Estos tejabanes abastecían buena parte de la región y aun se comercializaban en el DF y en Guadalajara.

Intempestivamente salieron de uno de los tejabanes dos personas. Un hombre mayor, como de 60 años y un joven que rondaría los 35, con una cachucha que se convertiría en distintivo cotidiano de la presencia e insistencia de los ejidatarios por enderezar un desaguisado. Les hicieron señas y al atender la camioneta se presentaron:

-Soy Juvencio Agüero, ejidatario, y el es mi tío. ¿A dónde se dirigen?

-Vamos al punto trino a realizar una inspección ocular.

-¿Podemos acompañarlos? Les podemos dar información que ustedes tal vez no conozcan.

-Suban. No hay bronca -dijo el Lic.

Rato después llegaron al punto trino. Este es un punto donde coinciden tres terrenos de distintos ejidos y que permite, con plano en mano, ubicarse respecto de sus linderos, el trazo que adoptan y en perspectiva las irregularidades del terreno. En este caso se localizaba en una parte en alto y brindaba todo el amplio espacio que requerían para tener una visión completa del problema.

Bajaron de la camioneta y desde la "batea" tuvieron una panorámica completa del valle. Este, rodeado por elevaciones naturales de regulares proporciones, conformaba una "olla" que permitía deducir las zonas más beneficiadas con escurrimientos naturales subterráneos y los derivados de las escasas lluvias y que establecían una natural diferencia en la calidad de los terrenos, al contar con agua segura. Adicionalmente, se veían los enormes surtidores de los sistemas de riego por aspersión que, al capitalizar el enorme terreno que tenían enfrente garantizaban buenas cosechas de productos que podían programar éstas y con semillas certificadas aportar productos de calidad de exportación y para mercados nacionales selectos. El sol agredía y provocaba una ligera comezón; un tenue polvillo se mantenía suspendido en el ambiente y algunas aves de rapiña volaban casi estáticas en el cielo, intensamente azul.

-Mire mi Lic., aquí queda muy claro el problema. Esta línea en el plano llega hasta las faldas del cerro del fondo, se desvía a la izquierda e intersecta con la otra que proveniente del poniente incorpora el cerrillo que se ubica cerca del caserío del fondo. Pero en la realidad, esa línea fue desviada ligeramente al hacer el plano definitivo y entonces quedan fuera del polígono del ejido 600 hectáreas que son las mejores tierras y que usted contempla ahora con los sistemas de riego operando y con un natural verdor de la vegetación. Si repara usted con cuidado, verá que la bajada natural del agua ha dado lugar a esa línea de árboles que llega hasta el fondo de la olla. Es decir, es un buen escurrimiento permanente de agua subterránea que se nutre y eleva el manto freático con las pobres lluvias estacionales. Pero, indudablemente ésa es la parte de este valle que tiene mejores recursos. Para el lado del ejido solamente quedó el eriazo, por eso los compañeros crían chivas, jornalean y trabajan en los tejabanes porque no les dejaron tierra con agua que aquí es lo mismo que casi nada. Tienen un chingo de tierra, pero ni las lagartijas viven ahí...

-Mire Lic. -terció Agüero-, aquí, para robarnos las mejores tierras, el Norte lo volvieron Oriente...

-Pero 600 hectáreas rebasan la superficie agrícola inafectable.

-Pues redondearon la faena. Hicieron lo que todos los ricos de La Laguna.

Empezaron a simular y fraccionaron formalmente su "pequeña" propiedad entre los hijos, nietos y toda la parentela que tienen. Pero en la realidad, sigue siendo una superficie afectable.

-¿Y cuándo se cometió esta sinvergüenzada?

-En pleno avilacamachismo. Un gobernador que decían que era muy derecho, muy cardenista y que resultó un "robolucionario" apoyó esta chicanada. Una vez registradas seis pequeñas propiedades las capitalizaron y mire ahora la diferencia. Por un lado, la prosperidad, hasta los llaman "eficientes empresarios rurales" y juntito nuestra miseria, nuestro eriazo pelón. Cuantas ocasiones hemos protestado, a lo largo del tiempo, nos llaman rateros, güevones que queremos apoderarnos de lo que es el esfuerzo de propietarios trabajadores y nos echan a la policía que varias veces se llevó a la chirona a nuestros líderes. Nos amenazan y en los periódicos con frecuencia nos denuncian como rateros y todo eso -afirmó Agüero.

-¿Y dices que fue un gobernador cardenista?

-Pero rata peluda, porque el General nunca lo hubiera permitido y nunca supo a quien le dio la mano.

El sol daba de frente y lastimaba el rostro. Pero más lastimaba la situación de los ejidatarios...

-¿Y ustedes qué piensan que se debe hacer, Agüero?

-Mire Lic., nosotros no somos pendejos. Sabemos que es imposible recuperar esas tierras, aunque la ley debería hacer justicia a secas. Ya nos conformamos conque nos indenmicen con una cantidad justa para poner tejabanes, producir huevo y darles una vida diferente, mejor, a nuestros hijos y a los que vengan después.

Subieron a la camioneta y pasaron por enmedio del caserío del ejido. Un leve aire arrastraba tenues cortinas de polvo que bañaba la cara de los niños y los viejos que desharrapados miraban indiferentes a la camioneta oficial. Algunos levantaron levemente la mano para saludar a Agüero y su tío.

Días después ya era del conocimiento de los poderosos laguneros su visita a la región del descarado despojo. Fue invitado a una reunión con la élite regional. Esta transcurría sin incidentes, concretándose a informar sobre los programas a realizar. De pronto, alguien levantó la mano. Un sujeto alto, atildado y con ostentosas joyas y un reloj carísimo, con un vozarrón que pareció incrementar de propósito afirmó, dirigiéndose más a sus congéneres que a los funcionarios del presidium:

-¡Malos tiempos esperan a La Laguna. Hay nuevos funcionarios que ignorantes empiezan a darles alas a los flojos ejidatarios que quieren robar lo que hicimos con el esfuerzo de nuestros padres y nuestros hijos. Hay funcionarios que vienen a desestabilizar a La Laguna. Tenemos que impedirlo a tiempo!

Rubén Mújica Vélez fue delegado de la Procuraduría Agraria en varios estados de la República.

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