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bahías Universidades
Rafael Cordera Campos
A David Pantoja Morán
Las universidades, y en general las instituciones de educación superior, deberían ser espacios para una reflexión seria, rigurosa y plural, entre los candidatos a la Presidencia de la República. La falta de debates subraya su trascendencia para la sociedad y las casas educativas cuentan con un terreno abonado, aunque no sean los únicos espacios para ello, representado por sus académicos y estudiantes, para convertirse en la condición exigente de la inteligencia que deberían demostrar los adversarios políticos. No es posible conformarnos con la guerra de spots que se ha desatado, con los calificativos que la mayoría de los contendientes políticos tiene a la mano, un día sí y al otro también, para los demás. El principal argumento utilizado hasta ahora, el más socorrido, es el que subraya la existencia de una problemática compleja que requiere ser atendida pronto, si no se quiere convivir en el futuro con explosiones sociales de diverso grado y en espacios bien identificados en la geografía y la sociedad nacionales. Hoy ya no resulta convincente el análisis y la documentación del éxito macroeconómico que se ha logrado en los últimos años. La pobreza y la desigualdad siguen siendo el problema número uno. Nadie puede negarlo, pero indudablemente que también hace falta saber claramente qué proponen los candidatos y sus partidos para incidir en esa problemática, cuáles son sus proyectos y programas. En el ámbito de la educación, está haciendo falta un planteamiento integral y nacional, donde la vieja aspiración de contar con un sistema nacional, particularmente en el nivel superior, podría alcanzar posibilidades de concretarse. No menos importante sería que esa ruta cubriera o satisfaciera la necesidad de actualizar, modernizar y poner a punto a las casas de estudio. Estas, en esos dos sentidos, cuentan con un capital acumulado. De esos y otros temas deberían hablar quienes aspiran a gobernarnos el próximo sexenio. Y las universidades e institutos, públicos y privados, reúnen buenas condiciones, tal vez las mejores, para que ahí se organicen algunos debates. La mayoría de los candidatos estuvieron presentes en una de las reuniones que tuvieron todos los rectores de las universidades del país, es decir, las máximas autoridades de la educación superior mexicana. Quienes asistieron a dicha reunión podrán decir que entre todas esas personas, hombres y mujeres, se conjunta un talento muy especial. Tal vez, el más complejo y actualizado, sabio y comprometido, que existe hoy en nuestro país. Son representantes de instituciones que ejercen la crítica regularmente, muchos de ellos con rigor y conocimiento. Y esto es lo que obligaría a nuestros políticos a presentarse preparados, con la seguridad de que no van a ir a un día de campo. Lo saben precisamente porque algunos han asistido en estos meses a diversas universidades e institutos de educación a exponer sus ideas. Y ahí, como lo han reportado los medios, ha habido de todo. Desde apoyos explícitos, hasta críticas bien fundadas y algunas incómodas. El caso es que en las casas de estudio existen condiciones para la exigencia respecto de planteamientos serios y consistentes. De hecho, todo esto ya se está dando aunque por medio de visitas individuales. Si el acuerdo entre los partidos se concreta en la organización de por lo menos los primeros debates, valdría la pena que desde las comunidades académicas, así como también desde los partidos y los equipos de campaña, se meditara acerca de esa posibilidad. En las universidades se forma a los futuros profesionales, se desarrollan proyectos de investigación que son necesarios e importantes. El conjunto que forman las instituciones de educación superior, públicas y privadas, debería estar considerado en las plataformas electorales y en los proyectos de gobierno. Solamente así, con una visión completa e integral, el futuro gobierno podrá contar con un activo que si bien no ha sido despreciado, tampoco se ha contemplado en su riqueza acumulada, en su influencia regional y nacional. La educación superior considerada como un activo importante en una estrategia que la proyecte frente a los retos del siglo XXI, que asuma su posibilidad productiva en el largo plazo, es algo de lo que no han hablado, conforme lo merece, ni los candidatos ni sus partidos. De todo ello deberían pronunciarse aquellos que nos quieren gobernar. Pero en las universidades hay para más. Para debatir las estrategias de manera integral. Para asumir las consideraciones críticas que ahí se conocen y pueden hacer. Para hacerlo con tolerancia y en una pluralidad que normalmente es productiva. ¿Lo veremos? ¿Estarán los partidos políticos y sus candidatos en capacidad de reconocer la calidad del foro institucional que entre los rectores y las comunidades académicas existe? Postdata: Es una pena que de todo esto no se pueda siquiera hablar en la UNAM, debido a la intolerancia y al fundamentalismo de grupos minoritarios pero muy activos Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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