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primera plana

El "virtual" presidente Fox

Marco Levario Turcott

A Lucía Saad,
mi compañera siempre

Vicente Fox
Foto: Santiago Salmerón/Contraluz

En el entorno abundan oxígeno, calor e información. Un mecanismo natural dosifica la respiración para mantener la vida y otro regula la temperatura, pero hasta donde se sabe no hay procesos inmanentes al hombre para regular la enorme cantidad de noticias que recibe día con día. Escapa de sus alcances el ansia periodística y política de sus congéneres para determinar la agenda de las preocupaciones e incluso para construir problemas que no tenemos y negar otros que la razón no podría omitir.

Si los medios dicen que algo es cierto, entonces lo es, aunque no sea verdad. Tienen el poder de crear una especie de realidad virtual que, poco a poco, va estableciendo sus entretejidos hasta formar parte e incluso determinar las angustias, el encono y las expectativas sociales. Los medios ignoran o construyen problemas, generan a sus villanos o erigen salvadores y colocan en la tarima a la política entendida como espectáculo.

El poder de la prensa es un fenómeno que no hemos entendido en toda su magnitud. Es una paradoja. Primera variable: cuando actúan al unísono, las empresas periodísticas construyen certezas y no importa qué tan reales, sin duda operan e inciden. Segunda variable: cuando es tan heterogénea la oferta informativa, confunden y enclaustran la inteligencia del lector, televidente, cibernauta o radioescucha. Ejemplos de lo primero son cuando, hace poco más de seis años, los medios hicieron creer que en Chiapas se había perpetrado un bombardeo indiscriminado por parte del Ejército Mexicano contra indígenas chiapanecos; todos conocemos las consecuencias generadas por aquel escenario virtual. También tenemos presente la retahíla de presunciones periodísticas que configuran la creencia de que Luis Donaldo Colosio fue muerto por obra y desgracia de un exitoso complot; es la convicción de muchos aunque no haya un solo dato fehaciente que corresponda con esas sensaciones.

Con este piso de interpretación -el del poder de la prensa- podemos asegurar que hay otro proceso en marcha, aunque desde luego sus alcances son impredecibles. Opera en las circunstancias electorales. Hay un interesante entrecruce entre algunos medios de comunicación y el candidato del PAN a la Presidencia y está generando la sensación de que, por vez primera en la historia, el PRI puede perder. No estamos frente al dilema entre el huevo y la gallina, la animosidad de los medios de comunicación junto con esa mezcla de hartazgo, agravios reales e inventados y espíritu renovador por mirar cambios determinantes que hay en amplias franjas de ciudadanos han significado un impulso innegable a las expectativas de Vicente Fox (es así como puede explicarse el origen de los llamados "candidatos teflón"). De esta manera, algunos periodistas generan sensaciones y montan escenarios políticos deseables según su definición editorial, como es el caso de que sin más sugieran que uno de los dos candidatos opositores renuncie a la contienda.

Hasta aquí, la primera variable. Abordemos la segunda (teniendo en cuenta que esto es por cuestiones de método y que, en realidad, ambas variables se entrecruzan cotidianamente dependiendo del tema periodístico): cuando es tan heterogénea la oferta informativa hay confusión más que sobriedad analítica. El autor de este artículo no se refiere al espejo de la sociedad que son los medios en cuanto a expresión de la pluralidad de opiniones (eso lo festeja). En cambio, precisa en el enorme bagaje informativo que no deslinda entre lo importante y lo secundario, se refiere al talante protagónico de cada medio que busca configurar la agenda propia con base en la reproducción de imágenes y sentimientos -no mediante la exposición de ideas y razones-. Ocurre esto en la pantalla, el tabloide o el formato radiofónico y cibernético. Los animan intereses políticos y a su vez ellos, los medios, animan a políticos que tienen intereses. Es el caso del "debate" sobre el horario de verano, polémica tan superficial y sin sustancia que, empero, da vida al rejuego de la búsqueda de audiencia o de potenciales electores. Eso sucede cada año, por eso son previsibles las modas temáticas; por eso también se comprende por qué cada medio quiere construir su propia noticia y ser excéntrico, novedoso, delirante, a costa de lo que sea. Y entonces construyen los problemas (como si éstos no existieran antes), digamos, los baches de la ciudad de México o la pobreza extrema o los niños de la calle o la condición de las mujeres indígenas o las amenazas de los piratas de Internet o... ¡más información, mucha información!, ¡viejos problemas que "existen" al capricho del mercado! ¡Problemas que no tenemos tienen cara de complot!

La amplitud no está modulada

Es el poder de los medios, también por eso el poder mira hacia ellos. Hay un equilibrio entre ellos y a ratos también asintonía. Unos acusan a otros y éstos a aquéllos del delirante espectáculo político que privilegia las poses en lugar de las ideas y las invectivas encima de las propuestas. El asunto tiene un (pésimo) tratamiento moral: los periodistas dicen que no tienen la culpa de las groserías de los políticos y los políticos dicen que ellos no son responsables de que no se privilegie su seriedad expositiva. Sin duda, en un contexto más amplio, donde se valore la importancia de los medios, así como de los personajes de la vida pública, podrían establecerse con precisión los lindes de responsabilidad que han rebasado

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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