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intermedios


Fernando Mejía Barquera

Adal, ¿por qué?

Adal Ramones

Cuál habrá sido la razón por la que Adal Ramones decidió hacer el sketch en el cual denostó a Guillermo Ortega y a los Zabludovsky la semana pasada. Elija la opción que le parezca verosímil: a) porque es un cabrón; b) porque los odia, pero decidió esperar a que se fueran para decir ante las cámaras lo que no pudo hacerles saber en persona; c) porque el alto mando de Televisa se lo ordenó para exhibir a los dimitentes -sobre todo a Abraham y a Guillermo que un día antes, a través de declaraciones por la radio, hicieron ver mal a la empresa-, al fin que el balconeado iba a ser Adal, pues los jefes siempre tienen la oportunidad de desmentir los rumores que no les convienen; d) porque pensó que haciéndolo iba a quedar bien con Azcárraga Jean; e) porque algún personaje influyente en Televisa le dijo que eso le agradaría "al señor"; f) porque no tiene idea de lo que pasa en su empresa ni de cómo se mueven los grupos de poder ahí dentro; g) porque ingenuamente no midió la fuerza de sus palabras.

Añada la razón que usted quiera, el caso es que Ramones -quien se supone pediría perdón ante las cámaras este martes- tendrá que andar una buena temporada con el rabo entre las patas. La pregunta es si Otro rollo seguirá al aire o si el sketch del martes 4 fue el precio que Adal debió pagar para mantener su espacio.

 

Canitec: ¿voto corporativo?

Francisco Labastida

El miércoles 5 de abril, mientras Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox se reunían en el DF con los chavos de la Ibero, Francisco Labastida lo hacía en Guadalajara con los "cableros", es decir los empresarios adscritos a la Cámara Nacional de la Industria de Televisión por Cable (Canitec), quienes celebraron en esa ciudad su Expo anual, una feria-convención que habitualmente consiste en conferencias sobre tecnología en comunicación, problemas específicos de la tv por cable y una muestra de equipos en stands instalados por empresas fabricantes, especialmente de Estados Unidos, pero que en su versión año 2000 agregó como atractivo para los medios la presencia del presidente Zedillo, quien la inauguró, y del candidato presidencial priista, que en su discurso pronunció alguna generalidad sobre la libertad de expresión: "Es inconcebible un Estado democrático en el que la libertad de expresión no sea plena... Mi compromiso será el respeto a la libertad de libertades, la libertad de expresión, de la cual ustedes son espléndidos representantes". Labastida pudo haber dicho esa o cualquier otra cosa, porque lo importante de ese acto no fueron sus palabras sino su presencia combinada con la ausencia de los aspirantes del PAN y el PRD.

Con la invitación exclusiva a Labastida para que asistiera a la Expo 2000, la Canitec -actualmente presidida por el empresario jalisciense Héctor Vielma Valdivia- revivió una práctica que parecía olvidada, al menos formalmente, por las cámaras de empresarios en México: la cargada, el apoyo abierto a un candidato presidencial. Eso se estilaba todavía hace unos años en México, pero se suponía extinto en los tiempos de la "transición democrática" donde los empresarios, aunque sea para dar la impresión de que viven en la apertura política, invitan a los diversos candidatos presidenciales a sus convenciones. Por supuesto, los "cableros" pueden irse a la cargada, apoyar corporativamente al candidato que gusten, están en su derecho, pero también en el atraso político.

 

Berrinche de Vargas

Por cierto que en la Expo 2000 de la Canitec se suscitó un hecho curioso que la reportera Martha Anaya, de Milenio Diario, relató el 6 de abril. Resulta que el presidente de la empresa Multivisión y de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), Joaquín Vargas, llegó a la ceremonia de inauguración pero se encontró con que la silla asignada para él no estaba en el presidium, cerca del Presidente de la República, lugar que consideraba su sitio natural. Después de reclamar con gritos a los miembros del Estado Mayor Presidencial -a quienes atribuyó la descortesía- y de amenazar con retirarse del acto, el primogénito de don Joaquín Vargas Gómez aceptó quedarse pues rápidamente los organizadores hicieron ajustes para abrirle un huequito junto al doctor Zedillo y al gobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas (el sacrificado, la persona que debió ceder su asiento, fue el secretario de Comunicaciones, Carlos Ruiz Sacristán). "Como presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión -dijo Vargas a Martha Anaya- no iba a tolerar que no nos dieron el lugar que corresponde".

¿No colocar a Vargas en el presidium habrá sido, en efecto, error o descuido del equipo del presidente Zedillo? Porque podría tener otro origen. Desde 1989, cuando apareció Multivisión, la Canitec encontró natural que tratándose de un servicio de tv restringida, la nueva empresa ingresara a la cámara industrial de los "cableros"; pensaba que teniendo en sus filas a Multivisión podría negociar con ella un crecimiento planificado de la tv restringida en México que no pusiera en riesgo el desarrollo de los sistemas de cable. Sin embargo, Joaquín Vargas Gómez y luego sus hijos no quisieron ingresar a una organización pequeña como la Canitec y se integraron a la CIRT, espacio que ya conocían por pertenecer a él como concesionarios de radio y porque el señor Vargas Gómez, patriarca de la dinastía, la había presidido en el bienio 1970-1971. Los "cableros" nunca han olvidado el desaire

Fernando Mejía Barquera es periodista. Correo: mbarquera@latinmail.com

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