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difusiones El ritmo de la noche
Francisco Báez Rodríguez
Como era de esperarse, la salida de los Zabludovsky de Televisa trajo consigo una serie de especulaciones teóricas acerca del futuro de los noticieros de televisión. Tal vez muchas de éstas hayan sido sobredimensionadas. El proceso de transición lleva ya tiempo en curso y el parteaguas, si lo habrá, no depende del relevo de conductores, sino de lo que suceda el próximo 2 de julio. Los analistas del movimiento obrero fabricaron todo tipo de hipótesis acerca de lo que pasaría el improbable día en que muriera Fidel Velázquez. Don Fidel se fue y casi ni hubo homenaje. Pero la esencia de la burocracia sindical no ha cambiado. Si de verdad se quieren cantar las exequias definitivas al estilo de Jacobo (de quien, por desgracia, se recuerda más la relación privilegiada con el poder que su gran capacidad profesional) tendría que haber alternancia en el Poder Ejecutivo. De otra manera, con las mismas caras, mentes y corazones en el cuerpo superior de la pirámide política, los condicionamientos continuarán, por muy acotados que estén por el creciente pluralismo. De ritmo y rating Joaquín López-Dóriga inició con el pie derecho su participación en el noticiero estelar de Televisa, si nos atenemos a los índices de audiencia. Tuvo 22.4 puntos a nivel nacional: cinco más que el promedio de Ortega Ruiz en sus últimas semanas. Eso es doblemente meritorio, si tomamos en cuenta que su primer día coincidió con la retractación del testigo clave en el caso Stanley, un tema en el que -en las buenas y en las malas- siempre ha llevado ventaja Televisión Azteca. Si pretende mantener ese rating, sin embargo, van a ser necesarios ciertos ajustes de ritmo. Al menos una parte del éxito de Primero Noticias se debió al ritmo que supieron imprimirle con un formato que se presta para un programa matutino de tres horas. Ese ritmo y ese formato son irrepetibles en el horario AAA tardo-nocturno, a menos que se suponga de antemano que el televidente va a zamparse toda la emisión. Me explico: dar el contexto a las notas está bien, pero es un poco desesperante para la audiencia iniciar con cinco minutos de contexto antes de dar la nota principal del día; las entrevistas, también están bien, pero en un programa corto al rato parece que el entrevistado es coadyuvante del conductor (además, un logro del programa matutino había sido la capacidad de confrontar directamente a distintos actores políticos; en el nocturno han aparecido salteados, cuando en el fondo lo que nos gusta es el morbo de la disputa directa). En resumen, si no hay cambios de ritmo, el noticiero de López-Dóriga seguirá siendo un éxito entre la clase política, pero cansará a una buena parte del público (y esa fue una de las razones del fin de Jacobo, ¿no?). En cambio, al que, en principio, le han convenido la herencia de ritmo y formato es a Jorge Berry. La cuestión es si no dilapidará la capacidad de convocatoria. La vida imita... Luego de que el testigo del caso Stanley se retractara de sus acusaciones contra Paola Durante y los demás implicados, y acusara a las autoridades de la PGJDF de amenazarlo para que cometiera perjurio, vienen a la mente las imágenes de los primeros capítulos de Nada personal, la primera de las telenovelas exitosas producidas por Argos. No es que Samuel del Villar sea El Aguila ni que Paola Durante sea Camila de los Reyes, pero de que las enredadas tramas político-policiales se parecen, sí se parecen. Decía Oscar Wilde que la vida imita el arte. Si hubiera vivido un siglo después tal vez hubiera dicho que la vida imita a la telenovela Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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