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cuentas claras
Maribel Ramírez
¿Cómo funciona el crecimiento? Una de las grandes interrogantes que sorprende a propios y extraños sobre la economía mexicana es la forma como la actividad productiva nacional ha seguido creciendo en los últimos años, cuando el crédito bancario ha caído en más de 60% de 1994 a la fecha. ¿Quién ha sido el sustituto del papel de los bancos en todos estos años? Es una de las preguntas que no había tenido respuesta muy clara. Algunos aducen que eran los proveedores, quienes al recibir sus pagos con meses de retraso eran los que indirectamente estaban financiando a las empresas mexicanas, otros señalan que muchos de los negocios se han podido sostener y crecer gracias a que permanecen en cartera vencida sin pagar sus adeudos a pesar de tener liquidez. Pero la respuesta más formal a estas dudas la dio recientemente el Banco de México en su informe anual. El organismo monetario señala que en el crédito al consumo, las tiendas departamentales ante todo elevaron su participación como otorgantes de crédito de 4.1 a 34.1% en los últimos cinco años. En vivienda, fueron las sociedades de ahorro y préstamos, las llamadas Sofoles (Sociedades Financieras de Objeto Limitado) y las aseguradoras que elevaron su participación en este rubro de 1.9 a 7.8% en el mismo periodo. Si una cosa queda totalmente clara es que el sector bancario mexicano no es el que ha sostenido la expansión productiva del sexenio.
Omisiones sobre deuda
Si los pasivos derivados del rescate bancario que hoy en día asume el Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB) se contabilizan formalmente como parte de la deuda pública, la realidad es que la deuda del país se elevaría sustancialmente, digamos que mínimo en unos 700 mil millones de pesos. Ello implicaría un mayor servicio de deuda y, por tanto, costos y egresos que la Secretaría de Hacienda no contabiliza dentro de su presupuesto, pero que si lo hiciera, la realidad es que le llevaría a tener un déficit en sus finanzas, no de 1 o 1.25% como estima actualmente. Más bien el desequilibrio fiscal se elevaría a 3.5% del Producto Interno Bruto. De acuerdo con un análisis de la calificadora británica Fitch IBCA, una de las tres principales valuadoras internacionales de riesgo crediticio, dicha proporción no es avergonzante porque muchos países desarrollados se encuentran en esos niveles de desequilibrio público, pero tampoco es para presumirse. Señalan que, sin embargo, y a pesar de que México muestra señales positivas en crecimiento de ahorro interno, en diversificación de exportaciones, tipo de cambio flotante y otros indicadores, al país aún le falta demostrar una permanencia real en su combate inflacionario, que a final de cuentas es el "impuesto" más oneroso para la población de menores ingresos. De hecho, México -con una inflación de 13% en 1999- detenta el más elevado crecimiento de precios dentro de los principales países latinoamericanos. Y es una de las razones por las que Fitch IBCA aún no ve a México como un país con el anhelado grado de inversión, como sí lo vio la calificadora estadounidense Moodys Investor Service. Otro punto cuestionable que destaca dentro de nuestra macroeconomía es el hecho de que México registre una deuda interna (en pesos) más alta que la externa (en dólares), y esté contratada a plazos demasiado cortos (en su mayor parte de 28 días). México es con mucho el país de la región con la deuda de corto plazo más elevada y es otra de las razones por las cuales aún se mantiene cautela de los dueños del capital para ingresar recursos a nuestro país. La vulnerabilidad en este aspecto puede ser delicada porque podría dejar expuesto a México a los efectos de un choque externo emanado, por ejemplo, de una crisis en Estados Unidos, que no es nada descartable |
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