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textos Parejas
Arturo Córdova Just
Un espejo que se mira en otro y que intercambia
Las parejas sirven para ser cómplices, es decir, para guardar extraordinarios tesoros, buscar juntos el Grial y quebrar, a dueto, las normas. Las parejas no se invaden, se complementan. La pareja no es asunto de medias naranjas, sino de naranjas completas. La pareja no llega para llenar un vacío, llega para ampliar tu libertad de acción y de pensamiento. Los vacíos personales sólo se llenan personalmente. La mayoría es de hombres y de mujeres cafres, que destrozan a quienes presumen amar. La insatisfacción erótica es la fuente de múltiples males. Una mujer amada es un himno a la salud. La gente no se ríe, porque tampoco hace el amor. La cama es para todos, el problema no se concentra en quién escoges, el talento se observa en el estilo de tu elección. La trivialidad domina a casi todas las parejas: prefieren el casamiento a la inmortalidad, los noviazgos superficiales a las grandes sinfonías, su ceguera no les deja ver que en la habitación del amor, el único testigo es Dios. Como tú y ella, una pareja de insustituibles no envía invitaciones para la boda; en las bodas del sol y de la luna no se acostumbra una lista de invitados. En pareja es posible acariciar la perfección. Para consagrar su amor, los amantes vislumbran el más apartado altar, el bosque más lejano. Sí existen los amores eternos, lo podrás jurar ante sus ojos. Amarse no implica vivir juntos, implica construir juntos la más excelsa noche del año. Los tontos van por el mundo firmando papeles. Tú no necesitas firmas para entregar tu nombre, o sea, para entregar lo que eres. Nada más ella y él conocen lo que pasa entre ella y él. Es falso que seamos los propietarios de alguien. Como la vida, los sueños son diversos e incontrolables. Los esclavos no aman, custodian una deuda que un ser abstracto les hizo creer que era suya. Tu pareja facilita que descubras la inmensa variedad de formas que el amor adquiere. El matrimonio es un espacio donde las tentaciones serán ocultadas. En ocasiones, resulta preferible no ocupar el lecho del ser a quien más se adora. La pareja es alguien a la que, antes de ser presentados, ya habías soñado. Los sueños se dan lujo en los detalles. Como en las pésimas películas, uno se duerme con parejas que escapan atemorizadas de su propio parque de diversiones. La solemnidad es funeraria; la risa, inteligencia. Amar es comprender el deseo de los otros, esto es, su rotunda singularidad. Da lo que quieras que te den. Las parejas naufragan al confundir el amor con la operación salvamento. Sufriendo tanto, hay parejas que nunca se irán de pinta, no serán autoras de una irrepetible odisea, no sabrán las delicias que Ares y Afrodita han compartido. La intimidad es el camino a los paraísos personales. Lo más fácil es hablar del compromiso, los compromisos eficaces jamás se acuerdan frente al público. Parafraseando a George Steiner, tu pareja es tu mejor lector, tu más acertada traductora. La pareja excepcional es como un clásico, en ella encontrarás nuevos derroteros, nuevos significados. Las parejas se leen, se recitan, se afirman en voz alta el uno al otro. Tu hombre no será tu padre, no será tu hijo. Ciertos ceremoniales atraen exceso de tráfico, demasiada gente alrededor. ¿Para qué perder cuando se puede ganar? No se requiere de tantos para ser dos. Lo eterno es amistad. Qué tristes los felizmente casados. En pareja, la gloria de conocerte, la gloria de conocerlo. La pareja es un acontecimiento y transforma los niveles de comprensión. En el matrimonio algo ya no pasa, un monstruo irá a sentarse entre ustedes. La costumbre es venenosa. Lo extraordinario no es firmar, es decirle que es un ángel. La hermosura es un ídolo que se comparte entre amigos. En pareja, para qué enterarse de lo que es dañino, lo esencial es cuidar la naturaleza de cada uno. Casados, lo que más importa es vengarse. Contra la libertad, no hay institución posible; mientras los planetas giran, el fin de los gobiernos es inevitable. En pareja, no terminaremos de provocar expectativas. Casados, los anónimos llegarán argumentando la necesidad de detenerse. En pareja, el instante es una victoria. Casados, el imperio es de lo efímero. En pareja, tendrás lo que eres. Casados, lo que el ello quiere. La historia sí vale la pena, no es como la han contado. En la historia, los obstáculos son de familia. ¿Por qué sentirse libre en una cárcel? La claridad consiste en reorientar el sentido. Hay días en que las parejas no llegarán a parte alguna. El propósito es dejar de lastimar. Se rompe el amor. Para conquistarte, primero voy a conquistarme. La pareja negocia sus espacios y desnudos echan de su cuarto a los parientes. Hay que irse, para no perderse. Como el alimento, la literatura necesita ser para todos. El universo se expande contigo y con ella, y la inclusión es inevitable. Como en la poesía, en las parejas no es sustancial el Qué sino el Cómo. A veces, no basta la pasión amorosa. Hay interrogantes que el amor todavía no resuelve; así son los amores impostergables, también se discute con ellos. Hay que recobrar a la heroína y al héroe, a la inmortalidad que se pierde en cada contrato. En pareja, incluso separados, el mundo iluminará a los dos, porque ambos cambian la historia de las emociones. La institucionalidad congela, y los envidiosos ignoran lo que es el privilegio de amarse. Lo que se aprende al amar es que Dios sí está en la tierra y ampara a los invencibles. Lástima que algunos amantes no sepan que el amor no necesita explicaciones. Lo personal es luminoso, una reflexión entre ángeles Arturo Córdova Just es poeta. Sus libro más reciente es Al reverso de la herida, IPN, 1999. |
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