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por los caminos de sancho barandal el revés de la trama la hidra guía de perplejos máquina de luz
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bahías Campañas sin temas
Rafael Cordera Campos
Como van las cosas, tal y como se reflejan en los medios de comunicación, no es difícil que la confusión termine por imponerse y el desencanto respecto de la política se manifieste el 2 de julio por la vía del crecimiento del abstencionismo. Son muchos los problemas nacionales y regionales que se deben resolver en un país enorme en su territorio y poblado por 100 millones de habitantes. Tantos que, a estas alturas de nuestro desarrollo, nos resulta insuficiente el discurso económico que nos habla de la superación de las crisis, en particular las de cada fin de sexenio, o de la gran capacidad de respuesta macroeconómica para enfrentar prácticamente cualquier problema en ese terreno. Las más recientes "notas" de sangre, en particular en la ciudad de México, nos hablan de suicidios y atentados donde los sujetos principales han sido ex funcionarios y hampones. En pocas palabras, para algunos esos hechos nos regresaron a 1994 y, para otros, todavía no hemos logrado salir de ese año del asesinato de Luis Donaldo Colosio y de la guerrilla del EZLN. El caso es que por una vía, por la otra o por su combinación, las campañas electorales están transcurriendo salpicadas de sangre, de hechos que involucran presuntamente a grupos del crimen organizado, a la corrupción multifacética y lo que el amable lector quiera agregar. Todos los candidatos que han hablado de esos temas nos han dicho que no solamente lucharán contra el crimen organizado, el tráfico de drogas, el robo y demás, sino prácticamente en automático afirman también que están por hacer avanzar y consolidar el Estado de derecho. Pero los hechos son documentables y no se puede ignorar el tipo de reacciones que provocan en la población. El miedo ya es parte de nuestra vida cotidiana y, en particular donde suceden, llega a convertirse en terror de quienes andan en las calles o simplemente se informan a través de los medios. Visto todo esto desde el Distrito Federal, estoy seguro que me quedo corto, ya no digamos desde las ciudades de Tijuana y Juárez. Tal vez -y sólo tal vez- otro gallo cantaría si, además de pronunciarse acerca del delito y la delincuencia, el sistema judicial y el Estado de derecho, los candidatos a la Presidencia tuvieran la iniciativa de convocar al establecimiento de un compromiso o pacto para que, gane quien gane, la lucha frontal y definitiva por la seguridad ciudadana y de las instituciones quedara comprometida. Pero de esto no hay nada todavía en el horizonte. El tema de la seguridad se ha convertido en uno de los más socorridos de la sociedad, pero también hay que reconocer que en las instituciones del Estado directamente involucradas con lo judicial existen vocaciones e intenciones por resolver este asunto que ha agravado la situación del país. Por eso, es importante que los partidos políticos y sus candidatos dediquen tiempo y espacio al asunto de la seguridad nacional y de los ciudadanos. Pero mal harán quienes solamente sean capaces de mirar o enfocar todos sus discursos en torno al 2 de julio y la emisión del voto. La sociedad a la que se están dirigiendo no es la misma de hace 15 o 20 años. Por el contrario, hoy las personas comunes y corrientes, el ciudadano de a pie, viven informadas pues tienen acceso a los medios, que es creciente y abierto, además de que en éstos la abundancia de información política es parte de la documentación de la vida cotidiana de los mexicanos. La seguridad se ha convertido en asunto de todos precisamente porque a todos, de manera directa o indirecta, nos ha afectado. En las familias y en el entorno de ellas, particularmente en ciudades reconocidas como expuestas al peligro de las delincuencias, el riesgo y el miedo suelen formar parte de las conversaciones cotidianas. Pero es muy importante reconocer que ese dato no puede convertirnos en especialistas en asuntos de los que sabemos verdaderamente poco. Por eso mismo, las autoridades de prácticamente todos los niveles de gobierno deberían pensar en la necesidad y la posibilidad de llevar a cabo programas de seguridad que informen y preparen a la población en ese concepto en boga que habla de la seguridad "preventiva". Tal y como ya se hace en las escuelas y a través de los medios en algunos lugares del país, informar del comportamiento que, en materia de seguridad, se debe tener a la hora de caminar por las calles, utilizar el transporte público o proteger el hogar puede contribuir de manera significativa a reducir los índices delictivos. Pero nuestro asunto, el de la seguridad ciudadana y los partidos y sus candidatos, sigue sin encontrar los cauces que requiere para vislumbrar las vías de atención, solución y reducción. Si a este tema se le mira solamente con la perspectiva de las urnas, no necesariamente será atractivo para el elector que es, sobre muchas cosas, un ciudadano que está medianamente informado. La información y la educación son otro activo del país, aunque todavía registren lagunas y serias deficiencias. Tal vez sea la de la seguridad otra cuestión que puede ser sustituta de la diatriba, el grito y el sombrerazo que tanto tiempo han ocupado en el recorrido de los principales contendientes por la Presidencia de la República. De seguir así, a la confusión se agregará el desencanto respecto de la política y, por ende, también en relación con lo electoral Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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