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teatro Transdisciplinaria escénica
Gabriel S. Rovirosa
Basado en el cuento homónimo de José de la Colina, Gabriel Figueroa Pacheco dirige el espectáculo multimedia Excálibur, de forma por demás acertada saliendo bien parado del reto que significa una "puesta en escena" de semejantes características, y cuya necesidad lleva a la integración de los lenguajes del teatro y del video. No obstante el logro alcanzado, en términos técnicos, la obra carece de una propuesta profunda de creación dramática y de construcción de los personajes. A falta de un buen dramaturgo se impone la concepción formal basada en el juego de interacción entre las imágenes digitales y el movimiento corporal, la iluminación y las actuaciones en escena. El tema ya clásico -los conflictos de un adolescente de clase media- en la historia de la literatura, el teatro e incluso el cine, es abordado aquí a partir del tratamiento del lenguaje interactivo y buscando ampliar el campo perceptivo del espectador. La convivencia de los planos bi y tridimensional (video-imagen e imagen teatral) alcanzan en Excálibur un buen equilibrio, lo real y lo imaginario tienen el mismo valor y se mueven en los dos planos de manera fluida. Excálibur se presenta como una necesidad de un "arte diferente", según apuntan sus creadores, sin embargo, cabría preguntarse si un espectáculo así -con una estructura que en momentos pierde piso, y se alarga demasiado- en vez de confrontar, seducir y conmover al espectador de manera eficaz, lo dispersa y cae en el juego de las apariencias, convirtiéndose en un juego de imágenes atractivo visualmente, pero vacío y por momentos sin sentido. Temática centrada sobre la adolescencia, dirigida esencialmente a los adolescentes como "Luis", el protagonista, en Excálibur se intenta reactualizar un asunto que pudiera parecer vigente, pero ya rebasado. El rito de iniciación que para los adolescentes significa fumar su primer cigarro como signo de rebeldía ante los padres, era un acto simbólico que en los años 50, quizá en México, representaba un verdadero tabú. En la actualidad, es innegable que sigue siendo un problema no desdeñable, pero el adolescente de nuestros días vive en una realidad más abierta y está expuesto a otro tipo de estimulantes más poderosos. Encerrar a un hijo en un clóset para que se termine una cajetilla completa como castigo ejemplar y que no lo vuelva a hacer, además de ser un lugar común, parece una nimiedad si pensamos que debemos hacer lo mismo para corregir a un drogadicto adolescente inyectándole dosis masivas de heroína. Si de enfrentar demonios se trata qué mejor que este tipo de espectáculos, acordes con la mentalidad y percepción de los adolescentes de nuestros días Excálibur se presenta en el Teatro de las Artes del CNA (Churubusco y Tlalpan), los viernes, sábados y domingos, hasta el 16 de abril. Gabriel S. Rovirosa es narrador y ensayista, investigador en el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli (CITRU). |
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