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López-Dóriga al relevo

Francisco Báez Rodríguez

Joaquín López-Dóriga
Foto: Visor

Finalmente se dio la noticia: luego de 26 meses de conducir el noticiero estrella de la televisión mexicana, Guillermo Ortega Ruiz cede su lugar a Joaquín López-Dóriga. También deja Televisa, la casa en donde trabajó durante 24 años, para probar suerte en Multivisión y en la radio.

El acuerdo fue, al menos en apariencia, amable. La empresa brindó a Ortega un reconocimiento y éste dijo que "es muy importante para los seres humanos entender cuando los ciclos concluyen y cerrarlos bien" y agradeció la indemnización.

En la conferencia de prensa en donde se anunció el cambio, Ortega insistió en que el famoso ejercicio escolar en el que salía victorioso Vicente Fox nada tuvo que ver. "No hay ningún trasfondo político en la decisión", subrayó. Y para que no hubiera dudas, Leopoldo Gómez, vicepresidente de noticieros de la empresa, señaló que "nunca hubo un castigo, él se tomó esos días para reflexionar acerca de su vida personal y sus proyectos".

Bajo esa circunstancia, la versión que cobra más fuerza es que efectivamente hubo un castigo, pero no por el ejercicio escolar, sino porque Ortega Ruiz no habría avisado de sus negociaciones para pasarse a otras empresas. Tal vez tampoco esa versión sea cierta, pero cubre al menos el vacío generado por la falta de explicaciones que dio Televisa a esa ausencia.

En cualquier caso, el cambio de estafeta servirá a Televisa para reforzar su área de noticieros y, en términos estrictos de evolución dinámica del rating, tiene una lógica intachable.

Ortega Ruiz, luego de un despegue espectacular, en el que llegó por semanas a cuadruplicar la audiencia de Hechos, sufrió un bajón (que el noticiero de Azteca no supo o no pudo aprovechar) y se estancó en una situación sí, de clara ventaja, pero no de muy alta sintonía.

Adicionalmente, Ortega tuvo que soportar la entrada de dos nuevos noticieros en la competencia por la información nocturna: el de CNI y el que conduce Jacobo Zabludovsky en Cablevisión. Si bien ninguno hizo gran merma en audiencia, el segundo pareció convertirse en una espinita clavada.

López-Dóriga, en cambio, tuvo que hacerse cargo del noticiero matutino cuando Televisa perdió un público que había sido suyo durante décadas. Y lo había perdido no por capacidad de la competencia, sino por la inopinada idea de que en la mañana a la gente no le interesan las noticias.

Si el programa que lo precedió había sido ligero como una pluma, López-Dóriga no hizo el suyo más pesado que el Monte Tao, sino que lo dotó de un ritmo sereno, apto para el horario matutino. Al mismo tiempo, se convirtió en un referente necesario para muchos de los grandes debates de la vida política nacional, con entrevistas amenas pero duras. Y ganó, a su manera, exclusivas como la entrada de la PFP a CU. De las secuelas del caso Stanley, al debate Diego-Andrés, al intercambio Gertz-Pinal, lo más sabroso estuvo, en los últimos meses, en Primero Noticias. Arrasó en los ratings.

López-Dóriga había declarado que no le interesaba el horario nocturno. Tal vez porque sí disfrutaba más personalmente el matutino, tal vez para no hacer ver sus verdaderos intereses. El caso es que cualquier otro conductor hubiera representado un riesgo para Televisa: un fracaso podría devolverlo a luchar nariz con nariz con Hechos, luego de haberlo dejado muy atrás.

Ahora López-Dóriga -que aparece más asentado que hace dos décadas, cuando presidía en Imevisión el llamado Canal 14- tiene el reto de mantener ese éxito en otro programa, más breve, con formato más rígido... y más rigurosamente vigilado por un consorcio que ha declarado: "La línea editorial la define la presidencia de la empresa, y eso está al margen de quien conduce los noticieros". En ese sentido, al que le tocó paquete es a Jorge Berry: tiene que sostener el rating que le heredó López-Dóriga.

El fin fin de una era

Un día después del anuncio de la llegada de López-Dóriga al noticiero nocturno, Abraham Zubludovsky renunció a Televisa. Su padre, Jacobo, hizo lo propio en solidaridad. La verdadera salida de Jacobo, el fin fin de una era en la televisión mexicana se hizo de manera escueta: el veterano periodista ni siquiera tuvo el tiempo para despedirse en pantalla. Su programa -esa espinita de cable en el costado de Ortega Ruiz- simplemente desapareció.

Abraham había hecho del noticiero vespertino un programa coherente en términos editoriales: el más claro en ese sentido tras la muerte de 24 Horas. Nunca tuvo, sin embargo, esa capacidad de cachondear con la cámara (es decir, con el público) que otorga carisma a conductores menos preparados. La salida del apellido Zabludovsky de Televisa es también un símbolo: nos dice que la transición ha comenzado. Ortega creyó ser el conductor idóneo para ese periodo (cuya extensión en el tiempo dependerá del resultado del 2 de julio). Será López-Dóriga. Al final, una especulación: ¿revivirá la gran guerra del rating de noticieros de 1979 con los mismos apellidos pero en canales cambiados?

Un hit y un faul

La tele es cuestión de hábitos. Todo aficionado de los Pumas siente a Televisa como un intruso transmitiendo sus partidos. Y cualquiera se sentiría raro viendo el beisbol de Grandes Ligas por Azteca.

Pero nada es para siempre. Luego de muchos años en la televisora del Ajusco, el serial de Fórmula Uno pasó a Televisa (probablemente Alberto Abed ya no tiene los derechos de transmisión del máximo circuito de automovilismo, probablemente pesó la mano de Domínguez Muro, apasionado del deporte-motor). Al principio uno se siente extraño, sin Chacho y Guy, pero los locutores de Televisa, al mismo tiempo que demuestran conocimientos básicos de la materia, no pecan del antiferrarismo vergonzante de los de Azteca ni se pasan la carrera discutiendo de especificidades mecánicas hiperespecializadas.

Y luego de muchos años por Televisa, la ceremonia de premiación de los Oscares pasó a Azteca. Uno esperaría que nada podía ser peor que la transmisión chabacana y mal traducida de la empresa de Av. Chapultepec. Pero se equivocó. Y como en los viejos tiempos, lo mejor fue pasarse al cable

Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica.

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